miércoles, 20 de enero de 2021

TRECE (El Atlas de Wald)

 



El instinto de supervivencia es un invento del ser humano para no aceptar la realidad.

El ser humano no me teme, teme el dolor que puedo traer conmigo si me llaman.

U.S

-Sé a dónde quieres llegar con todo esto, pero si te soy sincero, todo lo que me has mostrado hasta ahora pueden no ser más que leyendas, no demuestra nada. La escalera literalmente podría estar en cualquier lugar del mundo.

Jaime no hizo caso al comentario, tenía algo que contar y no tenía intención de parar hasta que lo hiciera, su humor parecía que estaba cambiando según avanzaba, estaba más impaciente, más nervioso.

-Durante la segunda guerra mundial, el desarrollo de los aviones Aliados, que eran muy inferiores a los de los alemanes, se convirtió en una cuestión a resolver cuanto antes.

Uno de los principales problemas era el de los bombarderos, aviones de gran tamaño que tenían que cruzar las líneas enemigas recibiendo impactos en el proceso.

Piensa que estos inmensos aparatos de metal no podían estar blindados al completo, ya que el peso extra que ello conllevaría haría que no pudieran volar.

Por ello se tomó la decisión de crear el “grupo de investigación estadística”,  un grupo de expertos cuya única meta era determinar qué partes de dicha máquina voladora, eran las más indicadas para ser reforzadas.

Dentro de ese grupo, se encontraba un experto en matemáticas y estadística llamado Abraham Wald que es la razón por la que te estoy contando esto.

Pero vayamos en orden.

El primer paso para dicho grupo de expertos fue reunir información con la que pudieran trabajar.

 Enviaron personal a todas las bases aéreas de Inglaterra con el único objetivo de dibujar, en una silueta de un bombardero, la localización de los impactos de bala que habían recibido durante sus misiones.

Recopilaron cientos  de dibujos repletos de puntos rojos allí donde había un impacto, y de esta manera, descubrieron cuales eran las zonas de los bombarderos más expuestas a los proyectiles enemigos.

Los expertos entonces lo tuvieron claro, puesto que el mayor número de puntos rojos en todos los casos, se situaba en alas, cuerpo central del fuselaje, y timones de cola, estos eran los lugares donde los aviones tenían que llevar más metal.

La lógica era clara, puesto que estos eran los sitios más castigados, estos tenían que ser los sitios más protegidos ¿No?

David asintió con la cabeza,  ya cansado de todo aquello.

-Pues el señor Abraham Wald discrepó.

Ante lo obvio que podía resultar aquella afirmación, él insistió que no era cierta y añadió un nuevo dato a la ecuación que parecía ya resuelta.

Los aviones de los que habían tomado la información, eran aquellos que habían vuelto a casa sanos y salvo y por lo tanto, pese a todos los daños recibidos, eran los aviones que seguían siendo capaces de volar.

Los puntos en donde les habían alcanzado, simplemente no eran los necesarios para realizar sus funciones y por ende, los aviones que no habían vuelto a casa, tenían que haber recibido balas en otras zonas más indispensables.

Era ese dato el que precisamente importaba.

Según Wald, las zonas del avión que debían de ser reforzadas no tenían que ser aquellas que habían recibido más daños en los aviones que habían vuelto a casa, sino aquellas zonas que precisamente habían quedado prácticamente intactas y habían hecho que dichas maquinas trajeran a sus pilotos de vuelta.

Con ello, Wald demostró al mundo que, ante un mismo problema, los distintos puntos de vista con los que se acometía, eran importantes para llegar a una conclusión u otra.

Wald en ese momento, siendo completamente ajeno a ello, creó un método para buscar la supuesta escalera.

Al igual que el grupo de investigación estadística, aquellos que buscaban la escalera tenían el mismo problema, la falta de datos con la que empezar a trabajar.

Se decidió que lo más indicado era reunir, durante la segunda guerra mundial, un registro con dos tipos de datos que consideraron importantes.

Por un lado localizar todos los puntos de cruce conocidos hasta el momento.

Por otro saber de dónde procedían los no nacidos.

El objetivo era encontrar un patrón dentro de lo poco que se sabía en esos momentos sobre este mundo.

Esto se había estado haciendo de forma individual desde prácticamente el siglo anterior, por lo que no fue tan difícil como puede parecer, aunque si tedioso.

Los no nacidos son desconfiados por naturaleza y por ello, la mayoría de ellos llevaban sus propios registros que se negaban a compartir. Todos habían hecho a su manera listados con qué locales eran puntos de cruce y los nombres de los no nacidos que se habían encontrado alguna vez a lo largo de sus vidas.

Prácticamente todos los no nacidos hacían sus propios diarios, la información estaba allí, ya estaba recogida, solo faltaba unificarla.

El objetivo  principal fue precisamente ese, reunir toda información que hubieran recopilado cada uno de ellos en un único archivo.

El aliciente para participar era sencillo, si tú querías la información a nivel global de la situación de los puntos de cruce, tenias que dar previamente la información que tú habías recopilado.

Poco a poco ese proyecto fue tomando forma y cada vez más no nacidos deseaban tener dicha información. Imagínate, era la diferencia entre buscar a alguien por tu cuenta, y usar una guía de teléfonos donde estuviera escrito el número de toda la población.

El hecho de que acabara existiendo un mapa con todos los puntos de cruce a nivel global simplemente era algo demasiado bueno.

Fue en este momento cuando se crearon los tatuajes identificativos y se empezó a organizar algo que hasta entonces había vivido completamente en las sombras. Ya había una forma de reconocer a los no nacidos y ponerse en contacto unos con otros.

De repente, lo que había sido una suerte de anarquía, se estaba convirtiendo en una sociedad organizada en las sombras.

Luego, con la llegada de internet, y con ello de la globalización, esta toma de datos empezó a ser mucho más sencilla y alcanzó el tamaño suficiente como para poder empezar a interpretarla.

Al igual que en el caso de los bombarderos, se pusieron puntos en  mapas, se pusieron puntos rojos para los puntos de cruce, y puntos azules para los lugares de nacimiento de los no nacidos, dato que, a la hora de la verdad, a nadie le importaba.

