Ayer asistí a
una serie de charlas preparadas por las fiestas de mi escuela. Su nombre,
3cientos60, su objetivo una serie de exposiciones de seis minutos hechas por gente
que hablaba de proyectos, trabajos, empresas o cualquier otra cosa que hubieran
alcanzado por cuenta propia.
Allí hablaron
arquitectos con diferentes salidas y estudiantes de arquitectura con diferentes
ideas en mente que no tenían nada que ver con la carrera. Todos ellos
emprendedores con algún objetivo por cumplir o ya cumplido.
Ellos simplemente
subían al “escenario” y exponían lo que querían en un tiempo límite, que al
final siempre se extendía, y a un número de personas bastante grande comparado
con el lugar en el que se hacía.
Una chica
habló de una página web que estaba haciendo para que las personas pudieran
compartir coche, otro chico estaba montando un programa de sensibilización sobre
los inmigrantes que eran detenidos en España, arquitectos dedicados a hacer
archivos de datos recogiendo información de distintos sitios, un par de chicas
que iniciaban un negocio de manualidades con lana y papel, un corto sobre una
historia de miedo, un mago… todos ellos hacían distintas cosas pero esa noche
les reunía una en común, la escuela, la FETSAC
y sus estudios de arquitectura.
Todos vivían
o habían vivido el mismo “infierno” día a día producido por la carrera. Todos compartían
la misma pasión por esta misma.
El ambiente,
los alumnos de todos los cursos y algunos profesores (casualmente los que hacen
bien su labor) unidos ante una misma situación. Un ambiente de buen rollo con
cervezas y bocatas incluidos, un ambiente que te recargaba las pilas para
continuar con la carrera y hacia que volvieras a estar orgulloso de estar en una
escuela en el que todo no suele tener olor a rosas.

