miércoles, 23 de diciembre de 2020

NUEVE (Matronas)

 


Muchos seres humanos mantienen que el descanso es el cambio de actividad. Creen ciegamente en ello afirmando que todas las personas son iguales. Que lo que les gusta a ellos les gusta por la fuerza a todos.

Están muy equivocados, el descanso no es el cambio a una actividad cualquiera, hacer algo que no te gusta nunca va a ser descanso, el descanso es el ocio y, en última instancia, encontrarse conmigo.

U.S

Pasó un tiempo antes de atreverse a abrir los ojos, ante él se encontraban los cuerpos inertes de sus perseguidores, ambos con la mirada perdida y un pequeño charco creciendo bajo sus cabezas.

-Hola sobrino, se que la situación no es agradable pero no es momento para quedarse pensando.

A la derecha de los cuerpos se encontraba una mujer de pie, aún con el arma humeante en la mano, David tardó en reconocerla, era Irene, la hermana de su madre, hacía muchos años que no había vuelto a saber de ella. Ella y su madre no habían acabado lo que se dice de buena manera y había acabado desapareciendo de sus vidas.

En aquella época él aun no había empezado la carrera y vivía en Salamanca, en definitiva, su vida no había empezado aun a joderse de mala manera.

No había cambiado casi en todo ese tiempo, si mal no recordaba, ella y su madre se llevaban once años, siendo ella la hermana pequeña.

Recordaba que siempre estaban discutiendo cuando él era chico.

Se guardó la pistola en el bolsillo ancho de su abrigo y, saltando los dos cuerpos con cuidado de no pisar nada, se acercó a él.

David en ese momento se dio cuenta de que estaba aun de cuclillas metido en la caja del ascensor, su tía volvió a dar al botón del piso del que había venido cerrándose la puerta y dejando el crimen tras ellos.

-Tenemos que movernos con prisa a sí que será mejor que te repongas, la policía vendrá pronto y queremos estar lo más lejos posible de aquí cuando lleguen. Ya habrá tiempo para ponernos al día y decirnos qué hacemos los dos aquí, ahora será mejor que agarres tu mierda y te repongas.

No dijo nada, se puso de nuevo de pie y se quedó a su lado, ella seguía siendo más alta que él, con el pelo teñido de rojo y un cuerpo que mostraba horas de ejercicio,  podía hacerse pasar perfectamente por su hermana mayor.

Los dos se quedaron mirando al frente hasta que el ascensor llegó a su destino, nadie dijo nada más durante el recorrido que podía haber durado siglos.

Ella fue la primera en salir, a paso rápido se dirigió a la puerta contraria a la de la anciana y, sacando las llaves de su bolsillo, la abrió.

-¿Ocurre algo querida?

David se sobresaltó, la anciana había vuelto a abrir la rendija y se dirigía esta vez a Irene.

-No Pilar, gracias por preguntar, este es mi sobrino David, viene un poco borracho (dijo por lo bajo como si él no pudiera oírla)  venimos a recoger unas cosas del piso. ¿Usted que tal esta? ¿Tiene mejor la espalda?

-Sigue igual querida, achaques de la edad,  ya sabe que esto ya no tiene solución.

-¡No diga eso mujer! ¡Pero si usted está estupenda! Ya me gustaría estar como usted a su edad.

A David le parecía increíble que esa misma mujer amable y risueña acabara de matar a las dos personas que en esos mismos momentos se encontraban tendidas en el portal, se planteó por un momento que se hubiera imaginado todo aquello.

Irene volvió tras sus pasos y, agarrándole con todo el cuidado del mundo por el brazo, le arrastró a dentro despidiéndose  de la vecina.

-Si le ha molestado lo siento mucho, es un poco especial. –volvió a susurrar antes de cerrar tras de sí dejando tranquila y feliz a la anciana. –echaré de menos a esta vecina, siempre que hacia algo de repostería, me ofrecía un poco para  que lo probara.

La casa estaba llena de libros, parecía que su tía había estado viviendo allí durante mucho tiempo. La disposición de las habitaciones era la simétrica a la de las viviendas de la otra puerta, casi parecía como si volviera a estar en casa pero dentro de un espejo, era una sensación extraña.

-Toma. –le lanzó una bolsa de deporte vacía que acababa de sacar de un armario. –no tenemos mucho tiempo, ve a mi habitación y mete en ella toda la ropa que puedas, pantalones, camisetas, ropa interior, ropa de abrigo… como si nos fuéramos de viaje por un tiempo. –señaló el dormitorio y zarandeándole un poco le puse en dirección.

Actuó prácticamente por automatismo, abrió la puerta encontrándose con un dormitorio parecido al de sus padres.

-¡Esta todo en el armario! –la oyó gritar desde la otra habitación.

Lo hizo todo lo más rápido que pudo dada las circunstancias, abrió el armario, abrió la bolsa, y llenó ésta con todo lo que se fue encontrando.

-¿Has acabado ya?

Irene estaba en la puerta mirándole con otra bolsa llena, igual a la que le había dado, bajo el brazo. Él se limitó a asentir, cerró el petate y se lo echó a la espalda. Se sentía como si volviera a tener diez años y la mujer que tenía en frente fuera la mayor autoridad en su vida.

-Pues será mejor que nos vayamos. –Se dio media vuelta y salió por la puerta sin esperarle, él la siguió.

Esta vez bajaron por las escaleras pendientes de cualquier ruido.

Cuando llegaron a la planta baja vieron los dos cuerpos aun tumbados esta vez sobre un gran charco de sangre, a David le entraron ganas de vomitar.

Parecía que habían tenido suerte y nadie había pasado por allí desde que ellos habían subido a por las cosas de Irene.

-Eran ellos o tú, sobrino, ahora vamos.

Su tono pese a mostrar nerviosismo, no tenía ni un atisbo de preocupación o arrepentimiento. Parecía que para ella todo eso fuera algo completamente natural.

Salieron calle arriba aumentando la velocidad, giraron en la primera calle de la derecha y siguieron avanzando en silencio hasta la entrada de uno de los garajes. Irene sacó una llave abriendo la puerta del montacargas.

Bajaron sin decirse nada el uno al otro. Las miradas estaban fijas en la puerta del ascensor, en silencio, esperando a que estas se abrieran en la planta donde su tía tenía el coche.

Metieron las bolsas en el maletero, se sentó en el asiento del copiloto y se dirigieron de nuevo al ascensor, pese a ser una situación de estrés aquellos momentos de pausa y espera empezaban a ser extrañamente frecuentes.

