sábado, 1 de febrero de 2014

Ojos de veterano

Los ojos veteranos de experiencias pasadas,
de miradas incansables
de personas olvidadas.

Orgulloso de cuanto tuvo y le rodeaba,
siempre feliz de haber vivido
en esos lugares que cuando era crio,
pasaban por una guerra que recordaba.

Él, poeta y escritor de nacimiento,
apasionado de sus letras y familia,
a la espalda un duro pasado, quién lo diría,
que con mucho trabajo y alegría
pasó de largo lo infranqueable.

Nunca se quejó, no iba consigo,
simplemente él era así, alguien amable,
rodeado de una mujer, hija y sobrinos,
a quienes él quería más que a nadie.

Los ojos veteranos de experiencias pasadas,
de miradas incansables
de personas olvidadas.
pero él no es una de ellas, yo le recuerdo,
y ahora solo puedo decir,

gracias,  abuelo.

martes, 28 de enero de 2014

Presentación del año

Tras un mes de exámenes por fin vuelvo a pasear por estos blogs repletos de pensamientos y sensaciones que nos inundan en el día a día.
Tenia ganas de volver con vosotros para pasar otro año compartiendo y leyendo lo que cada uno quiere ofrecer en este pequeño mundo que hemos ido creando con letras, algo de tiempo y sobre todo, este amor por la escritura que nos caracteriza.
Cuelgo un pequeño escrito que no he podido evitar ir haciendo y corrigiendo entre descanso y descanso de asignaturas. "El Vendedor de opiniones"
Un abrazo compañeros, y vuelta a la realidad.

El vendedor de opiniones


Cuentan que siempre está ahí, en todas las esquinas de cada calle, de cada ciudad y cada pueblo.
Cuentan que solo aparece en circunstancias de necesidad, que se camufla entre la gente como un ciudadano más.
Cuentan que sus servicios salen caros, pero eso no es del todo cierto ya que depende de lo que le acabes pidiendo.
Tiene mil aspectos, pero uno determinado para cada persona para que sea fácil de reconocer.
Su nombre, el Vendedor de opiniones.
El dinero no le interesa, o por lo menos eso cuentan las historias, él te pide a cambio algo más valioso, sentimientos, ni buenos ni malos ni guapos ni feos, su opinión vale lo que vale, en eso no te preocupes ya que pide el precio que es justo por sus servicios.
Aparece cuando lo necesitas para ofrecerte su mercancía, no cuando tú quieres que lo haga.
Llega, opina y tú, casi sin darte cuenta, notas la ausencia del precio que se ha cobrado. El Vendedor de opiniones asegura los buenos resultados de su venta siempre y cuando tú la uses y no pases de ella una vez comprada.
Está en cada esquina de cada calle de cada ciudad y cada pueblo.
Su nombre…

jueves, 16 de enero de 2014

Ni puto caso


¡¡A la pereza ni puto caso!! Así, sin pelos en la lengua, con toda la intención de herir.
Si se te acerca para ser tu amiga, ni puto caso, el bullying más beneficioso y bondadoso de la historia. Que no te de pena, ella solo esta fingiendo ser buena, finge estar desprotegida, finge necesitar un poco de atención, pero lo cierto es que ella le gusta estar sola, no es buena.
Teje las redes más preciosas jamás vistas, pero como tales, también son pegajosas y no hacen más que atraparte en cuanto te acercas. Te ofrece las delicias más apetitosas a las que apenas puedes resistirte, pero no te engañes, esos dulces están envenenados y como el tabaco, te van a causar una adicción de la que cada vez va a ser más difícil quitarse.
Y es que a la pereza ni puto caso, este es el mejor consejo para el éxito que os pueden dar; simple, directo y para nada disparatado.
 A la pereza, ni puto caso.
Ojo, no la confundas con el descanso, él lo creas o no, es bueno y necesario. Suele ir acompañado de su amiga la relajación igual de importante, aunque más solitaria, muy pocas personas deciden conocerla por miedo a considerar su amistad una pérdida de tiempo.
Nuestra vida es muy corta para perderla haciendo caso a la pereza, si tienes oportunidad de hacer algo, por tonto e innecesario que parezca, hazlo, no te hará daño y no te arrepentirás del tiempo utilizado.
“A la pereza ni puto caso”, con todas y cada una de las palabras, no digo simplemente “ni caso” eso da lugar a un “a veces sí”. 

Oblígate a hacer algo, aunque en un principio no tengas ganas, al fin y al cabo, ¿Qué pierdes por probar?

