martes, 16 de octubre de 2018

Juego


Sobrevivimos desde pequeños,
nadie nos enseña aunque lo parezca,
respiramos con el primer golpe,
el juego empieza.



Crecemos, jugamos, reímos y aprendemos.
Nos preocupamos, disfrutamos, amamos, perdemos.
Sufrimos y con ello evolucionamos,
repetimos una y otra vez,
nos tropezamos.

Luchamos por lo que queremos,
si tenemos suerte lo conseguimos
si no cedemos y retrocedemos para intentarlo de nuevo,
o no lo intentamos, paramos y cogemos otro sueño.

Trabajamos, trabajamos, trabajamos…
Del poco tiempo que queda disfrutamos, dormimos y comemos.
Socializamos y a su vez,
bebemos, bebemos, bebemos…
Rompemos las reglas y nos perdemos intentando convencernos de que todos son iguales,
salvo el particular grupo al que pertenecemos.
Nos diferenciamos y descubrimos en su momento que no fuimos más que necios.

Descansamos, recordamos, logramos entendernos y admitir que nos queda poco tiempo.
Y mientras,
bar, bar, bar, seguimos bebiendo…
Miramos atrás pretendiendo saber que conocemos los secretos del universo para los cuales fuimos ateos.
Intentando buscarle ahora un sentido a lo que desde el principio dijimos que era un juego.
Envejecemos como cualquiera con suerte de tener tiempo para envejecer.
Nos arrepentimos y lo aceptamos,
nos orgullecemos y lo seguimos haciendo.
Recordamos, nos entristecemos y alegramos al mismo tiempo.
Nos despedimos si podemos y morimos para volver a nacer de nuevo.
Dejamos lo que dejamos,
perdemos lo que tenemos,
pasamos a ser un mero sueño
alguien que existió mientras alguien lo crea,
luego ni siquiera eso,
Game over,
¿Vuelta al ruedo?

viernes, 12 de octubre de 2018

“No necesito que sea fácil, solo que sea posible.”



AVISO- esto es una simple opinión personal, para nada busca ser una verdad universal, siempre respetando las opiniones contrarias.

“No necesito que sea fácil, solo que sea posible.”

Una de las muchas patochadas dichas por el hombre del siglo XXI (hombre como término genérico refiriéndose al ser humano, no como género masculino)

Admitámoslo, nos gusta lo fácil, la ley del mínimo esfuerzo, es normal, no hay de qué avergonzarse, somos humanos.

Lo malo de lo fácil, es que lo puede hacer todo el mundo, y si hay algo que nos guste hacer al ser humano más que el vago, es destacar sobre los demás. Porque aunque nos repitamos una y otra vez que todos somos iguales, la realidad es que queremos sentirnos diferentes.

Es por eso por lo que buscamos la dificultad, no porque nos guste, si no por la extrema necesidad de ser una hormiga que se diferencie de la colonia.

Buscamos la dificultad pero no a ciegas, si de algo nos sirve nuestra inteligencia es para buscar aquello que se nos da bien y por ende, nos gusta y nos resulta fácil en términos de comodidad, siempre buscamos la cuesta abajo. En definitiva, necesito que esa dificultad que me he buscado sea lo más fácil posible para mí y no para el resto, destacando así sin tener que hacer más de lo necesario.

Sí, necesito que sea fácil, no nos dejemos engañar por las frases bonitas de facebook, en la actualidad estamos acostumbrados a caer en este tipo de palabrería, en el primer mundo donde las mayores preocupaciones es buscar una forma de poder vivir por uno mismo, y no dependiendo de otros, nos dedicamos a mentirnos para sentirnos bien con nosotros mismos.

Claro que quiero que sea posible, una obviedad que no necesita más explicación.

La dificultad solo se vence si se disfruta con ella, de otra forma se hace una bola que se vuelve casi imposible de superar.