-¿A dónde vamos? –le preguntó ya en la carretera. Le salió una voz ahogada dándose cuenta de todo el tiempo que llevaba sin soltar una palabra.

-A otro piso que tengo por si este se comprometía, está a nombre de otra persona por lo que no creo que nos encuentren allí, al menos el tiempo que estemos por aquí. Me hubiera gustado que nos largáramos antes, pero tenia que pasar por casa a recoger unas cosas, me temo que ya no volveré a ver a Doña Pilar.

-Les has matado. –decir las palabras en alto le dio esa sensación de realidad que hasta el momento solo había intuido.

-Como te dije, eran ellos o tú, una decisión bastante fácil por lo que a mí concierne, la familia siempre va primero ¿Se puede saber que haces aquí? ¿Tu madre por fin te lo ha contado?-

No sabía a lo que se refería.

-Tienes suerte de que estuviera ahí, aunque elegí vivir en la casa delante de la vuestra por miedo a que algo así sucediera si te soy sincera, supuse que si, por algún casual algún día cruzabas el Yelinas, irías a tu casa no dándote cuenta de que esa no sería tu casa ya más. Pobre Pilar, se va a llevar un susto cuando le digan que su vecina de enfrente es sospechosa de un doble homicidio, esa ancianita siempre fue amable conmigo. –no paraba de mencionar a la anciana, como si eso fuera lo único que le preocupara en esos momentos.

-¿Cruzar el Yelinas? No entiendo nada, no sé lo que está sucediendo, es como si este no fuera mi mundo. –se tapó la cara con las manos tratando de controlar su respiración, no paraba de temblar, no tenia frio pero su cuerpo hacía rato que le había dejado de obedecer.

-¿O sea que no sabes nada? Esta conversación se va a alargar más de la cuenta entonces y no es lugar para hacerla, de momento lleguemos al piso franco lo antes posible, necesitamos salir de las calles, asearnos y descansar un poco.

 

El piso franco, como lo había llamado Irene, estaba al otro lado de la ciudad, en una de las calles principales de entrada y salida de esta misma.

Estaba en uno de los primeros barrios de viviendas que se habían construido en el extrarradio, los edificios eran bastante antiguos, y la gente que allí vivía, había estado en ese lugar toda su vida.

A nadie le importaba que los vecinos pusieran antenas o aires acondicionados en fachada, y dos de cada tres balcones tenían la ropa tendida a vista de todo el mundo.

Dejaron el coche justo delante de una frutería, el dependiente, al ver a Irene, salió de la tienda a saludarla.

-No me jodas que este momento ha llegado, y yo que te llamaba paranoica.

Irene le tendió las llaves del coche, él las agarró al vuelo, se quitó el mandil, lo tiró dentro callera donde callera, y echó la persiana cerrando la tienda.

-¿Este es tu sobrino?

No esperó a que David saliera para meterse dentro del coche.

-Si no lo es, se parece mucho.

El hombre le saludó y le abrió la puerta indicando que saliera.

David ayudó a sacar las cosas del maletero, dentro había una tercera bolsa también repleta de cosas, parecía como si su tía hubiera estado preparada para un momento así.

Una vez hubo cerrado el maletero dio dos golpes con el nudillo y el frutero se marchó con el coche.

-¿A dónde va?

-A esconder el coche y mantenernos informados en todo lo que pueda, me debía una. Ahora vamos.

Cargaron con todo hasta el portal más cercano, no había ascensor, pero igualmente el apartamento se situaba en el primer piso.

Salvo por la cocina, el cuarto de baño y una cama, el resto estaba completamente sin amueblar. Dejaron las bolsas en el hall.

-Date una ducha caliente, te vendrá bien, aquí estamos seguros. –dijo Irene accionando la luz y el agua de la vivienda. –yo mientras prepararé algo para comer, supongo que no tendrás hambre pero tendrás que recuperar algo de fuerzas, después podremos hablar tranquilamente. Hay toallas debajo de la pila, ropa limpia no tengo de tu talla me temo.

Quiso reprochar exigiendo respuestas, pero su tía se dirigió a la cocina sin decir nada más.

Se metió en el baño y echó el pestillo, al momento vomitó lo poco que podía tener en el estómago.

Se quedó ahí quieto hasta que pudo asegurarse de que su cuerpo no le daba más sorpresas, deseó en ese momento tener la petaca y un cigarro a mano.

Se desnudó y se metió en la ducha, de momento se dejaría llevar por la situación, no podía hacer más, se sentía sucio, cansado, como si ese cuerpo no fuera el suyo, como si no pudiera confiar ni en su propia cabeza, se sentía como un niño perdido en un cuerpo ya desgastado.

Pese a todo agradeció ese momento para él debajo de la alcachofa de la ducha, dejando que el agua caliente corriera y se llevara todo el estrés.

 

Irene le esperaba tirada en el suelo del salón, había puesto unos platos con comida para picar sobrante de días anteriores. Le ofreció un vaso con un líquido transparente.

-Toma, te tranquilizará y entraras en calor.

-¿Me das uno? –preguntó señalando al cigarro que se estaba fumando mientras le pegaba un trago a lo que descubrió que era ginebra.

Ella le tendió la cajetilla con un mechero.

-¿Ya estas mejor?  ¿Podemos hablar?

David se sentó en frente, ella le dio un plato y empezó a comer con desgana, poco a poco el hambre iba volviendo. Aun le parecía increíble que la mujer que tenía delante de él, fuera la hermana de su madre.

-Dime, ¿Has visto alguna vez este símbolo? –dijo mientras se remangaba el brazo derecho dejando el descubierto el tatuaje de una especie de mariposa, ¿O era una polilla?

David negó con la cabeza.

-Vaya, parece que esto va a ser más largo de lo que tenía pensado. ¿De verdad tu madre no te dijo nada? Veamos, por donde empiezo.

Lo primero que te quiero dejar  claro es que, lo que te voy a contar, por muy irreal que parezca, va a formar parte de tu mundo a partir de ahora. –se quedó un momento callada pensando. –dicho  rápido y pronto lo que te quiero contar es que la teoría de los universos paralelos dejó de ser una teoría para nuestra familia hace ya mucho tiempo, tu madre lo sabía, y en parte fue esa la razón por la que me alejó de ti cuando eras niño

Volvió a callase con cierto nerviosismo esperando a ver cómo respondía David.

