jueves, 12 de abril de 2012

Para el que la encuentre


Sé que no te conozco, y seria mucha casualidad que tú a mi sí.

Soy un hombre simple, ¿O debería decir fui un hombre simple? Bueno, eso depende de la botella y de cuando la has encontrado, en todo caso también soy un hombre optimista, por lo que hablaré en presente.

Soy un hombre simple, nadie que me haya conocido me ha podido decir lo contrario. Como todo el mundo, solo he necesitado, y aun sigo necesitando, tres cosas en la vida: salud, dinero y amor. A mi desgracia solo me ha sido concedida la primera, viviendo, desde que tengo uso de razón, en una extrema pobreza de la que resulta imposible salir. Ya sé lo que estarás pensando, mi recién adquirido lector de este mensaje lanzado al mar. “Hay muchas personas que se encuentran ahora mismo en mi misma, o peor, situación”.

Pero eso no quita que mi situación sea triste. Ya no digo injusta, sino triste. Triste de no haber tenido la oportunidad de asistir a la escuela, triste de que el saber escribir sea la única herencia de mis padres, triste de ser una persona, y no parecerlo.

Aun así tampoco pretendo guardar en esta botella mi tristeza, lo pasado, pasado está, y por desgracia en esta vida cada uno tiene que apechugar con lo que le toca.

Dejo encerrado en estas pequeñas paredes de cristal mi recuerdo, mi vida y mi humanidad. Sé que nadie me echará en falta, o tal vez sí, pero de lo que estoy seguro es que, mientras este mensaje siga buscando a un lector, mi recuerdo seguirá en este mundo.

Lanzo esta botella al mar con todas mis fuerzas siendo consciente de que, a lo mejor, nunca encuentra destinatario. En ella encierro todo mi ser, por favor, se consciente de lo que ocurre a tu alrededor, y mantenme guardado en tu memoria.

domingo, 8 de abril de 2012

sábado, 7 de abril de 2012

Vuelta a casa


El otro día volví, después de estar fuera tres meses enteros por motivos de estudios, a mi ciudad natal. Ya sé que tres meses realmente no son un largo periodo de tiempo, pero si fue el suficiente para descubrir cuánto echaba de menos esta ciudad tan poco apreciada por mí anteriormente.

Volver a ver a familiares y a amigos que antes veía semana sí, semana también, volver a estar en los mismos sitios en los que antes pasaba largas tardes entretenido con cualquier cosa, volver a sentir el frio de esa tierra al que antes estaba acostumbrado, volver a pasear por esas calles tan conocidas ya fuera por el nombre, iglesias, tiendas, o bares que hubiera en ellas.

Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y está claro que por muy bien que esté en el sitio en el que ahora vivo, nunca será lo mismo que esta ciudad.

Es cierto que si alguien se tiene que quejar de ella yo soy el primero que afirma que se está yendo a pique, que las calles tienen cada vez mas delincuencia, y que el alcalde es… bueno, me imagino que esto último por desgracia será igual en todos los sitios.

Pero eso no implica que eche de menos a su gente, o mejor dicho a mi gente, todo aquel que siempre me ha rodeado y en especial a los amigos que, poco a poco, y por mucho esfuerzo que haga, voy perdiendo, quedando solo los importantes y con los que más ligado me encuentro.

Esta ciudad es el lugar en el que nací, y en el que, de momento, he pasado más tiempo de mi vida. Este lugar es para mí Salamanca, pero también podría ser cualquier otra ciudad para cualquier otra persona.

No estoy diciendo que sea la mejor o la peor ciudad del mundo, solo que, por mucho tiempo que este lejos de ella, siempre significara algo para mí.

Vista desde las alturas

No podía ser más inoportuna aquella situación. Sola en una habitación prácticamente vacía, sin nada a lo que agarrarse a menos de cuatro pasos de ella.
Miró a su alrededor para ver si encontraba a alguien que la pudiera ayudar. Pero solo estaba ella, y su sombra. Cerró los ojos, y espero lo inevitable.
Se había puesto los tacones y le acababa de invadir el vértigo.

miércoles, 4 de abril de 2012

Mal trago


Hay ciertos momentos que uno desearía que nunca hubieran pasado pero que, por mucho que estos se revivan mentalmente, ninguna variante acaba de mejor forma que lo ocurrido.

Tus sentimientos son desesperación, tristeza, desconcierto…

En definitiva, un arrepentimiento de haber hecho algo que no podía haber sido de otro modo.

Eres culpable de haber estado en el sitio equivocado en el momento equivocado. Tu cabeza no deja de preguntarse: “¿Por qué ha pasado esto?” y tu sentimiento de culpa afirma:”si no hubiera ocurrido todo sería diferente”.

Son esas situaciones en las que te ves atrapado entre la espada y la pared, habiendo una sola salida posible, la espada y el dolor que esta conlleva.

Situaciones en las que el desencadenante esta fuera de tu alcance para poder evitarlo ya que, aunque existiera la posibilidad de ir marcha atrás en el tiempo, todo ocurriría de la misma forma una y otra vez preguntándote siempre en el último momento, ¿Por qué ha pasado esto?

Ese sentimiento de culpa y remordimiento es la única respuesta.

martes, 3 de abril de 2012

martes, 27 de marzo de 2012

Razones de un escritor



No sé si es por alguna razón, o simplemente porque nací así, pero siempre que abro la boca es para dejarme en evidencia. Conmigo la frase de “calladito estas más guapo” cobra todo el sentido, por lo que decidí, desde que me di cuenta de mi situación, que no hablaría a no ser que fuera necesario.

Ahora la gente me dice, tanto a la cara, como a mis espaldas, que soy algo tímido o vergonzoso, cuando lo que soy en realidad es una persona consciente de su problema que procura no meter más la pata verbalmente.

Por algo me gusta la escritura, ya que puedo decir lo que quiera, tomándome mi tiempo a pensar las palabras adecuadas, asegurándome de no cometer ningún error, no solo ortográfico, sino también de significado, con el que la gente pueda malinterpretarme.

Escribiendo soy yo mismo, soy la persona que la espontaneidad de una conversación a tiempo real no me permite ser. Si mi boca no me hace caso, las palabras escritas representan mi cerebro, mi mentalidad sin miedo a hacer el ridículo, sin el más mínimo malentendido.

No soy una persona cerrada, no vayan a imaginarme como alguien raro al que la gente no se atreve a acercar. Por fuera soy una persona normal y corriente, con amistades con las que poder contar en cualquier momento, y con una familia a la que he tenido suerte de pertenecer.

Por fuera soy como cualquier otro, aunque al hablar en muchas ocasiones diga tonterías, no creo que sea el único al que le pasa. Por eso decidí escribir.

¿Que quién soy? Simplemente alguien al que le gusta coger un boli y un papel.

Firmado: Principiante a escritor