lunes, 26 de enero de 2015

Échale


A la vida hay que echarle cojones, así, dicho de forma directa y sin preocuparse por no ser fino.

Cuántas veces hemos soñado con hacer cosas que luego no hemos hecho por dejadez, vergüenza o por un “total, para qué”.

Cuántas cosas nos habremos perdido por no atrevernos a dar el paso.

Cuántas cosas la pereza nos ha robado.

Caer en la rutina es cosa nuestra, a veces ésta está bien pero llega un punto que cansa y se ve necesario cambiar de hábitos.

Atrévete, échale cojones y da el paso, ve de viaje, pasa una noche sin dormir, déjate sin horas libres trabajando y haciendo mil cosas más.

Vive, llora, sufre, pasa malos ratos y disfruta de los buenos, en eso consiste la vida, vida que solo recorremos en una sola dirección.

Fórmate, aprende, entrena, conviértete en esa persona que siempre soñaste ser.

Agóbiate, disfruta del éxito y no te desmorones con los fracasos.

Comete locuras, muchas de las mejores experiencias provienen de ellas.

No lo pienses, solo actúa y no te quedes quieto, siempre, eso sí, sabiendo que no eres tu solo.


Échale cojones.

sábado, 24 de enero de 2015

martes, 20 de enero de 2015

Correspondido

La recordaba de tiempos pasados aunque en realidad no la conocía. Era aquella en la que había estado soñando, aquella en la que pensaba cuando pensaba en el futuro.

Las cosas de repente dejaron de importar, a su alrededor solo había felicidad, sus estudios, un pequeño río que cruzar antes de estar juntos.

Por fin sentía que hacía las cosas por algo, por alguien, no era tema físico, aunque francamente para él, el físico no le faltaba. Era más bien algo sentimental, ella había estado allí siempre pese a que en realidad eso no era cierto.

Defectos, tenía muchos, los veía y francamente, le daban igual, es más, eran parte de su encanto.

Pasó a ser lo primero sin dejar de lado el resto de cosas. Pasó a ser alguien con quien compartir cualquier cosa, en quien confiar plenamente, su mejor confidente.

Pasó a ser un sueño hecho realidad, un tesoro que cuidar hiciera la falta que hiciera.

Por una vez en su vida le dio igual quien ganara una discusión, lo importante era ella no quién tuviera la razón.

Disfrutaba de cada momento con ella y ella de cada momento con él, los buenos y los malos, simplemente compartían su día a día.

No era una relación normal eso lo sabia durara lo que durara.

Estaba dispuesto a cualquier cosa por hacer que funcionara y ella le correspondió dejándole entrar en su vida con el mismo sentimiento.

miércoles, 14 de enero de 2015

Punto de inflexión


Pulsómetro a punto, música a punto, zapatillas atadas, braga en la cabeza, a correr.

Cuando estas enfadado, o te jode algo, no hay nada mejor que salir a correr hasta que el agotamiento no te deje seguir.

El aire en la cara y los abdominales en tensión de respirar por el pecho, disfrutar del camino, de la música, pensar en todo y no preocuparte por nada.

Liberar cabreos y estrés y tener como único objetivo ir de un punto a otro.

Empezar con energía, manteniendo ritmo hasta llegar a un estado en el que el cerebro dice basta y entonces, continuar, continuar corriendo en contra de lo que dice tu cabeza, tu respiración, tu estomago…

Es en ese punto de inflexión en el que decides por un todo o nada, por un parar a descansar o seguir hasta llegar a tu destino.

Músculos entumecidos, respiración entrecortada y un sentimiento de orgullo contigo mismo, fuera de eso no hay nada, no existe nada, nada es importante.

viernes, 9 de enero de 2015

Lo que pasa en Las Vegas no se queda en Las Vegas


Dakota había llegado a Las Vegas, casi ni se lo podía creer, era la primera vez que salía de su país y allí estaba, nada menos que en Las Vegas.

Se olvidó de todo lo que le rodeaba en su vida y decidió disfrutar al máximo. Iba a ser una experiencia única en la vida.

Bebió tanto que perdió la cuenta, bailó hasta caer rendida, apostó en los casinos sin demasiada fortuna.

¡Estaba en Las Vegas!

Fue a varias fiestas nunca antes vistas, conoció gente nueva, era ella y aquella ciudad, nadie más existía, era feliz.

También hubo un chico, no podía faltar, la experiencia tenía que ser plena.

Disfrutó como nunca antes, la mejor noche de su vida, el mejor fin de semana de su vida, uno que nunca olvidaría.

Volvió a casa y ya no era lo mismo, su vida había cambiado de golpe.

Su pareja de aquel momento dejó de serlo. Ya lo había dejado de ser aquel fin de semana, había que ser demasiado falso después de esa pausa de la que el chico no había estado enterado. Después de ese fin de semana de soltería en el extranjero.

Sus amigos ya tampoco eran suficiente, su vida ya había dejado de valerle como tal, simplemente quería más.

Esos dos días en Las Vegas le habían valido tanto como para tirar el resto a la basura, como para no pensar en las consecuencias.

Se olvidó de que en el mundo había más gente a parte de ella misma.

Paso a pensar en ella y solo en ella, todo lo malo era culpa del resto, sus actos no tenían nada que ver. Se escudó en antiguos amigos, con los que había tenido alguna historia, y en líos de una o varias noches. Sabía que el género masculino no puede decir que no a un cuerpo bonito y a una chica fácil.

Chicos no le faltaron en ningún momento.

De su antigua pareja no volvió a saber, simplemente la consideró un fracaso más y pasó de largo.

El sexo, lo más importante después de la carrera.

Envejeció y se dio cuenta con los años que el disfrutar no lo era todo. Encontró a alguien con quien quedarse el resto de su vida, se casó, tuvo hijos y un trabajo que se le daba bien.

Recordaba las Vegas y todo lo que esa ciudad había conllevado. ¿Habría sido distinta su vida de haberse comportado aquella noche de otra forma?

Siguió viajando pero esta vez siendo consciente de su marido, sabiendo que esa relación era válida las 24h del día todos los días sin excepción.

¿Qué habría sido de aquel chico del que no había vuelto a saber?

No se arrepentía de nada, su vida había sido plena, sus exnovios numerosos (y olvidados) y sus experiencias “placenteras”.

Había sido feliz, había pisoteado todo cuanto necesitaba pisotear para conseguir sus objetivos, y había asentado la cabeza no dándole importancia a lo ocurrido a su alrededor.

Tenía cuanto quería.

Era feliz.




miércoles, 7 de enero de 2015

Cambio?

Dejó de afeitarse y se cortó el pelo.

Empezó a controlar lo que comía, salía a correr e iba al gimnasio casi todos los días (desahogaba tensión con el cansancio)

Se empezó a tomar los estudios en serio, ya era hora de ir cumpliendo objetivos.

Sus fracasos los convirtió en reintentos y orgullos, dejó de apenarse por ellos para eliminarlos de una lista que no tenía que existir.

Empezó a sonreír, seguía sin ser un optimista con respecto a la vida, había recibido demasiados palos como para serlo, pero decidió que, si era feliz con lo que tenia, eso lo haría todo más fácil.

Dejó de encerrarse en casa y empezó a conocer gente.

Reordenó sus prioridades.

Mandó a la mierda los lastres de su pasado para seguir avanzando.

Era un hombre nuevo, el tiempo le había cambiado por dentro y ya era hora de mostrarlo por fuera.


Ya era hora de darse a valer tanto como merecía.