David no supo que decir, tranquilamente se metió un trozo de tortilla en la boca y siguió comiendo.

-Bien, viendo que no me has llamado loca de inmediato ahora puedo explicarte todo con más calma. Sé que resulta difícil de creer, pero este no es tu mundo, no sé cómo te han dejado en el Yelinas cruzar,  pero el hecho es que cruzaste y pasaste sin saberlo a otro universo paralelo, una Salamanca idéntica, pero no la que tú conoces.

-No entiendo ¿Qué tiene que ver el Yelinas con todo esto?

-Vale, empiezo de nuevo, lo siento, se me dan fatal estas cosas. Pongamos que una persona sale a trabajar una mañana diez minutos más tarde de lo normal porque resulta, que el día anterior se quedó hasta tarde viendo una película y esa mañana se ha quedado dormida. –hablaba muy rápido, a David le costaba trabajo seguirla, pero mantuvo la concentración en ella. –resulta que sale esos diez minutos tarde y nada más pisar la carretera, el autobús de las nueve y diez la atropella matándola en el acto.

Para una persona normal esta historia terminaría aquí, con el último suspiro de una mujer que,  por culpa de la serie del día anterior,  no volverá a trabajar, una historia triste con un final triste.

El problema es que, entre lo que piensa esta persona normal y la verdad hay una diferencia muy grande, en ese momento se generan dos realidades, por un lado esa mujer no oyó el despertador y por ende, acabó atropellada por el bus, por otro lado eso nunca pasó y la mujer salió ese día de su casa, como cualquier otro día y fue a trabajar sin saber lo que podía haberle pasado.

La verdad es, que en este mundo que conocemos, los “qué hubiera pasado si…” si que pasaron.

Momento de silencio.

-¿Me estás diciendo que con cada decisión que tomamos a lo largo del día se crean nuevos universos donde tomamos las decisiones contrarias? Eso es imposible.

- Estoy de acuerdo contigo, por alguna razón el cosmos sabe que no podría evolucionar con cada chorrada que un ser humano cualquiera decida, no, no es posible, para que una situación genere un nuevo universo, esta situación tiene que tener unas características, tiene que ser importante, totalmente divisoria entre  un futuro y otro, y lo más indispensable,  tiene que haber tenido la alternativa de no haber sido así.

Da igual lo que decidamos comer cada día, da igual que nos atragantemos con un hueso de pollo y muramos, eso no tiene por qué cambiar nada.

Ahora bien, si resulta que ese muslo de pollo por la razón que sea, podía no haber estado allí, vete tu a saber por qué, por ejemplo porque esa semana realmente le tocaba hacer la compra al hombre pero al final fue la mujer y se encontró el pollo de oferta, entonces, y solo entonces, el cosmos dice que adelante.

Ahí, y solo ahí, se generan dos universos, uno en el que la mujer aprovecha la oferta, otro en el que el hombre va directo a la sección de solomillos, que le gustan más, y compra una comida ausente de elementos peligrosos.

Estas decisiones creadoras de universos las llamaremos a partir de ahora Matronas.

Estos universos paralelos se parecen bastante a lo que la gente común conoce de los universos paralelos, infinitos mundos ocupando un mismo espacio-tiempo de forma paralela, todos siguen su curso ajenos a los otros salvo por un detalle.

En el mundo existen ciertos puntos donde dichos universos están conectados, hablando de forma literal, existen puertas en lugares específicos que nos permiten cruzar de forma física de un universo a otro, estos lugares son lo que llamamos Puntos de cruce, y querido, tengo que decirte que el Yelinas es uno de esos puntos, no tengo ni idea de cómo te dejaron pasar ya que, como todos los Puntos de cruce, el Yelinas está vigilado.

Tú tuviste que pasarlo en algún momento ya que si no, no estarías aquí hablando conmigo, cada punto de cruce te lleva a un universo distinto y este, es el universo que une el Yelinas con el nuestro.

Otro momento de silencio mientras su tia le miraba fijamente para ver su reacción ante todo aquello.

-Universos paralelos, Matronas, Puntos de cruce, el Yelinas… -David sabia que, por loco que sonara, eso que le estaba contando su tía era real, en cuestión de tres días su vida había dado un vuelco poniéndola completamente del revés.

-Se que tienes mucho que procesar, y más aun sabiendo que aun no hemos llegado a tu papel en todo esto, por ahora será mejor que termines de cenar, asimiles y descanses, no es bueno que te suelte todo esto de sopetón en tu estado. Yo ahora tengo que salir a juntarme con Javier para saber qué ha averiguado. Cuando vuelva seguiremos hablando.

David supuso que se refería al frutero, miró al reloj y se dio cuenta de la hora que era, habían pasado ya hora y media desde que llegaron a ese apartamento, ¿Cuánto tiempo había estado en el baño? Se llevó el vaso a los labios y disfrutó del sabor y ardor de aquel líquido mientras bajaba por su garganta.

Aun tenia las esperanzas de despertarse en su antiguo dormitorio de Granada.


miércoles, 16 de diciembre de 2020

OCHO (Bretón)

 


La fe es algo curioso en el ser humano, la creencia absolutamente ciega hacia algo sin necesidad de pruebas, explicarse lo inexplicable mediante el simple hecho de creer en algo, un deus ex machina continuo y vital.

Si algo no tiene explicación, lo ha hecho Dios, el karma, el destino o cualquier otra cosa que nos ofrezca una respuesta y tranquilidad que no sea el simple y llano “porque si”

U.S

 Llamar a la puerta fue más fácil que el día anterior.

Esta vez no portaba malas noticias, simplemente iba a comer con ellos y largarse tan pronto como le fuera posible, no tenía intención de estar allí más de lo necesario.

El dolor de barriga apareció de la nada, entre el cansancio y el desconcierto, ahora  podía añadir un hambre voraz al amasijo de sentimientos, por suerte las nauseas que había tenido al despertar habían acabado desapareciendo.

Llamó un par de veces y esperó pacientemente en lo que oía cómo en el interior alguien se acercaba a la puerta.

Le abrió Sonia, la madre de Iván, le sorprendió verla con una sonrisa en la cara y sin rasgos de tristeza por ningún lado, a decir verdad tenia buen aspecto, los rasgos de vejez que había advertido el día anterior habían desaparecido por completo.

Poco a poco esa sonrisa inicial se fue convirtiendo en un gesto de desconcierto, de desconocimiento, de pregunta.