 Para todos el valor de aquello era la recopilación de los puntos de cruce, solo los buscadores sabían la verdadera intención de todo aquello. –Jaime se acercó al último de los libros que les había sacado el hombre antes de dejarles solos. Era un libro enorme, mucho más grande que la mayoría, estaba encuadernado con unas tapas grandes de cuero, en la portada, se encontraba el grabado a fuego de un hombre musculoso sujetando el mundo con los hombros. –imagínate, antes de esto los no nacidos solo conocían las ciudades donde ellos habían estado, muchos no nacidos, al igual que tú, ni siquiera sabían que lo eran y vivían vidas normales, apáticas y sin éxito.

Con la llegada de este archivo todo cambió.

Este libro es el más joven de todos los que hemos visto esta noche, y sin embargo, es el más importante para nosotros. –lo abrió con cuidado mostrando unos mapas en su interior impresos en hojas de biblia, cada uno representaba distintos lugares del mundo, todos ellos, tal y como había dicho Jaime, repletos de puntos rojos y apuntes en los márgenes, prácticamente no quedaba un hueco que mostrara el color original del papel.

-Ante ti tienes lo que se acabó llamando el Atlas de Wald en honor de aquel que inspiró su creación. Aquí se recopiló toda la información. Al hacerlo, se eliminaron los puntos azules dejando solo lo que interesaba realmente a los no nacidos, solo las últimas páginas de este libro contienen los mapamundi originales donde se encuentran dichos puntos.

Verás, como ocurrió con los científicos Aliados, los que participaron en la creación del atlas solo se fijaron en los datos que les interesaban, no llegaban a ver el todo por el que inicialmente se había comenzado a recopilar todo esto.

Los buscadores de la escalera sin embargo, conscientes de cuál había sido la intención inicial de su creación, y conociendo la historia de Wald, comenzaron, ahora sí, con su proyecto real.

Partieron de aquello que ya sabían para reducir lo más posible la zona de búsqueda.

Ya de aquellas eran conscientes de que todos los puntos de cruce requerían de gemelos guardianes. Estos gemelos protegían las puertas para evitar una libre circulación entre universos que podría ser catastrófica para el cosmos. Aquellas personas que a ojos de los civiles aparentaban ser dueños de bares, peluquerías, y demás locales, en realidad tenían una intima relación con las puertas que unían los mundos que protegían.

Los buscadores supusieron que, si eso ocurría con los puntos de cruce, no había motivos para pensar que la escalera, siendo también uno, no los tuviera. Con ello dedujeron que, en algún lugar del mundo, tenían que existir dichos gemelos protegiendo dicha escalera, y por ello, ese lugar tendría que estar cercano a una población que les permitiera vivir cómodamente.

Ya sé que todo esto era mucho suponer, pero de aquellas trabajaban con los datos que tenían y, si esos supuestos no llevaban a ningún lado, siempre podían dar marcha atrás en sus investigaciones y empezar de nuevo.

 De esta manera se decidió centrar la vista en las poblaciones que hubieran nacido en la antigüedad, al contrario que cualquier otro punto de cruce, la escalera tenía que haber existido desde mucho antes que cualquier puerta, tenía que haber existido desde el primer momento en el que empezó a haber matronas.

A su vez se fijaron en los puntos azules, esos mismos puntos que la mayoría de participantes habían catalogado como información de poco interés.

Al igual que con los gemelos, estaba la creencia, que ha llegado hasta nuestros días, de que la existencia de los no nacidos, solo tenía sentido si fuera con el objetivo de proteger el llamado equilibrio del cosmos, los no nacidos, en cierta manera, tenían una relación con la unión de universos, eran capaces de borrar cualquier elemento de la ecuación sin el peligro de generar más universos en el proceso. –abrió el atlas por las últimas páginas donde se situaba el mapamundi con los puntos azules y rojos, estos estaban partidos en varias páginas debido a la inmensa escala con la que se había recabado la información.

-Los buscadores se dieron cuenta de inmediato al ver los mapas, allá donde había una población con puntos rojos, siempre había al menos un punto azul que lo acompañase, pero ya no solo eso, se dieron cuenta de que la cantidad de puntos azules iba ligada siempre con la cantidad de puntos rojos en una región.

 A más puntos rojos, siempre había más puntos azules acompañándolos, en todos los lugares siempre pasaba exactamente esa norma, solo había un sitio que no cumplía tal proporción y sigue sin cumplirla a día de hoy. –Jaime pasó las páginas hasta llegar a la sección del mapamundi donde se encontraba Salamanca. –esta ciudad, al contrario que el resto,  solo tiene un punto de cruce conocido hasta la fecha, el que tu y yo conocemos como el Yelinas,  sin embargo, en la época que se acabaron de recopilar los datos, se pudo llegar a contar más de diez no nacidos localizados en esta región.

¿Cómo era posible que una de las ciudades más antiguas con menos puntos de cruce, fuera la ciudad, que desde que se empezó con esta toma de datos, siempre ha producido el mayor número de no nacidos del mundo?

Se podía ver claramente que, el lugar más protegido, era el que aparentemente necesitaba menos protección.

Esta ciudad, tal y como la historia nos ha demostrado, siempre ha generado en las personas la necesidad de defenderla, les ocurrió a los vacceos, posteriormente a los cartaginenses, romanos, visigodos, musulmanes y cristianos, mientras no hubo constancia de los universos paralelos eran las propias poblaciones, no teniendo conocimiento de lo que hacían, las encargadas de proteger el lugar y renovarse en cuanto salía a la luz el hallazgo de la escalera.

Piensa esto, en el momento en el que una civilización se enteraba de la existencia de la escalera, la afluencia de personas cruzándola crecía y aparecía una nueva civilización, que no sabía nada del tema, a ocupar su lugar.

La escalera no podía permitir ser usada a la ligera al igual que no se pueden usar a la ligera los puntos de cruce, por lo que en el momento en el que una población era consciente de su existencia, era necesario borrar dicha población y remplazarla por otra que no supiera nada del tema.

-Hablas como si la escalera tuviera vida propia.

-Llámalo escalera, cosmos, dios, destino, suerte o tu puta madre, pero el hecho es que el orden se mantiene y se auto regula, y en este caso no es distinto, en el momento en el que existía un peligro, ocurría algo que hiciera borrón y cuenta nueva en el lugar.

Piénsalo, los Vacceos nunca cruzaron el asedio, decidieron probar suerte y ver lo que había al otro lado de la escalera, lo mismo ocurrió con los cartagineses quienes dejaron a sus mujeres e hijos atrás, los Romanos lo convirtieron en una religión, un peregrinaje al nuevo mundo, los musulmanes lo temieron y protegieron evitando que nadie se acercara al lugar.