No nos engañemos, no somos peor o mejor que nadie por buscar la cuesta arriba, somos todos hormigas que quieren destacar, pero solo a unas pocas se les da bien.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Regreso a las flores del mal



Hagamos un ejercicio de imaginación, pongámonos en la hipotética situación de que vivimos en un mundo donde, por las razones que sean, se ha prohibido la construcción de los ahora en auge, centros comerciales.

Estos enormes titanes, gemelos unos a otros,  con cientos de tiendas apiladas, situados en la mayoría de las veces en las entradas y salidas de las ciudades, donde tienen más fácil acceso las personas que van a comprar allí sin necesidad de adentrarse en la propia ciudad pasan, del día a la noche, a cerrar.

Los centros, que actualmente buscan su peatonalización, irónicamente están cada vez más vacíos y muertos, las personas van a vivir al extrarradio, y los comercios, que antes pertenecían a pequeñas comunidades de autónomos que formaban plantas bajas de gran variedad y tipología, hoy en día se convierten en cascarones vaciados para dejar hueco a las grandes empresas con grandes firmas.

Todas las tiendas que antes formaban parte de la vida de las calles repletas de escaparates desaparecieron para largarse a estos grandes almacenes de entretenimiento y gasto, ya no existe más relación con el ciudadano que la necesidad de comprar algo e ir a comprarlo.

Pero volvamos a nuestra situación imaginaria.

Los grandes centros comerciales desaparecen y todo este conglomerado de tiendas no le queda otra que separarse y volver a buscar su hueco entre los bajos de las edificaciones preexistentes.

Las personas provenientes de otros núcleos de población que antes iban a hacer sus comprar a los núcleos comerciales, deciden meterse en la ciudad lo que genera una relación con la calle.

El casco antiguo se vuelve a revitalizar, la sensación de inseguridad de las calles vacías desaparece, aparece de nuevo la figura del paseante, de los viejos bulevares, pasajes repletos de tiendas y cafeterías que cruzaban manzanas, avenidas llenas de arboles para dar sombra a los viandantes, los cines y bares de barrio, los escaparates con personalidad y color, los soportales para proteger de la lluvia…

Si hacemos este ejercicio de imaginación de repente, lo que parecía algo tan drástico como prohibir algo de lo que estamos acostumbrados, no parece tan descabellado y se compagina con la idea actual de la peatonalización del centro, la revitalización de las ciudades, y la convivencia entre vecinos, pequeño comercio, ocio, paseo y sector terciario.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Ovento


Allí se olía a historia.

Nadie pensaba que fuera cosa de nadie ni nada en particular, pero olía a historia, eso seguro, el tiempo lo había hecho así.

Las calles medio vacías debido al temporal brillaban por la humedad de los adoquines y los muros de granito llenos de musgo mientras, las casa con más de un piso levantado de forma ilegal, por la necesidad y no por el acopio de enriquecerse con ello, se erguían silenciosas mostrando el paso de los siglos y las generaciones.

Ovento, un pueblecito costero de A Coruña conocido por poco más que sus habitantes, era un gran testigo del trascurso de una civilización que había estado al margen del resto del país, sin proponérselo se había convertido en un valioso almacén de su cultura, había evolucionado sin la presencia de agentes externos que influyeran.

Los aldeanos, ahora con una media de edad de 75 años, seguían con sus vidas sin ser conscientes de ello.

Su gallego ya perdido en el resto de la comunidad, aun mantenía ese acento inteligible salvo para sus vecinos, un idioma puro que no había sentido la necesidad de simplificarse para una mejor comprensión con el resto del país.

El silencio se veía envuelto por el goteo de la lluvia y las olas a lo lejos de un océano alborotado.

Las huertas de los alrededores eran fuente de alimento y quehacer durante el día mientras que, por la noite, la única taberna de las inmediaciones calentaba los cuerpos con su aguardiente casero endulzado y convertido, para el que lo prefiriera, en crema de orujo o licor café.

