-¿Qué haces ahora? -Sigo loca. La lluvia es agradable. Me encanta caminar bajo la lluvia [...] -¿A qué te dedicas? ¿A andar por ahí probando todo una vez? -A veces, dos.
Este año se cierra tras de mi, temporalmente eso si, una etapa de mi vida abriendo otra en otro lugar, con otra gente muy distinta a la que estoy acostumbrado. Pienso que ya es hora de dar luz a ciertas preguntas.
JAPPY
Déjame
que te cuente una historia que me contaba mi abuelo.
Un
hombre va a la consulta de un psicólogo porque esta muy deprimido, piensa que
la vida no merece la pena puesto que no encuentra en ella nada bueno por lo que
sonreír, simplemente, ese hombre no es feliz.
El
Psicólogo después de varias sesiones con él encuentra la receta perfecta para
levantarle los ánimos a ese pobre hombre.
-Mire
usted. –le dice el profesional. –ha llegado a la ciudad un payaso que dicen que
es un fenómeno, que hace reír hasta al más desdichado de los desdichados, valla
a verlo y me cuenta qué tal le ha ido.
El
hombre, tras oír estas palabras, rompe a
llorar desconsoladamente.
-Perdone
doctor, pero ese payaso al que usted me aconseja ir a ver soy yo mismo.
–balbucea entre lágrimas.
Mi
abuelo contaba esta historia (no con
estas palabras exactas) dejándonos siempre con la pregunta de ¿Quién anima al
que se dedica a animar al resto? No hay que olvidar que tras el maquillaje de
payaso, siempre sonriente, se oculta una persona normal que tiene problemas
como todo el mundo, pero que, debido a su empleo, estos problemas no aparecen
físicamente, quedan reprimidos.
Nadie
sabe lo que siente realmente el payaso puesto que siempre pone buena cara,
siempre hace, valga la redundancia, payasadas para animar al resto. Puertas
para fuera todo va siempre de maravilla, mientras que la realidad puede ser
todo lo contrario.
En
la sociedad en la que vivimos tendemos a no exteriorizar nuestros sentimientos
al fin y al cabo, no es como la gente espera que nos comportemos.
Tenemos
siempre que sonreír, no quejarnos y hacer como si tu vida fuera buena cuando en
realidad puede no serlo.
Todos
llevamos nuestras máscaras en público y no hay que olvidar que detrás de estas
se esconde una persona, nunca hay que olvidar que los payasos también lloran.
Los
secretos del amor, en un mundo en el que el llamado amor libre cobra toda la
fuerza de la vida diaria, han pasado a ser algo, ya no misterioso y desconocido
por todos, sino indiferente y aislado a casos contados.
Algunos
dirían que el secreto está en el sexo, la mayoría si somos sinceros con
nosotros mismos. Haciendo caso a la normalización de este en series y
películas, lo vemos como algo primordial pasando a ser el protagonista
principal de una relación dejando a la propia persona, en un papel secundario.
La
fascinación por la persona contraria, el por así decirlo, cuán magnifico es
alguien, su aspecto físico y sus habilidades, ¿Es listo? ¿Guapo? ¿Tiene dinero?
¿Moto? ¿Fuma? ¿Es deportista? Muchas preguntas puramente físicas se nos pasan
por nuestra cabeza a la hora de emparejarnos con alguien pero ¿Es esto amor? No
niego que al principio creamos que lo sea, puede incluso que en algún momento
se convierta en ello si tenemos suerte, pero la línea entre pura atracción y el
amor es demasiado fina como para reconocerla a primera vista.
¿La
sinceridad? Está claro que es algo importante para que una relación funcione,
en mi opinión gran parte de las parejas fracasan si no están dispuestas a
solucionar sus diferencias, para ello la sinceridad forma el importante papel
de sacar a la superficie todas las mierdas, antes de que estás pesen tanto, que
te llevan al fondo sin posibilidad de remontar.
¿La
confianza? Sin ella no hay nada, la persona con la que estas es la persona con
la que en un principio has decidido pasar tu vida, la persona que quieres y por
tanto, aquella en la que mas confías. Si fracasa esto, si la traición aparece,
no hay nada que hacer. No hay nada más doloroso a nivel sentimental que la
confianza traicionada, lo peor que se le puede hacer a una persona.