-¿Si? ¿Qué quería? –preguntó manteniendo el mismo gesto y la puerta entreabierta. David advirtió que no le estaba dando paso al interior de la vivienda.

-¿Perdona? –no entendía muy bien la situación.

-Ha sido usted el que acaba de llamar. ¿Quería usted algo?

El llamarle de usted le llamó la atención, pero la tonalidad en la cara de Sonia era lo que más le descolocaba, era como si no le hubiera reconocido pese a que había estado allí mismo hacía apenas veinticuatro horas.

-Sonia soy yo, David, estuve ayer en vuestra casa para decirles lo de Iván. –Contestó pensando que todo era por un cruce de cables debido al luto. “Cuando llegue su marido se aclarará todo” –pensó.

-¿Iván?

-Sí,  celebramos su funeral antes de ayer. ¿Recuerda?

-No sé a qué Iván se está refiriendo, mi marido lleva en casa conmigo todo el día, espera que le llamo. –su gesto de felicidad se había transformado en uno de nerviosismo y miedo.

Cerró la puerta precipitadamente dejándole solo con el frio del exterior,  escuchó cómo la mujer se aseguraba de que estuviera bien cerrada y llamaba a gritos a su marido. No estaba entendiendo nada de la situación, ¿Se le habrían cruzado los cables a la pobre mujer al descubrir que su hijo había muerto y ahora estaba negándolo todo?

Esta vez fue Román quien abrió la puerta.

-¿Si? –tenía el mismo gesto de extrañeza que había puesto previamente su mujer. -¿Qué quería? ¿Quién es usted?

El ambiente estaba inexplicablemente cargado de tensión, David no sabía muy bien cómo comportarse ante aquella situación, ¿Acaso se estaba volviendo loco? ¿Había llegado hasta tal extremo? El último de los cinco ingresado en un manicomio completamente fuera de sí, sería un final irónico para aquella historia, pero suponía que el destino le deparara algo más que aquello.

-¿Quería algo? –le volvió a preguntar Román viendo que no respondía. – ¿Se encuentra bien? ¿Quiere que llamemos a alguien?

-¿De verdad que no me reconoce? Soy yo, David, el amigo de la infancia de su hijo Iván. Estuve con vosotros ayer. –rechazó que aquello fuera una broma de mal gusto.

-Disculpe pero se ha debido de confundir de personas, nosotros nunca pudimos tener hijos. –miró de un lado a otro como si estuviera buscando alguna explicación a aquella situación. –disculpe pero no le podemos ayudar en nada. –dicho esto cerró la puerta tras de sí dejándole de nuevo solo frente a la casa.

David escuchó cómo Román le estaba mirando por la mirilla de la puerta esperando que se marchara, por lo que se dio la vuelta y salió del pequeño jardincillo de la entrada.

Se encontraba solo, sin sus pertenencias, cansado, con dolor de cabeza y la garganta seca. No entendía lo más mínimo lo que estaba ocurriendo pero solo le quedaba acudir a casa de sus padres, necesitaba descansar y comer algo.

Lentamente, realizando el mismo camino que había recorrido el día anterior, repitió una y otra vez lo sucedido con los padres de Iván, ¿Era posible que no le hubieran reconocido? Notaba cómo su corazón palpitaba con fuerza, ¿Qué cojones estaba ocurriendo? No recordaba haber salido del Yelinas, ni tan siquiera recordaba haber pagado lo bebido anoche, ¿Le habían echado algo en la cerveza y ahora estaba en coma viviendo un sueño lúcido o algo así? ¿Acaso nunca había llegado a salir del Yelinas?

Se dirigió calle arriba dirección al centro de la ciudad, las distancias en Salamanca eran relativamente cortas por lo que calculó que en unos veinte minutos estaría de nuevo en casa de sus padres.

“Dentro de lo malo, no llueve” pensó calentándose las manos con el vaho de su boca y frotándolas repetidamente.

El ruido de pasos detrás de él le hizo salir del ensoñamiento, sintió la tentación de parar en seco y darse media vuelta, pero prefirió seguir caminando evitando mirar hacia atrás, esa calle con las casas iguales, típica de los barrios del extrarradio, solía estar  bastante vacía a esas horas del día,  la gente o estaba en el centro o en sus respectivas casas comiendo tranquilamente, aunque eso no quitaba que hubiera paseantes como él en esos momentos.

Siguió caminando pendiente del ruido de los pasos que tenia a sus espaldas, estaba todo en silencio,  por lo que era fácil distinguir,  tan solo con el oído, que eran varias personas, todas ellas dirigiéndose en la misma dirección que él.

Desde el encontronazo con el hombre en la casa de Jaime, David estaba algo intranquilo, a decir verdad paranoico era la palabra, al fin y al cabo, ese hombre había sabido cuál era su coche y le había dejado un rallón indicándole que aquello no había acabado.

Decidió torcer en la primera calle a la derecha saliéndose de la vía principal solo para tranquilizarse,  era lógico pensar que aquellas personas estuvieran tan solo caminando tranquilamente como él hacia el centro.

La calle en la que estaba ahora era otra exactamente igual que la anterior, mismas casas, algún que otro coche aparcado paralelo a la acera, los típicos contenedores de basura, bancos y demás mobiliario urbano…  una de las muchas calles idénticas de acceso a los chalets, no había ningún motivo para que nadie, que no fuera el propietario de una de aquellas viviendas, girara en aquella dirección.

Los pasos continuaron a sus espaldas.

Él aceleró ligeramente el paso tratando que el cambio de velocidad no se notara, simplemente quería ganar más espacio entre él y los viandantes.

El sonido de los pasos aceleró junto a los suyos, como si fueran un eco de sus acciones.

Volvió a girar a la derecha dando la vuelta a la manzana.

Los pasos giraron con él.

Su taquicardia fue en aumento a la par que su respiración.

David oyó cómo los pasos aumentaron la velocidad sin previo aviso,  superando la suya propia.

Un escalofrío.

No lo pensó más, echó a correr temiendo por su vida, si esas personas tuvieran buenas intenciones le hubieran dicho algo.

Volvió a la misma calle principal donde se había enterado por primera vez de que le seguían, ahora estaba claro, le estaban siguiendo.

Había calculado que eran en torno a tres personas aunque ahora estaba seguro de que solo quedaba una detrás de él. ¿Dónde se habían metido las otras? ¿Se habían separado?

Se dirigió hacia las calles del centro de la ciudad deseando ver a más peatones que le dieran cierta tranquilidad.