Los días grises, las lluvias y el verde de las montañas formaban parte del paisaje tan común para ellos como sorprendente para el resto, el olor a humedad y el frio creaba la personalidad perfecta una Galicia mágica.
El viento silbaba día a día por las callejuelas estrechas y los tejados de teja roja.

Las contraventanas de madera ya abierta por el tiempo, entrechocaban con las carpinterías del mismo material.

Los campos llenos de alpendes con herramientas de cultivos y arreos para los animales, lo único levantado por el hombre a las afueras obviando la inmensa red de caminos de tierra para acceder a las huertas.

Todo puro,

todo único.

Un día llegó la autopista.

martes, 25 de septiembre de 2018

Sinsentido 16


Se sentía sola, todos la evitaban, le tenían miedo sin apenas conocerla.

Nadie la quería, nadie le hacía caso, ella simplemente hacia lo que su trabajo pedía, comportarse como quien realmente era.

Y con ello conoció a gente de todo tipo de lugares con todo tipo de historias que trataban de conmoverla.
Personas diferentes se acercaban a ella, todos sin reservas le acaban abriendo sus puertas.

Los abandonados, los olvidados, aquellos que el tiempo les ofreció todo lo que había en oferta.

Los sabios que dejaron de serlo para pasar a vivir en un mundo que había dejado de pertenecerles y que realmente de nadie fue pertenencia.

Ella solo buscaba la compañía y ellos se la acababan dando sin dolencia, sabiendo que no era más que alguien que, viviendo sola y sin maldad, fue desterrada a conocer a todos aquello que en algún momento la rechazaron, y acaban deseando verla.

lunes, 27 de agosto de 2018

Sinsentido 15


Ya no pertenezco a donde pertenecía, eso lo veo,
los pájaros volaron de sus nidos a otros nuevos,
yo mirando con una alegría que pronto se convirtió en tristeza,
se fueron.
Sigo perteneciendo a esa vida en la que ser niño es bueno,
el resto en adultos se convirtieron
y aunque nadie quería, poco a poco aprendieron
y vieron que el pájaro que se quedó en su nido no merecía,
eran distintas manías, eran distintos sueños.
La separación era inevitable y por eso poco a poco rompieron
con el contacto que en su día fue intocable,
pero lo acabo siendo.
Ya no pertenezco a donde pertenecía
eso lo veo.
Las mismas voces seguían siendo,
pero no el mismo cuento.

sábado, 18 de agosto de 2018

Decisión



Cierro los ojos y ahí está,
se ve sencillo de primeras,
no saber cuánto tiempo durará pero el deseo siempre se muestra.

Lo que quiero está claro.
En esa oscuridad de mi pensamiento no existe nada más,
y todo da igual,
el futuro pasará pero el presente es sincero
todo es perecedero, hay que atreverse a saltar.

Las dudas vendrán y se irán,
los sueños sin cumplir se te clavarán en los pudieron haber sido pero no fueron.
Ir sobre seguro o saltar los muros sin saber qué hay detrás,
la eterna lucha de lo que quiero y lo que debo.

Abro los ojos y todo me invade,
las dudas, las críticas y demás cosas de las que todo el mundo cree que sabe.
Aquellos que decidieron seguir las normas del juego dejadme en paz,
solo yo sé en lo que creo, si es un error, dejadme errar,
intentar al menos tomar la oportunidad que sé que tengo.

Y es que es lo que quiero,
son mi vida y mis anhelos,
si soy capaz de dejarlo todo atrás es que lo vale,
dejadme luchar por ello.

Y quién sabe a dónde me llevará todo esto,
solo sé que es lo que debo por mucho que diga lo contrario mi cerebro,
esperar la oportunidad y lanzar las dudas al suelo,
vivir mi día a día, nunca olvidar,
cerrar los ojos y hacer lo que veo,
que es lo que quiero,
lo que importa al final.