El
respeto mutuo es algo que no puede faltar.
¿El
pasarlo bien con ella? Si no estás a gusto con alguien está claro que algo
falla aunque es en los peores momentos, cuando más la necesitas, cuando se ve
realmente el amor.
Los
secretos del amor son algo desconocido, podremos saber lo que nos gusta de una
persona y lo que no, lo que estaríamos dispuestos de hacer por ella, hasta
donde podríamos llegar… pero lo cierto es que el amor es algo desconocido e
inexplicable, puede que incluso distinto para cada uno, y es por ello por lo
que lo que sigue a continuación es algo tan verdadero como falso de pendiendo
de quien lo lea. Simplemente es una opinión personal respetando todas las
contrarias.
El
amor parte con un algo desconocido que ves en una persona nada más conocerla,
¿Un algo? El algo mas bien, una atracción que supera el simple físico, que
supera el ya mencionado cuán magnifico es alguien. Es cada una de sus
cualidades, pero no te paras en nada visible a plena luz, es un gesto que haga
con la ceja o su forma de mirarte, es su sonrisa, un grito echando la cabeza
para atrás, es cualquier minúsculo e inapreciable detalle que pasa
desapercibido por todo el mundo, pero no para ti. El algo es lo que te indica
que no te vale con pasar una noche con ella, lo que te deja claro que merece la
pena jugársela y esperar a que el destino muestre sus cartas, cruzar los dedos
en una apuesta de todo o nada en la que el nada lleva las de ganar pero, pese a
ello, te conformas antes de estropearlo con un mal movimiento.
Tras
el algo llega el conocer más a fondo a la persona y con ello, aparecen o no
esos sentimientos que no se pueden controlar y te van a destrozar la vida.
El
amor es ponerte por debajo de la otra persona sin quererlo ni esperar nada a
cambio, no te importa tu situación, te importa la de ella, no te importa quién
gane en una pelea, simplemente hacer cualquier cosa por solucionarla. Te
importa su tristeza por tonta sea la razón, sus problemas pasan a ser los tuyos,
sus malestares también afectan a tu felicidad. Amor es ser feliz por el simple
hecho de que ella lo sea.
Amor
no es ver las cosas buenas de alguien, es darse cuenta de las malas y descubrir
de repente que son las que más te gustan de ella, es darse cuenta de que te has
enamorado precisamente por aquello mismo que debería estar echándote para
atrás.
Es
darse cuenta que la distancia no es razón suficiente para el fracaso, que no
importa cuánto la veas sino saber que la vas a volver a ver.
El
amor es no importarte cambiar cosas de ti por alguien.
El
amor es saber que la relación es cosa de dos, que ambas personas tienen que
hacer el esfuerzo por protegerla, el sexo, el físico, la cercanía, no son más
que buenas añadiduras de algo que las sobrepasa, si estas cosas son la
principal razón por la que estas con alguien hay que plantearse que ahí hay un
problema, o que, desde luego, en un futuro lo habrá.
El
amor es una putada que te puede hacer el más feliz o el más desgraciado del
planeta, dejar entrar a alguien en tu vida como no lo has hecho de otra manera
antes, mostrarte totalmente indefenso, jugártelo todo a una carta, tirarte al vacío a la espera de que te cojan, quitarte la máscara diaria para mostrar cómo
eres en realidad.
El
algo, sinceridad, confianza, respeto, abrazar los defectos y no importarte otra
cosa que ella.
Un
camino directo a la autodestrucción. Una pistola que puede apuntar a las dos
direcciones.
Esta
es la forma que tiene mi persona de verlo asumiendo que esa palabra que he
repetido tantas veces durante este texto, es algo tan variado y desconocido
como personas hay en este mundo, podéis estar de acuerdo o no estarlo, lo
cierto es que no soy alguien a quien le importen otras filosofías más que las
mías propias, alguien que conoce sus defectos mejor que nadie y se valora sin
necesidad de abuela, que acepta sus cagadas pasadas y aprende de ellas, que
piensa demasiado y asume que en el mundo en el que vivimos no todos pueden
tener todo y pese a ello se puede disfrutar igualmente de la vida.
Y
por fin llegaron los esperados días de camino, el camino de Santiago para ser
exactos. 15 días de descanso, de respirar aire fresco, dormir en el suelo y
caminar bajo el cielo con paisajes distintos cada día.