No tardó mucho en llegar al puente de hierro que unía ese lado de la ciudad con el centro,  vio a una pareja en medio dando tranquilamente un paseo agarrados de la mano. Eran jóvenes, no parecían tener más años que él, corrió hacia ellos desesperado viendo una oportunidad de que sus perseguidores dejaran de hacerlo ante la aparición de testigos.

La pareja se paró en seco al ver como David corría hacia ellos.

-¡Socorro, me están siguiendo! –se limitó a chillar entre sollozos, la pareja parecía asustada, el chico se había puesto delante de ella en señal de protección.

David giró señalando y viendo por primera vez a los desconocidos.

Eran dos, hombre y mujer, no los había visto en su vida, o al menos, no recordaba haberlos visto, no aparentaban nada fuera de lo común, quitando el hecho de que seguían corriendo tras él, podían pasar por una pareja normal y corriente como aquella del puente.

David se quedó paralizado, giró lentamente dirigiéndose hacia la pareja del puente a quienes había pedido ayuda, rezando por que sus sospechas no fueran reales.

-¿QUIENES SOIS VOSOTROS? –Les preguntó a gritos.

Los dos chicos se asustaron aún más echándose para atrás y dejando claro que no tenían nada que ver con aquello para tranquilidad de David.

Dos sonidos sordos, dos puntos rojos aparecieron de la nada en la frente de los dos chicos. Los dos cayeron al suelo.

David quedó paralizado un segundo pero volvió a echar a correr con la mente en blanco.

Oyó como los dos perseguidores paraban.

Oyó el sonido de dos cuerpos caer al agua.

Siguió corriendo.

Siguió corriendo.

Siguió corriendo.

 

Recuperó el conocimiento una vez estuvo seguro de que nadie le perseguía.

Miró a su alrededor mientras tomaba aliento para saber dónde estaba esta vez. Su cabeza estaba en blanco, aun no estaba listo para afrontar lo que había sucedido en el puente de hierro, o lo que creía que había sucedido, su cuerpo taquicárdico temblaba como si no le perteneciera.

Delante de él se encontraba un edificio que reconoció en el acto.

Ante él se situaba una fachada en chaflán pintada de rojo con una puerta doble del mismo color. A media altura, los carteles alineados a lo ancho mostraban las películas que se iban a proyectar, encima de éstos, un rótulo mostrando el nombre de aquel teatro convertido en cine, Bretón, David lo conocía muy bien, lo recordaba de cuando era pequeño, también recordaba que nunca había estado en su interior, no había podido entrar antes de que lo derribaran, ¿Qué estaba sucediendo?

Su mente inmediatamente aplicó la navaja de Ockham, habían tenido que reconstruir aquel teatro en esos cuatro años que él había estado fuera, recordaba perfectamente el revuelo que se montó cuando lo tiraron y le pareció lógico que finalmente lo hubieran reconstruido pero, ¿habían reconstruido entonces toda esa manzana también?, recordaba el enorme solar vacío que había quedado, ¿Era posible que ese solar ya no estuviera allí?

Se sentó en un banco cercano, las piernas le flaqueaban hasta tal extremo de estar a punto de caerse antes que llegar a alcanzarlo.

Ahí perdió el conocimiento.

 

Despertó en ese mismo lugar algo más de veinte minutos más tarde, se encontraba cansado, la tensión había pasado de estar por las nubes a por los suelos y ahora notaba toda la dolencia debido al esfuerzo realizado en esos días.

Se levantó con cuidado, se fijó de nuevo en el teatro Bretón que seguía ahí como si nunca hubiera desaparecido, comprobó que lo que quedaba de sus pertenencias seguían en sus bolsillos y, tras asegurarse de que nadie le observaba, se dirigió calle arriba dirección a la casa de sus padres, no vivían lejos de allí, no tardaría ni cinco minutos.

El camino, pese a ser apenas unas calles más allá, se le hizo costoso e interminable, en cuestión de minutos había recorrido más de la mitad de la ciudad y ahora el simple hecho de caminar era todo un logro para él.

Se volvió a encontrar en la calle de su infancia al igual que el día anterior, para su tranquilidad estaba todo igual, miró la hora, las tres, sus padres tenían que estar en casa, entró en el portal sin llamar al telefonillo, aquella puerta siempre estaba abierta, se metió en el ascensor y marcó el piso, no pensó en nada, simplemente tenia la mente en blanco, notaba cómo el sudor le caía por un lateral de la cara.

Salió del ascensor y llamó a la puerta.

-¿Si? ¿Qué quiere?

La señora mayor que entre abrió la puerta parecía nerviosa, a través de la rendija se podía ver cómo había dejado la cadena puesta para evitar que nadie entrara en contra de su voluntad.

David cerró los ojos tratando de contener las lágrimas de desesperación que inmediatamente brotaron. Se giró con ninguna esperanza para comprobar que no se había confundido de piso, la señora al ver la situación cerró la puerta amenazando con llamar a la policía si no se marchaba en el acto.

Esa era la casa de sus padres, esa era la casa donde había pasado más de la mitad de su vida y donde había estado el día anterior comiendo. Estaba seguro de ello, ¿Pero entonces era cierto que se estaba volviendo loco? No tenía ya a dónde ir, las pocas personas que conocía en esa ciudad o estaban muertas, o no le conocían, o simplemente no sabía cómo encontrarlas,  cogió el teléfono móvil y llamó a todo aquel que se le pasara por la cabeza,  pero siempre era la misma situación, o no contestaban, o contestaba otra persona, o simplemente decían no conocerle, era oficial, estaba completamente solo.

Podía sentir la mirada de la vieja a través de la puerta, por lo que decidió meterse en el ascensor.

Nada más salir se los encontró de frente esperándole.

-¿Dónde está? –preguntaron, era la misma pareja que le habían seguido haría apenas una hora, le estaban esperando. David se fijó en cómo uno de ellos le estaba apuntando con una pistola con silenciador.

Levantó las manos en un acto reflejo típico de las películas. Seguía llorando y no supo que decir.

-Estamos cansados de andar detrás de ti, sabemos que conoces su localización, o por lo menos tienes una pista de donde puede estar, tu amigo se negó a decirnos nada y digamos que acabó teniendo un percance con una jeringuilla, a si que te aconsejamos que no sigas sus pasos y nos digas dónde está.