Posteriormente aparecieron los no nacidos, y ya no fue necesario que poblaciones completas sintieran esa necesidad, el universo había creado errores que se encargaran de subsanar otros errores sin la necesidad de hacer un pantallazo azul y reiniciar.

Con la creación de este atlas, no solo se organizó este mundo, sino que logró un acercamiento a una de las incógnitas más ansiadas hasta la fecha, ¿Dónde estaba la escalera de Penrose?

Me decías antes que todas estas historias no eran una prueba fehaciente de que la escalera se encontrara en Salamanca, yo digo que no hay más que mirar los puntos para saber donde se han colocado los refuerzos, pese a que aparentemente no se requieran.

Es cierto que todo esto solo son teorías, que nadie ha llegado a demostrarlas ya que nadie la ha encontrado aun, pero eso no significa que no sean ciertas. –dicho esto cerró el Atlas de Wald, y la biblioteca quedó en pleno silencio. David esperó unos segundos para asegurarse de que Jaime había acabado antes de hablar.

-¿Para qué me has contado todo esto? –preguntó impaciente.

-Se acercan días en los que la escalera debe ser protegida, “Los desaparecidos”, esas personas que te han amenazado y perseguido, aquellos que mataron a Iván, han llegado a la misma conclusión a la que los buscadores llegaron en su día, saben que la escalera esta cerca. Vienen días en los que los no nacidos tienen que hacer aquello para lo que nacieron, tú eres uno de ellos, y debes estar preparado. –dicho esto pegó un silbido y el hombre que les había estado esperando fuera volvió a entrar en la sala, Jaime se dirigió a él. –hemos acabado aquí, gracias. –el hombre hizo un pequeña reverencia y se puso a devolver lentamente los libros a sus respectivos sitios. –será mejor que nos vayamos, si no me equivoco tienes una cita en el Yelinas.

David quiso reprochar, tenia aun muchas preguntas que hacerle, pero Jaime ya estaba saliendo por la puerta, ¿Cómo era posible que supiera todo aquello? De hecho, ¿Cómo era posible que supiera que había quedado en el Yelinas? se fijó que los tembleques le habían vuelto y volvía a rascarse de manera obsesiva el antebrazo.

-Dios, necesitamos un chute ya. –le oyó murmurar por lo bajo. La sensación de control que había mostrado durante el relato se había desmoronado por completo en cuanto hubo acabado de hablar.

Bajaron las escaleras, David no pudo evitar echarle un último vistazo al Vítor con las letras US. Le daba escalofríos.

-¿Quiénes son esos “Desaparecidos”?

-Nuestro trabajo contigo ha acabado, el resto no es cosa nuestra. –se notaba un aire de preocupación y cansancio en sus palabras.

Cruzaron el patio con la enorme secuoya en el centro, ya era completamente de noche, el silencio hacia parecer que estaban solos en aquella fría ciudad.

Jaime se paró en seco enfrente de la doble puerta que habían atravesado para entrar allí.

David se paró a sus espaldas a la espera de que se dirigiera a él.

 Cuando se acercó para ver lo que pasaba, Jaime se giró y le dio un fuerte abrazo, David le apartó de un empujón completamente desprevenido.

-¿Qué haces?

-Sentimos mucho lo de Iván. –tenía los ojos llorosos y las palabras le salían por la boca entre sollozos. –nunca fue nuestra intención que ocurriera todo lo ocurrido, Álvaro, Borja, Carlos…  ya solo quedas tú.

David se enfureció al oír sus nombres, cuando quiso darse cuenta le había pegado un puñetazo en la cara tirándolo al suelo, fue un acto reflejo, un movimiento instantáneo producto de todos los sentimientos reprimidos.

Jaime empezó a llorar desconsoladamente.

-Ni se te ocurra volver a mencionarles, no tienes derecho a ello. –ahora era David el que tenía los ojos llorosos, los sentimientos habían salido a flor de piel y ahora se estaba derrumbando sin poder evitarlo. En cosa de segundos habían pasado de una situación a la extrema sin saber muy bien por qué. – ¿Crees que por haberme dado esta lección de historia se soluciona todo? –estaba gritando. -¿Crees que saber todo esto hace que seas distinta persona? ERES LA MISMA MIERDA DE SIEMPRE. Ayer fui a tu casa para pegarte una paliza ¿No lo entiendes? Soy consciente de que ellos ya eran mayorcitos para tomar sus propias decisiones, que la culpa de sus muertes fue suya, pero no dudes por un segundo que el cruzarnos contigo fue el aliciente perfecto para que todo esto ocurriera.

Jaime seguía llorando en el suelo, había vuelto a desviarle la mirada en silencio, como si esperara a que todo eso pasara. No paraba de rascarse, estaba nervioso.

-No sé muy bien que ocurrirá esta noche ni los días venideros, a decir verdad una gran parte de mí piensa que he perdido completamente la cabeza, nunca creí que fuera a echar tantísimo de menos la vida que llevaba en Granada. Lo que si se es que no quiero volver a saber de ti, y no quiero que te acerques a Jess ni a nadie de mi entorno, termina de destruir tu vida si quieres pero no te acerques a nadie más. –todos los sentimientos habían brotado de golpe, ¿Por qué había tenido que mencionarles de repente? ¿Por qué había tenido tan siquiera que disculparse?  A sus pies se encontraba el Jaime penoso que siempre había conocido y que extrañamente no le había parecido ver unos minutos antes en la biblioteca. No dijo nada más, se dio media vuelta y fue a abrir la puerta.

-¡ESPERA! –gritó Jaime levantándose de golpe. Se acercó rápidamente hacia él y se puso por delante.

-No estoy en condiciones de hablar. –le amenazó David  para que se apartara.

-Déjame a mí primero, al menos te debo esto.

David no sabía a qué se refería pero ya no tenía ganas de gritar, la rabia que en un segundo había brotado, había vuelto a esconderse en el mismo tiempo, incluso se estaba arrepintiendo del puñetazo que le había dado. Dio un paso hacia atrás para dejarle espacio.

Jaime se quedó un momento mirando la puerta con la mano en el agarre, parecía como si se hubiera quedado pensando algo. Cerró los ojos, respiró profundo y dejó de llorar, volvía a ser el mismo Jaime serio  y tranquilo que le había contado la lección de historia.