Días
de pensar, de sentirse libre, de sentirse feliz.
Conocer
gente nueva, olvidarse de toda preocupación, toda tristeza.
Sentir
que no hay nada más en la vida que tu alrededor inmediato, levantarse preguntándose
qué tiempo hará hoy, y a qué personajes veré en el camino.
Llegar
a un lugar tras 15 días sin descanso para verlo con otros ojos muy diferentes a
como lo hacías antes.
Algo
que tachar de una lista pensada en un tiempo muy diferente al actual. Una lista
de la que pretendo tachar cuanto sea posible, próximo destino, Barcelona.
Los
objetivos no cambian aunque las personas que te acompañan durante el camino sí.
Solo
hay que decidirse a dar el paso y recordar que, detrás de una pierna, siempre viene
la otra.
No
soy poeta, aunque siempre me ha gustado la poesía, los versos simples y
sinceros, nada de cosas elaboradas llenas de metáforas que no entiende ni el
propio autor.
No
soy poeta ya que, si lo fuera, hablaría de esos ojos tuyos tan enormes que
ponen nervioso a todo aquel que miran, esos ojos con ese toque de locura que te
caracteriza y tanto me fascina, esos ojos que tanto con gafas, como sin ellas,
envician a cualquiera volviéndole adicto a sus miradas.
Si
supiera rimar rimaría nerviosismo con alegría, cosas que para nada te faltan y
si derrochas sin preocuparte por lo que opinen, seriedad con cachondeo, ambos
en buena medida en ocasiones, que desconciertan a cualquiera.
Describiría
tu forma de ser directa con tu graciosa marcha atrás a la hora de la verdad,
esa curiosa frase tuya de “no sé cómo te sienta mi atrevimiento ya que apenas
nos conocemos”
Convertiría
en música tu forma de hablar y sonreír, el orgullo que tienes de ser como eres,
esa seguridad que tanto envidio conque haces las cosas.
Si
fuera poeta convertiría palabras en sentimientos, te haría dudar de la
inexistencia del querer desde un principio, del jugártela a una carta por
imposible que ello parezca, del apostar por un futuro teniendo solo el presente
en las manos.
Pero
no soy poeta, soy solo una persona rara de cojones que está orgullosa de serlo,
alguien que escribe para desahogarse, que inventa más que miente y sueña con
algo tan imposible como añorado y existente en otras personas.
Un
Platón que asume su papel en el amor y lo rechaza no sin antes escribir sobre
él.
Un
principiante a escritor que hace el ridículo y aparenta ser quien no es en un
mundo, en el que estar con alguien, parece ser lo más importante.
Y
pasados dos años y pico ese futuro llegó y solo puedo hablar de un pasado recordado
con alegría y entristecerme por el ahora presente que apareció inevitablemente
destruyendo cuanto se había construido.
Los lugares,
las fechas, hasta ciertas palabras me llevan a aquellos buenos momentos que al
cabo de un tiempo dejaron de tener importancia. Recuerdo y me siento feliz, ya
no hay sentimiento de dolor, la aceptación cubrió un tupido velo sobre él
dejando solo el orgullo de haber vivido lo vivido y la tristeza de haberlo
dejado marchar de aquella forma.
Ahora
me doy cuenta de que tuvo un final desde el primer momento, pero no el que se merecía
aquella historia.
Buenos recuerdos,
muy buenos recuerdos que en ocasiones se echan de menos, pequeños gestos que
sin querer me hacen sonreír en la actualidad.
Asumo
la responsabilidad de mis actos y con ello quedo en paz conmigo mismo, de mis
errores aprendo, me encantaría solucionarlo, decir cuán responsable soy de
todo, decir cuánto siento un presente que no podía ser peor.
He rehecho
mi vida, soy feliz aun con la espina clavada de algo inacabado, o mejor dicho
mal acabado, soy feliz de haber vivido lo vivido, no me avergüenzo de mi pasado
sino que lo recuerdo con cariño, algo que agradecer.
Mis sentimientos
quedaron atrás pero no puedo negar que lo que perdí en ese momento fue algo muy
importante y como tal, debí dejarlo volar en libertad y aceptar que este “no Haiku”,
por mucho que me entristezca, es el
último que escribo.