Era la mujer la que portaba el arma y la que hablaba, era elegante, vestía ajustado no avergonzándose de su figura, podía tener unos cuarenta años y resultaba chocante verla en una situación como aquella. Tenía aspecto de madre trabajadora con varios hijos, no de atracadora y mucho menos de asesina.

El hombre, que se limitaba a estar en silencio a su lado, podía pasar por alguien del montón con una cara de las que se ven y se olvidan, ninguno de los dos tenia mal aspecto.

Se fijó en la mano que portaba la pistola. Un anillo tatuado con las letras US destacaba en el dedo anular, supuso que el hombre tendría otro igual.

-Nos has puesto en un aprieto allá en el puente, esos chicos no tenían por qué haber muerto, aunque todo hay que decir que gracias a ti se ha creado otro mundo completamente nuevo, el asesinato deja de tener importancia en cuanto sabes lo que tú y yo sabemos.

David no sabía a lo que se estaba refiriendo.

-Como puedes ver no tienes a donde huir, pasar por el punto de cruce del Yelinas no fue mala idea, te perdimos por un tiempo esperándote en la entrada pero no pudiste engañarnos, ahora dinos dónde está.

David seguía sin entender nada de lo que estaba diciendo, ¿Le habían seguido la noche anterior al Yelinas? Solo podía pensar en el arma que le estaba apuntando directamente al pecho.

La mujer la amartilló en señal de amenaza.

Él cerró los ojos aun llorando y se encogió esperando lo inevitable.

Dos ruidos sordos como en el puente.

El sonido de dos cuerpos caer al suelo.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

SIETE (Incertidumbre)

 


La confianza, a la vez que tarda en ganarse, se pierde con gran facilidad.

El ser humano es un animal social que depende del resto para ser feliz, depende de una convivencia y un respeto que se tienen que ganar.

Absolutamente todos los seres humanos son iguales y valen lo mismo, desde el rey que cree en un respeto heredado que no es real y que conlleva a una tiranía, de la que parece que todo el mundo está acostumbrado, al pobre que no se diferencia del rey más que por la suerte que ha tenido en la vida.

Ambos son humanos, ambos son perecederos.

La confianza en alguien, que no sea uno mismo, implica la pérdida de soledad, y con ello se convierte más en una necesidad y un deseo que por naturaleza tenemos.

A una decisión que tomamos con libertad.

U.S

 

-¿Y bien? ¿Cómo era? ¿Te dijo algo? -volvió a repetir viendo que David se había quedado quieto sin decir nada.

-Le acabo de decir que me ha atacado un hombre con su mismo tatuaje ¿Y me responde preguntándome si me dijo algo? -poco a poco el mal humor fue expandiéndose por todo su cuerpo. –Un “¿Está bien? ¿Te hizo algo?” hubiera sido más acertado ¿No cree?,  ¿Quién eres? ¿Qué hacías con Iván y por qué me ataca un chalado preguntándome dónde está una escalera que su propia definición dice que no existe? ¿Qué tipo de juego es este?

Por mucho que levantara la voz en aquel lugar no sobrepasaba del resto del ruido a su alrededor por lo que nadie salvo ellos dos se daban cuenta de la situación. -mencionó a una tal Andrea, ¿No sabrás tu algo sobre el tema? -trató de tranquilizarse.

-Es el nombre por el que me conocen ellos. -se limitó a contestar con su marcado acento extranjero y sin levantar lo más mínimo el tono de voz.

-¿Ellos? ¿En plural? ¿Quiénes? ¿No te llamas Alex entonces? -su mal humor seguía creciendo cada vez más, no le gustaba que jugaran con él, estaba cansado y lo que menos quería era meterse en un asunto en el que no pintaba nada, un asunto en el que la gente amenazaba apuntándote con navajas estando dispuesto a usarlas.

-Créeme, es complicado de explicar, si quieres saber el nombre que me pusieron cuando nací, siento decirte que ni yo misma lo recuerdo, si buscas el nombre por el que me llaman, son demasiados para una conversación así, si buscas un nombre por el que llamarme, ya te lo he dado, soy Alex, por Andrea me buscan a sí que no te aconsejo usarlo. -la tranquilidad con la que decía aquellas palabras era heladora. -soy consciente de que te gustaría tener otro tipo de respuesta pero no puedo dártelo.

-¿Qué eres? ¿Una especie de espía o algo? ¿Eres del CNI? -la pregunta le sonó absurda según salió por su boca, aquello no era una película, esas cosas no ocurrían en la vida real.

-Trabajo más bien de por libre, no puedo explicarte mucho por el momento pero te puedo asegurar que todo irá cobrando sentido con el tiempo.

-¿Con el tiempo? No sé que tienes en mente hacer conmigo pero te puedo asegurar que mi idea es quedarme un par de días mas en salamanca y al contrario que Iván, no quiero meterme en tus asuntos. No quiero tener nada que ver con nada en lo que estuviera metido, bastantes mierdas tengo ya encima yo solito como para que alguien que no responde a mis preguntas me añada más. -Apuró la jarra y pidió otra.

-El hombre que te atacó, a falta de una descripción más exacta, forma parte de un grupo que se hacen llamar “los desaparecidos”, solo puedo decirte que hace un tiempo formé parte de él, quise salir y ahora digamos que me guardan cierto rencor por ello.

-“Los desaparecidos” ¿Qué son? ¿Una especie de secta? Dijeron que buscaban una escalera ¿Cuántos son?

-Puedes llamarlo secta si quieres aunque abarcan demasiado y están demasiado organizados como para considerarlo como tal. ¿Sociedad secreta? ¿Mafia en las sombras? No sabría como definirlo exactamente la verdad. Solo que son peligrosos, parecerán personas comunes y la mayoría realmente lo son o lo fueron por así decirlo. -su tranquilidad se convirtió en un gesto de desconcierto, David se dio cuenta de que hasta ella misma no sabía muy bien cómo definirlos. -pese a haber estado dentro de esa organización, nunca llegué  a saber cuánto abarcaba.

-Según me los describes suena como si fueran los mismos Illuminati. -extrañamente la creía, todo sonaba a ficción, a una locura generada por una mente dispersa, pero aquella mujer tenía algo que hacía que la creyera, no con ciertas dudas eso sí.

¿Aquello seria una estafa? ¿Habían intentado engañar antes a su amigo y ahora que estaba muerto le tocaba a él? ¿Una cámara oculta? ¿Estaba aquella mujer simplemente loca? Había miles de posibilidades más realistas que creerla, pero extrañamente, sin saber por qué, no podía evitar darle el beneficio de la duda y eso le daba miedo porque significaba, que quisiera o no, estaba metido ya en algo muy peligroso y desconocido.