-Será mejor que corras a la derecha y no pares hasta llegar al Yelinas. –prácticamente fue un susurro, abrió la puerta, David no tuvo tiempo de procesar lo que le había dicho, en ese mismo momento escuchó un sonido que ya le estaba resultando desagradablemente familiar.

David se quedó sin aliento.

Jaime se lanzó de golpe  contra el sonido haciendo de muro humano para David.  Gritaba con todas sus fuerzas mientras recibía los impactos de bala en su cuerpo.

David cruzó la puerta evitando la tentación de volverse  a meter dentro del claustro. Se agachó y, haciendo caso de lo que le había dicho Jaime segundos antes, salió corriendo por la calle de la derecha. Oyó ruidos de pelea a sus espaldas, Jaime debía haber alcanzado a su atacante, no le había dado tiempo a ver nada, parecía como si el oído fuera el único sentido que tuviera activo en aquel momento.

Notó como una bala le pasaba al lado de su cabeza para chocarse contra el muro de su derecha, los trocitos de piedra arenisca saltaron como a cámara lenta, forzó aún más la velocidad.

La calle le resultó interminablemente larga, sabía que una vez llegara a su final la cantidad de personas que habría en el centro le salvaría.

Paró para descansar en medio de la plaza mayor de Salamanca, volvía a estar hiperventilando, la gente pasaba a su lado mirándole con extrañeza pero por lo demás, cada uno seguía con sus vidas, ajenos a lo que le estaba ocurriendo.

Miró hacia todos lados buscando a los atacantes, si es que habían sido más de uno, no sabía nada, no había visto nada más que el cuerpo de Jaime lanzándose hacia la izquierda en lo que él corría hacia la derecha. Jaime, ¿Era posible que hubiera sobrevivido a aquello? Había recibido, prácticamente a quemarropa, demasiados disparos. Se había puesto en medio evitando que alguno llegara a alcanzarle, odiaba pensar en eso, pero estaba en deuda con él.

Las personas que pasaban a su alrededor le miraban, ¿O acaso se lo estaba imaginando? Era imposible saber quiénes de todos ellos eran ciudadanos normales y quienes eran sus perseguidores, si es que había alguno.

Se agarró de la cabeza, le daba vueltas, trató de relajar la respiración para reducir el mareo, estaba nervioso, estaba expuesto a cualquiera que se le pudiera acercar.

Recordó en ese momento lo que le había dicho Jaime antes de abrir la puerta, no podía parar hasta llegar al Yelinas, por suerte estaba cerca de allí, comenzó a correr de nuevo.

miércoles, 13 de enero de 2021

DOCE (Helmántica)

 




Soy la venganza que el tiempo trae para aquellos que no me aceptan.

La desgracia de los que me conocen de segundas personas.

El alivio de los cansados.

La ironía de los ricos que no pueden comprarme.

Soy la naturaleza misma, el cosmos, el orden.

Soy la diosa de los que creen y la realidad de los que no.

Soy la ciencia, el esoterismo y el mito.

Soy la meta y el galgo.

Temedme pues nadie puede conmigo.

Amadme porque sin mí, estaríais hartos.

Nada tendría sentido.

Dejaríais de ser humanos.

U.S

David se quedó en silencio, ahora que volvía a pensar en ella, después de todo lo ocurrido, la escalera de Penrose había cobrado un significado completamente distinto, ¿Podía ser que entre toda esa locura de realidades, aquello que le había explicado Alex esa noche en el Yelinas, fuera cierto?

-¿Es posible que exista tal cosa? Me refiero, ¿Es un punto de cruce?

-Desde que el ser humano tiene consciencia de los universos paralelos y la teoría de los puntos de cruce y las matronas,  algo nos ha estado molestando continuamente, como que algo no encajaba. ¿Cómo era posible que, con la existencia de infinitos mundos creados continuamente por infinitas matronas, un mundo físico, y por lo tanto finito, pudiera abarcar el mismo número de puntos de cruce?

-No es posible, tiene que haber un límite al igual que lo hay de bares en la tierra.

-Eso es precisamente lo que nos molestaba, algo no cuadraba, entendimos que los puntos de cruce seguían una especie de orden, que los universos más parecidos entre sí, eran los que se mantenían unidos, mientras que el resto, bueno, simplemente eso era lo que no nos cuadraba, ¿Qué ocurría con el resto de universos, que por espacio, no tenían unión con nosotros? No podían simplemente desaparecer, los universos tienen que estar en cierta manera cosidos unos con otros. –entrelazó los dedos y unió las palmas.

-Y de repente una idea surgió en la cabeza de un brillante físico-matemático ingles llamado Roger Penrose y en la de su padre Lionel.

Ellos mantenían que, pese a la continua creación de universos, estos tenían que estar de alguna forma ligados entre sí mediante una especie de eje, algo que no cambiara y permitiera que todos estos universos compartieran un mismo espacio tiempo.

En sus mentes apareció una forma, si una puerta era capaz de unir y separar dos puntos a la vez,  ¿No era acaso factible que también existiera algo que, siendo solo un elemento en el espacio, uniera tantos puntos como fueran necesarios? La escalera era el elemento perfecto para cumplir tal propósito, pero no una escalera cualquiera  ya que igual que en superficie, en altura también existe un límite de espacio, no, tenía que ser una escalera que empezara y acabara en el mismo sitio, solo que ya no sería el mismo sitio.

Y así fue como apareció la teoría de la Escalera imposible, la escalera de Penrose.

-Pero como tú mismo dices es una teoría ¿No? ¿Existe realmente?

-Muchos la han estado buscando desde entonces, piénsalo detenidamente, nadie sabe si existe realmente o no, pero lo que es seguro es que algo tiene que existir, de la misma forma que la materia oscura es la materia del universo que sabemos que existe pero que, sin embargo, no sabemos realmente donde está, aquí tenemos la certeza de que, lo que en su momento Penrose imaginó y dibujó como una escalera, tiene que existir en algún sitio de este planeta ya sea con esa forma u otra.

Los universos tienen que estar unidos, y la única forma de que infinitos mundos lo estén en un espacio finito es que el mito no sea tal cosa.

Y eso nos lleva a la historia de esta maravillosa ciudad y la razón por la que estamos aquí. Si te parece comienzo por el principio. –se aclaró la garganta de manera exagerada y comenzó a hablar.