martes, 7 de enero de 2014

El prototipo de la belleza


Gustos, hoy toca hablar de gustos, no del gusto que tiene una persona por otra de distinto sexo, no, me refiero más bien al prototipo de belleza, de la venustas de Vitrubio (uno de los muchos tratadistas aburridos que ha habido en este mundo a lo largo de los siglos)
Me refiero a aquello que hace que unas cosas sean bonitas y otras por el contrario sean consideradas callos malayos, aquellas normas no escritas que indican lo que es gustoso de ver y lo que no.
La arquitectura, que es el campo que quiero abarcar en este escrito, ha tenido muchas visiones con los años, desde  la belleza considerada como proporciones matemáticas y simetría encontradas en la naturaleza, hasta el estilo cubista que nos muestra varias perspectivas al mismo tiempo de una misma cosa.
Los cambios estilísticos en la arquitectura han sido numerosos y variados, al igual que el sentido del gusto, han pasado de unos a otros conforme la sociedad ha ido amoldándose a modas y formas de vida de la época. Pero mi pregunta aquí es… ¿Quién decidió qué estilos y formas de arquitectura estaban bien y cuáles por el contrario están mal? ¿Los clientes o los arquitectos?
En la escuela de arquitectura estamos un mínimo de cinco años formándonos, aprendiendo del pasado y de la actualidad para poder, con todos estos conocimientos, dictar qué es arquitectura buena y qué es en cambio basura arquitectónica;  pero lo cierto es que no tenemos en cuenta los gustos del resto de personas, aprendemos que el arquitecto siempre tiene la razón y nos tiramos de cabeza a una piscina de amor por el arte y gusto por lo que hacemos, manteniendo al margen la comodidad de los espacios y la funcionalidad del programa.
Creamos los espacios pensando que todo el mundo tiene la mentalidad de al menos esos 5 años de formación cuando lo cierto es que la opinión del resto de la población es la que cuenta, y a esta le da igual las formas extrañas siempre y cuando tengan o no una utilidad en su vida diaria.
¿Qué es la belleza?

Es aquello que te genera un sentimiento propio e intransferible, diferente para algunos, igual para muchos, pero siempre teniendo en cuenta la opinión de la mayoría, ya conozca del tema o no.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Universos paralelos


Sentado en el autobús me gusta fijarme en la gente, en sus rostros, en sus gestos, sus movimientos involuntarios, sus posibles tics…
Si alguien se está mordiendo las uñas da por hecho que yo me entero de qué dedo es el perjudicado. Me gusta entretenerme imaginando en qué piensan esas personas en ese mismo instante, qué personalidad tienen, el sonido de su voz…
Me gusta imaginar la vida que hay detrás de ese cuerpo de carne y hueso tan parecido y tan diferente al mío, al fin y al cabo, cada persona es un mundo vivido de una forma completamente distinta a las demás.
Cada persona es un mundo, se podrá parecer más o menos al de alguien que tienes al lado, pero nunca es el mismo.
Puede ser que todos vivamos en un entorno igual o parecido, puede ser que ciertas personas habiten una misma casa o tengan una misma familia, puede incluso que compartan casi las 24 horas del día y duerman en la misma cama, pero dentro de esos entornos similares o casi idénticos, cada uno tiene su propia forma de mirar las cosas, su pasado, sus expectativas de futuro, sus amistades, su universo paralelo.
Y es que al fin y al cabo todo se reduce a eso, a universos paralelos que ocupan un mismo espacio al mismo tiempo. Millones de universos moviéndose a la vez, entrelazándose en situaciones y momentos determinados, entrelazándose en lugares ya sean casas, calles o un autobús a las 8 de la mañana.
Sentado en la parte de atrás me gusta imaginarme cómo son los distintos universos de las personas allí presentes. En qué piensan, cuáles son sus sueños, qué música están escuchando…

jueves, 5 de diciembre de 2013

Un pilar al que recurrir


Tenía dudas sobre un tema importante para mí y, cuando recurrí a alguien de confianza para que me las resolviera,  me contestó con una simple pregunta. “¿Qué quieres que te diga?, dímelo y yo te lo digo.”
Pese al excesivo uso del verbo “decir” en una sola frase, esta contestación había sido la más sincera de todas las que me habían dado hasta el momento. Recurrimos a familia, amigos, confidentes… todos los días para pedir consejo, sin darnos cuenta de que éste nos va a traer al pairo si no nos gusta. Hacemos esfuerzos extras por averiguar cuál es el mejor conjunto de palabras para decir a alguien que está pasando un mal rato cuando lo único que realmente quiere que le digas es nada, simplemente estar ahí como una columna, silencioso, inmóvil, pero presente como algo fundamental en lo que apoyarse si existe esa necesidad.
“¿Qué quieres que te diga?, dímelo y yo te lo digo”
Nunca una contestación había sido de mayor utilidad que esta.
“No quiero mentirte ni darte mi opinión ya que al fin y al cabo no soy quien para decidir por nadie, no quiero darte falsas esperanzas ni convertirme en alguien que de repente lo sabe todo, lo puede todo y conoce todos los detalles del problema, eso solo lo puedes hacer tú mismo.
 Pero si puedo estar allí, andar pendiente de tu problema e intentar hacer que te olvides de él, la solución está en tu mano pero si necesitas una noche de borrachera para desahogarte yo estaré allí, si necesitas pasar el mal trago con alguien, yo estaré allí, y da por sentado que para cualquier cosa, que este en mi mano eso sí, no dudes en recurrir a mí. No haré juicios,  te daré actos.”

Eso es lo que quise que me dijera, y como buen amigo me lo repitió  palabra por palabra de forma totalmente sincera antes de retirarse, de convertirse en columna, presente pero sin molestar, sin falsas decoraciones, pero siempre al tanto, siempre sustentando.