-Sobre el tema de la escalera, permíteme que te responda mañana, aun no estás preparado para ello. Solo debes saber que Iván me estaba ayudando, y que ellos debieron encontrarle sin que yo me enterara.

David se quedó petrificado al darse cuenta de lo que estaba insinuando.

-¿Qué quieres decir con que ellos lo encontraron? ¿Estás insinuando que su muerte no fue una sobredosis? ¿Qué le asesinaron?

-Existe esa posibilidad si, por más que lo pienso me cuesta creer que Iván cometiera ese error, siempre se colocaba en presencia de su novia, nunca en la cama, no me malinterpretes, Iván era un drogadicto, entra dentro de la posibilidad de que ese día fuera más allá de lo que estaba acostumbrado, pero era una persona orgullosa de controlar su adicción, pese a lo incoherente que eso suena, de diferenciarse del resto de adictos mediante sus normas. Dime una cosa, el amigo al que fuiste a visitar cuando te atacaron, ¿Es el camello que le pasaba el material a Iván? ¿Fuiste a la casa donde estaban viviendo últimamente tanto él como su novia?

David asintió.

-¿Cómo lo has…?

-Es el único sitio que tiene lógica que estuvieran vigilando, dime, ¿te abrió la puerta? ¿Llegaste a entrar en el cuarto donde murió Iván?

-Jaime no me abrió la puerta, esta estaba ya abierta, aunque en la casa no había nadie. Sí,  entré en el dormitorio, parecía como si lo hubieran removido, había papeles por todo el suelo aunque no sabría decirte si ese era el estado natural de esa habitación.

-¿Viste entre todos esos papeles un cuaderno negro? Bastante maltratado, medio roto, la tapa arrugada. Iván siempre iba con él a todos lados.

David asintió de nuevo, era justo el cuaderno que le había lanzado a aquel hombre para escapar.

-Estaba allí, la policía no se lo había llevado, a decir verdad parecía como si no se hubieran esforzado mucho en saber lo que le pasó,  vi el cuaderno,  pero allí se quedó, fue en ese momento cuando aquel hombre me atacó y tuve que salir corriendo. Mira no se en lo que estabais metidos tu e Iván pero si eso le mató no quiero tener nada que ver con ello, si realmente crees que no fue un error deberíamos ir a la policía, ellos sabrán qué hacer, y si estas realmente en peligro te aconsejo hacer lo mismo. Mi vida actualmente será un puto desastre, pero te puedo asegurar que no quiero morir y mucho menos por algo que no me incumbe. -se terminó lo que le quedaba de cerveza y se levantó dispuesto a irse, ya era tarde y no estaba de humor para todo aquello. -ahora si me disculpas, ha sido un día largo, como siempre un placer, Alex, Andrea o como quiera que se llame.

-Mañana volveré a estar aquí a la misma hora. -se limitó a contestar mirándole fijamente a los ojos.

 

 

David abrió los ojos con una fuerte resaca, cosa extraña porque no recordaba haber bebido más allá de las dos cervezas la noche anterior.

El sol le daba en la cara dañándole los ojos, no sabía qué hora del día era ni donde estaba. La sensación de desconcierto le recordó al levantar de una siesta demasiado larga. Prácticamente en el acto se dio cuenta de que no estaba tumbado en la cama del hotel, de hecho no estaba siquiera en la habitación de hotel, mir a su alrededor y se dio cuenta de que estaba tirado en el suelo enfrente de la puerta, ahora cerrada, del Yelinas. Estaba apoyado en uno de los contenedores de reciclaje que había en ese callejón justo enfrente de la puerta. El sol estaba bastante alto, calculó que debían de ser sobre las 12:00 antes de mirar el reloj y confirmar sus sospechas.

¿Qué hacia allí? No recordaba haber bebido tanto aunque su cuerpo le dijera lo contrario. De hecho, no recordaba mas allá de haberse despedido de Alex, no recordaba tan siquiera haber salido del bar y mucho menos haber ido hasta el coche y el hotel, cosa obvia viendo dónde estaba tirado. ¿Le habrían metido algo en la bebida?

Comprobó que sus escasas pertenencias aun seguían en sus respectivos bolsillos, incluidas las llaves del coche y la cartera con todo su dinero, no había pagado ninguna jarra de la noche anterior por lo que supuso que todo había ido de mano de Alex. Comprobó posibles heridas, o marcas en el cuerpo pero no encontró nada.

Se levantó notándose mareado en el proceso, se sentía hecho mierda, su cuerpo le respondía bien, pero se sentía débil, se volvió a plantear si le habían echado algo en la bebida pero viendo que preocuparse no le llevaba a ninguna parte, se encogió de hombros y fue caminando tranquilamente hacia el rio donde había dejado el coche la noche anterior.

El centro estaba como solía estar a aquellas horas de la mañana cualquier día de la semana, abarrotado de gente.

Al entrar en la plaza se sentó en una de las terrazas a tomar un café, sentía su boca seca, le dolía la garganta y la luz le hacía daño a los ojos.

Buscó sus gafas de sol, se las puso, le pidió un piti al primero que pasó por allí, y fuego y la hora al camarero solo para demostrar que efectivamente, eran las 12. Aun le quedaban dos horas para ir al hotel, asearse e ir a casa de los padres de Iván con quienes había quedado para comer ese día, no le apetecía lo más mínimo comer con los padres de su amigo recién fallecido con el que, además,  no había tenido trato en esos últimos cuatro años, pero sentía que era lo mínimo que podía hacer, en  cierto modo se sentía responsable de lo ocurrido.

Disfrutó tranquilamente de cada calada de aquel cigarro, lo había intentado dejar mil veces y siempre había acabado volviendo a él, no se consideraba una persona con mucha fuerza de voluntad, a decir verdad, ninguna, cabezota tal vez, pero en lo que al vicio y a la gula se refería, él estaba completamente vendido.

Había aceptado su adicción al tabaco asimiento sus posibles consecuencias en un futuro que a veces deseaba que fuera más pronto que tarde.

Un traguito del café recién traído, y disfruto de aquellas maravillosas vistas que ofrecían la plaza mayor de Salamanca. Estaba seguro de que cada trago de aquel líquido negro le iba a costar un ojo de la cara, pero el simple hecho de tomárselo en un lugar como aquel, un día extrañamente soleado teniendo en cuenta los días anteriores, merecía la pena.