-En el siglo IV a.c, el pueblo celta sintió la necesidad de asentarse en esta zona, de aquellas el sector central de la cuenca del Duero, la llamada región de Vaccea, era un territorio que daba una oportunidad de confort y fácil acceso a sus necesidades.

Fundaron Helmántica, lo que sería en un futuro Salamanca. 

Se asentaron exactamente en el Cerro de San Vicente, ya sabes, cerca de donde está ahora el hospital universitario.

Ya en el siglo III a.c es cuando empezamos a tener datos sobre este pueblo y este asentamiento. –abrió el libro con sumo cuidado, las manos le habían dejado de temblar y, colocando el  cordón con los pesos para que sujetara la página volvió a separarse. David se acercó para leer, el papel estaba amarillento, prácticamente del mismo color que la letra pero igualmente se podía entender aquella escritura alargada y cursiva de no sabía cuántos años.

Fue en este mismo siglo cuando Aníbal, al mando de los cartagineses, decide sitiar la ciudad. Dicha toma de la ciudad Vaccea de Helmántica fue relatada por un griego llamado Polibio que, pese a no haber presenciado el asedio, deja constancia de unos datos bastante interesantes.

“Pese a estar de paso, supieron que ese pueblo Celta escondía algo en ese lugar, no sabía por qué, pero Aníbal sentía la necesidad de protegerlo de aquellos que lo poseían, sus tropas, pese al cansancio de tal aciago viaje, no hicieron otra cosa que alegrarse cuando su general les contó su intención de ocupar aquel territorio, extrañamente sentían lo mismo.”

Jaime recitó aquellas palabras de memoria en lo que David las seguía en aquel libro, estaba claro que aquel tomo era una traducción del original hecha tiempo después, pero pese a ello, ante sí, se encontraba una pieza de historia de gran valor, ¿Cuántas copias a mano se podían haber llegado a realizar previas a la imprenta? ¿Cuántas personas habían tenido esas páginas delante de sus ojos?

-Los Vacceos les ofrecieron cuanto tenían, dinero, esclavos, rehenes... todo con tal de quedarse en aquel lugar que consideraban su hogar, pero pese a ello, Aníbal se veía incorregiblemente atraído por aquel sitio, una vez entendido esto los helmanticenses, bueno, se podría decir que huyeron y ellos se asentaron. –Pasó lentamente las páginas.

“De repente una mañana, el silencio se hizo, ya no había rastro de ningún movimiento dentro del lugar, aún tardaron unos días en decidir adentrarse. Los habitantes de aquella población, después de días de negociaciones tratando de librarse de aquellos extranjeros que habían decidido quitarles lo que era suyo,  simplemente desaparecieron. A sus espaldas solo dejaron los muertos, no había forma de saber cómo habían pasado el asedio ni qué dirección habían tomado.”

Tal como había pasado antes, Jaime relató palabra por palabra lo allí escrito.

-Según Polibio, la población completa desapareció de la noche a la mañana, como si nunca hubieran existido. Sus escritos quedaron ahí en lo referente a esta Helmántica, nadie sabe qué pasó con aquel pueblo prerromano ni  cómo lograron huir.

Por otra parte, otro griego, Plutarco de Queronea, en sus escritos  relata: “Aníbal la sitió, y no encontraron rastro de sus moradores, como si de fantasmas se tratara solo dejaron huellas de lo que habían sido en vida.”

Jaime había cerrado ese primer libro abriendo un segundo más pequeño donde ponía esas mismas palabras.

 Pero la historia tiende a repetirse, y al igual que los Cartagineses se vieron atraídos por aquel lugar, los romanos no tardaron en fijarse en él.

Los romanos empezaron a expandirse por la península llegando a anexionar la ahora llamada Salmantica a la provincia de Lusitania.

 Según algunos relatos de aquella época, no encontraron resistencia a la hora de entrar en aquel lugar, aquella gran población que había decidido quedarse a vivir allí después de que Aníbal se hiciera con el poder, simplemente se había visto diezmada a lo largo de los años. Los pocos habitantes que allí quedaban, en su mayoría mujeres y niños, no ofrecieron ninguna resistencia mostrándose incluso aliviados ante la presencia del ejército enemigo.

Nadie llegó a mencionar lo ocurrido en aquel lugar, simplemente dejaron constancia de que sus hombres habían partido a tierras desconocidas y ahora estaban esperando su regreso, cosa que, por lo que nosotros sabemos, nunca sucedió.

 Aquí llega un periodo de pleno desarrollo de la ciudad, dejaron abandonado el Cerro de San Vicente, el asentamiento original, para acercarse más al rio que permitía, no solo acceso directo al agua, sino a una red de comercio de la que la ciudad se serviría.

Construyeron el puente romano, e hicieron que la vía de la plata pasara por allí.

“Lo que fue inicialmente creado como una zona de paso en el recorrido a la tumba del apóstol, ha pasado extrañamente a ser el fin del camino de aquellos que, buscando un anhelo incierto, se han topado con este lugar quedándose  incluso a vivir.”

La ciudad fue creciendo, y extrañamente hacia un efecto de imán en cierto tipo de personas, muchos peregrinos del camino abandonaron sus esfuerzos en llegar a Santiago quedándose aquí, y otros muchos hombres y mujeres simplemente se dieron media vuelta para volver a este lugar. Nadie tenía claro por qué, pero Salmantica era un atractivo que no podía pasar desapercibido para aquellos que buscaban algo, aunque no supieran muy bien el qué.

De esta época tenemos numerosos escritos de personajes anónimos que relataban la llegada de peregrinos a la ciudad. Extrañamente alargaban su estancia en ella dejando sus objetivos iniciales a un lado, un gran porcentaje de los peregrinos que pasaban por aquí, simplemente se quedaban. Parecía como si el verdadero propósito de la construcción de la vía de la plata no fuera un camino a Santiago, sino un camino  que unía el norte y el sur de la península a la propia Salmantica. Las personas venían de todas las direcciones, y como es lógico, la ciudad creció.

Jaime no paraba de mostrar datos en los libros de comerciantes, peregrinos, y los propios habitantes adinerados de la ciudad hablando del enorme incremento de visitantes.

-Los llamaban colonos o aventureros, valientes y locos. Había innumerables términos acuñados para aquellas personas que se acercaban a la ciudad. Con el tiempo, los escritos van tomando un cariz un poco más extraño que los primeros que se limitan a contar la gran afluencia de visitantes.