Los estudiantes y gente joven, tirados en el suelo de la plaza comiendo y hablando, convertían un espacio inicialmente vacio y duro, en un lugar lleno de vida.

Los paseantes caminando por los soportales viendo escaparates o simplemente pasando por allí, las personas esperando debajo del reloj del ayuntamiento punto de encuentro principal de la ciudad, los sentados en el suelo, los sentados en las terrazas, todos ellos daban su granito de arena a un lugar que, pese a ser bonito de por sí con sus balcones, medallones y el color de la piedra de villamayor, lo convertían en lo que realmente era, mil mundos, miles de vidas reunidas en un único espacio.

Terminó de tomarse el café  tranquilamente, pagó al camarero, tal y como había supuesto, un ojo de la cara, y se encaminó finalmente hacia el coche algo más recuperado de lo que había estado recién levantado.

Estaba preocupado por haberse despertado entre contenedores y por no recordar nada de cómo había llegado hasta allí, pese a ello prefirió no comerse mucho el coco con respecto al tema, no era la primera vez que se levantaba en un sitio no deseado sin recordar nada de la noche anterior, esta era la primera vez que no recordaba haber bebido nada y que sospechaba que le habían drogado de alguna forma, pero viendo que no le había pasado nada,  prefirió no darle más vueltas, un día más en aquella ciudad y luego regresaría al sur para decidir cómo seguir con su vida, esta vez no esperaría cuatro años o a la muerte de alguien para volver, pero primero tendría que centrar su vida.

Tardó unos diez minutos en llegar desde la plaza a la zona del rio donde había dejado aparcado el coche la noche anterior, solo que ahí no había ningún coche aparcado, miró en todas direcciones por si se había equivocado de lugar, trató de pensar si el día anterior lo había dejado en otro lado pero la realidad era que él había aparcado allí, y allí no quedaba coche alguno.

Cogió su móvil dispuesto a llamar a la policía no sin antes soltar todos los insultos que se le ocurrieron al aire.

Su móvil estaba apagado, sin batería, lo que le llevó a soltar mas palabrotas en voz alta, no se creía que le hubieran robado su tartana, volvió a mirar hacia todos lados con el mismo resultado, en esa calle no había ningún coche que respondiera  al aspecto del suyo.

Tras un momento de desahogo y desconcierto decidió coger un autobús a su hotel, ya allí se asearía, cargaría el móvil y centraría sus cosas de una puta vez, miró su reloj, 12:45, aun tenía hora y cuarto para hacerlo todo, media hora más suponiendo que podía llegar tarde a la comida.

Preguntó a la primera persona que pasaba por allí por la línea de autobús que debía coger y se dirigió hacia allí, estaba cansado de caminar, estaba cansado en general, solo le apetecía dormir pese a que realmente se acababa de despertar hacía apenas una hora, sentía como si no hubiera dormido en toda la noche.

Tardó media hora más en llegar hasta la puerta del hotel, era consciente de las malas pintas que llevaba encima en esos momentos, la ropa sucia y arrugada, sus malos pelos y ojeras, por lo que no le extrañó que la gente le mirara raro al entrar en la recepción del hotel.

Fue directo hacia los ascensores no sin antes saludar al hombre de recepción.

-Perdone. –dijo éste viendo como se dirigía hacia el ascensor. – ¿Está usted alojado en este hotel?

La pregunta le sorprendió pero se dio media vuelta y se dirigió al mostrador para responder cara a cara, era cierto que aquel recepcionista no había estado esos días en el hotel pero igualmente no dejaba de ser extraño.

Sacó de su cartera la tarjeta de la habitación.

-La 304, David Santángel, me alojé hace dos días, si me disculpa estoy cansado y desearía llegar a mi habitación.

Se dio media vuelta de nuevo para volver a ser avisado.

-Perdone pero no encuentro en nuestros archivos ningún David Santángel y desde luego hace dos días no le recibí. La 304 actualmente no está ocupada.

-Me recibió una compañera suya, ¿Y cómo que no está ocupada? ¿Este es El mundial no? –preguntó pese a que sabía perfectamente que aquel hall era el mismo por el que había estado pasando esos días.

-Llevo toda la semana al cargo de la recepción de este hotel, no es posible que ninguna compañera mía le recibiera. Siento las molestias pero no puedo dejarle pasar si no es usted cliente.

-Repito que me atendió una compañera suya, le ruego que pregunte y vuelva a mirar en el ordenador, mire la tarjeta. –estaba perdiendo la calma.

-Y yo repito señor que no es posible, no le he visto ninguno de estos días por aquí.

-Quiero hablar con el encargado.

-Ya está usted hablando con él.

-¿Es usted el encargado?

Asintió con la cabeza.

Viendo que eso no le llevaba a ningún lado se dio media vuelta y se dirigió directamente al ascensor haciendo oídos sordos de los gritos del recepcionista y sus amenazas de llamar a seguridad.

Las puertas del ascensor se cerraron justo a tiempo antes de que llegaran a frenarle.

Salió del ascensor, el pasillo estaba silencioso, era exactamente el mismo pasillo por el que había pasado esos dos días, llegó a la puerta con el número 304 en él, misma puerta, mismo número.

Metió la tarjeta en la misma rendija sin resultado alguno, solo una luz roja burlándose de él diciendo que no le iba a dejar pasar.

Probó varias veces antes de que los de seguridad llegaran para llevarle hasta la puerta del hotel donde le esperaba la policía y el encargado del hotel.

Más gritos e insultos al aire pero sin ningún resultado aparente, él aseguraba ser huésped del hotel, el hotel no paraba de afirmar que nunca habían visto a ese hombre, tras un rato de discusión metieron a David en el coche solo para dejarle unas manzanas más allá, sin coche, sin maletas, habitación ni pertenencias.

Los policías se despidieron de él no sin antes decirle que no querían volver a tener noticias suyas  y que no armara ruido.

Miró la hora, eran las 2.30, ya llegaba tarde a la comida, odiaba aquella situación pero a falta de saber que hacer a continuación decidió ir a casa de los padres de Iván, seguro que explicándoles lo sucedido no les molestaría ni su retraso ni haber aparecido vestido de aquella manera.

Se peinó como pudo en el reflejo de un escaparate y se dirigió a la parada del bus, ese día acababa de empezar y ya estaba deseando que terminase.