“Las noticias de la tierra prometida han llegado a todos los rincones de la península, la gente dona sus pertenencias con tal de tener la oportunidad de ver lo que les ofrece el otro lado. La ciudad en si es un acúmulo de visionarios y videntes que promueven sus utopías sin saber realmente a lo que están exponiendo a la población.”

-Parece ser que encontraron algo que habían guardado previamente los anteriores habitantes de aquel lugar. Ningún escrito muestra exactamente lo que es, son bastante vagos con respecto al tema, pero si hablan de una tierra prometida, de miles de personas que entraban en la ciudad para no volver, un nuevo mundo, la puerta de los dioses, incluso la entrada al inframundo.

La ciudad en aquella época alcanzó su máximo esplendor, pero por desgracia, todo tiene su final.

Con la caída del imperio romano, se volvió a repetir la misma historia, llegaron los visigodos a la ciudad y se encontraron con una reducción importante de población ¿Cómo era posible, que dado el flujo de visitantes que esa ciudad tenia constantemente, hubiera tan pocos habitantes? Muchos entraban, pocos salían y allí simplemente no había los que tendría que haber.

Con la llegada de los Visigodos también llegó la cristianización de la zona, y con ella, bueno, el negacionismo y hacer como si no existieran más problemas que los creados por ellos mismos.

No volvemos a tener constancia de nada extraño en la ciudad, todo el revuelo y todos los sucesos extraños que habían ocurrido hasta entonces desaparecen como si estuvieran metidos debajo de la alfombra.

La edad media, como en cualquier otro lugar del mundo,  en Salmantica fue una etapa oscura para el conocimiento y la cultura.

Sabemos muy poco de aquella época, solo que la ciudad pasó a ser ciudad episcopal y a tope con la cope y todos esos temas religiosos. –el tono de burla en la voz de Jaime era evidente.

Por suerte los visigodos no tardaron mucho más de 100 años en ser echados por los musulmanes. En el 712 la ciudad es conquistada, y ahí empiezan de nuevo los murmullos, aunque esta vez no parecen ser tan descarados como sus predecesores romanos. Musa Ibn Nusair escribe tras su conquista.

“Hoy hemos conseguido quitarle al enemigo aquello que todo el mundo ansía pero nadie debe poseer, nos aseguraremos de que esta tierra quede muerta, salaremos los campos y quemaremos los pastos para asegurarnos que el lugar, junto con su contenido, quede completamente en el olvido”

-Y dicho esto cumplió con lo aquí escrito, sentenció el territorio a ser tierra de nadie, quedando completamente despoblado el tiempo que duró la invasión musulmana a la península. Se habla de pequeñas incursiones a la zona y de sentencias de muerte a aquellos que se atrevían a no acatar sus órdenes, estaba completamente prohibido acercarse a este territorio.

También se habla de ataques por parte de los cristianos del norte por hacerse con el control de aquellas tierras, al igual que le había pasado previamente a Aníbal, Alfonso I de Asturias sentía un ansia inexplicable por poseer aquel lugar, bueno, realmente no hablan de poseer los escritos existentes si no de proteger, proteger aquel lugar. Las numerosas batallas y escaramuzas sin éxito, realizadas por aquí nuestro colega Fonsi, acabaron de destruir lo poco que quedaba en pie de la urbe romana.

La zona quedó despoblada hasta la victoria de la batalla de Simancas por parte de los cristianos en el 939, como puedes ver aquí, en la crónica de Sampiro, no tardaron en comenzar la repoblación de toda la zona, incluida, como no, Salamantica. Ramiro II de León fue el merecedor de tal éxito y quien comenzó a construir, ahora sí, la ciudad que hoy en día conocemos.

Tras esta época se reinstaura la diócesis y se construye la catedral junto con las escuelas teniendo como resultado, el comienzo de la universidad que hoy en día conocemos.

Aparece la universidad como centro del conocimiento.

En la carta del papa Alejandro IV a la universidad de Salamanca muestra su interés por proteger, de nuevo esa palabra, el conocimiento de manos de aquellos indignos y la búsqueda de aquellas personas declaradas idóneas para conocer la verdad.

La ciudad vuelve a recobrar su importancia, pero esta vez no bajo el amparo de ser una “ciudad de paso” para el camino de Santiago, no, esta vez se muestran interesados en que, Salamanca, sea una ciudad con importancia por sí sola. Construyen la urbe centrándola en la universidad y el cristianismo aceptando a todos aquellos que se vean atraídos por la búsqueda del conocimiento y la religión.

En 1218 Alfonso IX funda los estudios generales.

Ya fue Alfonso X el sabio quien cataloga Salamanca como ciudad universitaria.

Consiguen crear esta tapadera tan bien, que pasa a ser realidad, y aquello que debía de ser “protegido” y que fue motivo de tanta trifulca en el pasado,  se sume en el olvido.

El siglo XV es el siglo de máximo esplendor como ciudad universitaria, se construyen muchos equipamientos en esta época entre otros, el edificio de escuelas mayores en el que estamos ahora mismo.

No se vuelve a hablar de desapariciones ni de proteger nada, simplemente Salamanca pierde su atractivo para el resto de la península y pasa a ser una ciudad como cualquier otra.

Pese a ello, si sabemos de numerosas luchas por el poder de la ciudad entre las familias nobles de aquí. Querían el control de lo que llamaban “la puerta al mas allá” algo que en los libros de historia ha quedado como simples disputas por el poder.

En el siglo XVI se empieza a construir la catedral nueva en un intento de volver a redirigir la religión a los estándares clásicos, se habla de que los nobles se han olvidado del camino tentados por las artes oscuras y la brujería. Es de esta época donde aparecen todas las leyendas de la cueva de salamanca donde supuestamente impartía clases el diablo.

También en este mismo siglo viene a la universidad Fray Luis de León, personaje que hoy tenemos inmortalizado en la estatua que hay ahí enfrente.

Y nos acercamos ya a la actualidad, y volvemos a la teoría de Lionel y Roger Penrose.

De repente a finales del siglo XIX principios del XX, el conocimiento de universos paralelos se muestra para los ojos de los indicados y se crea todo un mundo a partir de ello. Aparecen los No nacidos y el método de descubrirlos, aparecen los gemelos y sus puntos de cruce, y como no, aparece la teoría de la escalera, el eje, o como quieras llamarlo.

Todo el mundo empieza a volverse loco con respecto a esa teoría, como he dicho, la discusión nunca fue si existía realmente tal cosa o era un cuento de hadas, no, nadie dudaba de su existencia, y todo el mundo la ansiaba por el poder que ello implicaba, todas las posibilidades que ofrecía, una ventana a infinitos universos.

miércoles, 6 de enero de 2021

ONCE (Vítor)

 


El cosmos, pese a todo el caos que pueda aparentar ser, responde a un orden que lo mantiene con vida y fomenta su evolución.

La naturaleza, como escenario inmediato del ser humano, responde a una falsa aleatoriedad guiada por unas leyes que indudablemente están ahí.

El cervatillo sabe dónde tiene que mamar desde el segundo uno de su nacimiento, la polinización de las abejas y su modo de vida coincide con la época del año predilecta para las plantas, todo sigue un orden, un extraño equilibrio que parece que se va a derrumbar en cualquier momento y que, sin embargo, ha estado allí desde un principio.

U.S

La calle libreros, de no más de cuatro metros de ancho, entre edificios antiguos de no más de cinco alturas, se abría, al llegar a la fachada de la universidad, a una plaza conocida como el Patio de escuelas.

La fachada, que formaba parte de la propia calle, era la entrada al edificio de escuelas mayores de la universidad de Salamanca.

Actualmente dicha fachada, de  un claro estilo plateresco, era uno de los puntos turísticos más característicos de la ciudad, siendo la plazoleta a la que hacia frente, el patio de escuelas mayores, un lugar muy transitado a lo largo del día.

Por la noche sin embargo, a excepción de unos pocos viandantes, esa calle quedaba poco transcurrida.

 El ambiente de las luces anaranjadas de las farolas iluminando la piedra arenisca de las casas, dejaban una imagen llena de sombras digna de películas  de misterio como “El tercer hombre”.

En el centro de la plaza, se erguía iluminada la estatua de Fray Luis de León enfrentado a las dos enormes puertas de la fachada. Ese monje con su túnica estaba situado encima de un enorme pedestal blanco mirando hacia todo aquel que se pusiera a su lado.

David levantó la cabeza para mirar de nuevo la rana encima de la calavera que le daba el nombre coloquial de la fachada de la rana. Los Salmantinos, habiendo normalizado todas las maravillas que día a día les rodeaban, estaban cansados de todo aquello, pero buscar aquel animalillo de piedra, entre todos los ornamentos de aquella fachada, se había convertido en uno de los motivos por el que aquella plaza estaba normalmente repleta de turistas mirando hacia arriba y señalando.

David se fijó bien en la deformación rocosa que había encima de la calavera, no se le parecía lo más mínimo a una rana y no recordaba un tiempo en el que sí.

Miró a su alrededor pero no encontró a su tía por ningún lado, parecía que con las prisas había llegado algo pronto  por lo que dio una vuelta por esa plaza, de un tamaño más bien pequeño pero que destacaba al salir de esa calle estrecha.

El silencio le rodeaba, la piedra dorada de villamayor era la protagonista allá donde mirara y la luz atenuada, proveniente solo de los focos de la fachada y la estatua de Fray Luis de León, generaban en David la sensación de hogar que había tenido de niño.

El frio seco que en esos momentos sentía, y el dolor de orejas debido a este, solo acrecentaban dicha sensación.

Los tres lados del patio, que no ocupaba la fachada de la rana,  eran superficies de bajo mas dos ausentes de más decoración que la que ofrecían  sus numerosas ventanas cuadradas, eso no evitaba que, debido a su fábrica de piedra, ese patio destacara mostrando el cuarto lado como protagonista.

Buscó en su bolsillo el paquete de tabaco que se había parado a comprar a mitad de camino y se puso un piti en la boca, lo encendió y aspiró profundo disfrutando de ese momento de tranquilidad, soltó el humo relajadamente.

-Esa mierda te va a acabar matando. –le dijo alguien a sus espaldas abriendo los ojos en el acto, desde el primer segundo supo que no era Irene. Metió la mano automáticamente en el bolsillo, el tacto del cuchillo a través del trapo en el que lo había envuelto le tranquilizó.

-¿Y eres tú el más indicado para decirme eso? –dijo con el tono más desagradable que pudo mientras se daba la vuelta para enfrentarse  a la persona que había estado buscando el día anterior. –Estuve en tu casa ayer ¿Sabias?

Jaime soltó una risa nerviosa asintiendo con la cabeza, seguía teniendo la misma ropa que el día del entierro.

-Algo nos dijeron si, también se que tuviste un encontronazo con alguien allí, me alegró saber que no te pasó nada. –David se dio cuenta de que Jaime era incapaz de dirigirle la mirada  ¿Acaso estaba colocado en esos momentos? Se había jurado a si mismo que le echaría en cara todo en cuanto se encontrara con él, pero en ese momento, y dado todo lo sucedido en las últimas horas, simplemente no supo qué hacer, estaba demasiado cansado.  – ¿Me das uno? –le dijo señalando el cigarro, la mano le temblaba por el mono, David le lanzó la cajetilla y el mechero, se puso a su lado, los dos de cara a la fachada tranquilamente fumando bajo la atenta mirada de Fray Luis de León.

En esa noche fría de invierno, en silencio, simplemente viviendo el momento parecía que ninguno se atrevía a decir nada.

-¿Eres tú el que me ha mandado el mensaje? –Jaime se limitó a asentir mientras le daba una calada al cigarro. -¿Qué estás haciendo aquí?

-¿A qué te refieres? –David no supo responderle, el simple hecho de decir en voz alta que esa realidad no era su realidad le hacía parecer que había perdido completamente la chaveta. –o sea que lo sabes.

Esa afirmación repentina le hizo girarse hacia Jaime, éste seguía sin embargo disfrutando del frente del edificio de  escuelas mayores. Una sonrisa amarilla se mostraba en su cara asimétrica de tantos años con la adicción.

-¿Quién te lo ha dicho? –David no respondió, Jaime tiró la colilla al suelo apagándola con el pie. –sígueme. –se limitó a decirle. Caminó hacia uno de los dos portones no girándose para ver si le hacía caso. –sentimos mucho lo ocurrido con Iván, debimos estar más al tanto de él.

-Le asesinaron. –las palabras le salieron con tristeza y rabia, echaba de menos a su amigo y con lo ocurrido, aun no había tenido tiempo de llorarle. Viendo a Jaime a su lado, ya no sentía ningún odio hacia él, era cierto que había tenido parte de la culpa de que sus amigos hubieran echado sus vidas a perder, pero viéndole de cerca, completamente consumido por aquello que vendía, no podía sentir más que pena.

-Lo sabemos, por eso estamos aquí, pero no quita que pudimos hacer más por él en su momento, te ves como la mierda por cierto.

David no podía llevarle la contraria en esa afirmación, las ojeras de dormir mal, la ropa usada de más, la barba desaliñada al igual que los pelos, hasta la gabardina necesitaba un lavado.

-¿Cómo que lo sabes? ¿Sabes de las personas con el anillo tatuado? ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Por qué me has traído aquí?

Jaime se acercó a uno de los portones y llamó con el nudillo, no tardó en oírse la respuesta de unas llaves que les abrían.

Ante ellos se encontraba un hombre de unos sesenta años con un manojo de llaves en la mano.

Su aspecto era el clásico de los profesores de universidad, pantalones chinos, camisa de cuadros, a medio afeitar… en general la típica indumentaria elegante y dejada de un hombre que desprecia lo que hace, o por el contrario, ama despreciar al resto.

Jaime tiró del cuello de su chándal dejando a la vista la clavícula. El tatuaje de la calavera de cuervo tan característico suyo quedó iluminado con la luz de los focos reflejada en la fachada. David no le recordaba sin él, se lo debió de hacer tiempo antes de que se hubieran conocido, cuando sus vidas aún tenían alguna esperanza y ellos no eran más que niños con sueños en la cartera.

-Hacia mucho que no pasabas por aquí. –dijo el hombre dejándoles paso al interior.

El acceso daba, tras un pequeño espacio de entrada,  directamente al claustro del edificio de escuelas mayores. Estaba gobernado en el centro por una enorme secuoya centenaria que superaba en altura a dicho claustro.

-Regalo de Federico de Onís en 1870. –dijo Jaime viendo que David se había quedado mirando al árbol centenario.

-¿Ahora me vas a dar una clase de historia? –Dijo David en un tono despectivo.

-Precisamente vamos a hacer eso, si. ¿Sabías que aquí nuestro colega Fede era hijo del bibliotecario y encargado del archivo de la universidad de Salamanca?

Siguieron andando hacia el otro lado del claustro donde se situaban las enormes escaleras de piedra que se dirigían al segundo piso. David no podía dejar de mirar el árbol del centro, el hombre que les había abierto, se mantenía en silencio siguiéndoles unos pasos por detrás, delante estaba Jaime, con la manga derecha del chándal subida hasta el codo mostrando todos los pinchazos de antebrazo completamente esquelético. No paraba de rascarse dándole una sensación de nerviosismo que no encajaba en su comportamiento.

-Si miras a tu izquierda podrás ver la capilla de San Jerónimo, construida por Simón Gavilán Tomé entre 1761 y 1767, gran arquitecto peor persona. –dijo poniéndose una mano en el pecho y haciendo una pequeña reverencia. –que por cierto, también trabajó en la catedral nueva.

 Al otro lado está el Paraninfo, también llamado salón de actos de la universidad, paraninnnnfoooo, nos gusta esa palabra. –Jaime parecía estar disfrutando de la situación. – ¿Habías estado antes aquí de noche?

 

David negó con la cabeza, ¿Cómo era posible que les hubieran dejado pasar así sin más abriéndoles completamente las puertas? Ese lugar pertenecía a la universidad, y no solo estaba cerrado por las noches, sino que normalmente había que pagar para entrar durante el día.

Se fijó en Jaime para asegurarse de que aquella persona era la misma que había conocido años atrás, habían pasado cuatro años desde la última vez que habían hablado.

Al acercarse a las escaleras David se quedó petrificado, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, metió inmediatamente la mano en el bolsillo agarrando la empuñadura del cuchillo de cocina.

-¿Qué ocurre? –Preguntó Jaime dándose la vuelta en cuanto se dio cuenta de que David había parado en seco. Miró hacia donde él miraba y sonrió. –imagino que sabrás qué son siendo de aquí.

Ante ellos, cubriendo las paredes de piedra arenisca, se encontraba numerosas pintadas, todas ellas parecidas y a su vez, ninguna igual que el resto. Estaban pintadas de un color rojo sangre compuestas todas por las mismas letras, “Vítor”

-Son los Vítores, los tatuajes de Salamanca. –continuó hablando Jaime viendo que David no contestaba. Los edificios históricos de la universidad están repletos de ellos, cada uno representa un logro que ha conseguido una persona a lo largo de su vida y que queda inmortalizado entre estas piedras, una huella dejada para la posteridad de sus habitantes más destacados.

Debajo de cada uno estaba la fecha de cuando se habían pintado, aparte de eso no guardaban ninguna información.

Entre todos los Vítores, había uno que le hubiera pasado desapercibido al David de la semana pasada pero que ahora, sin embargo, no podía dejar de mirar. Las pulsaciones le habían aumentado, el sudor había vuelto pese al frio de la noche.

Entre todos los Vítores había uno con dos letras de más colocadas de una forma que David conocía muy bien. La U y la S, ambas en continuidad.

-¿Sabías que la cruz gamada provino inicialmente de los Vedas? Las escrituras sagradas del hinduismo que no tenían nada que ver con lo mencionado en “Mi lucha” de Hitler. Los nazis cogieron algo que podía haber sido hermoso, que se utilizó previamente en varias religiones, y lo transformaron en un arte prohibido, la vergüenza de la humanidad.

-¿Qué me quieres decir con eso? –Apretaba el cuchillo con fuerza a la espera de cualquier ataque inmediato.

-Ese Vítor que estas mirando puede ser uno de los más importantes que pueda tener esta ciudad. Vítor a la amada Ubi Sunt, un Vítor a la igualdad de todos los hombres, a su mortalidad que hace que la vida tenga sentido. No confundas un símbolo hermoso con unos ideales peligrosos y perversos, ellos se apropiaron de él sin permiso de su dueña, culpa a aquellos que la difaman usándolo y no temas aquello que no debe ser temido.

-¿Estás diciendo que esto no tiene nada que ver con aquellos que mataron a Iván?

-Estoy diciendo que este Vítor es tan antiguo que nadie sabe su fecha exacta, el único Vítor sin fecha escrita bajo él y que los estudios de su tinta lo datan de antes de haberse construido siquiera este lugar.

-Si fuera eso cierto ¿Cómo es que no es tan conocido como debería?

-Lo conocen aquellos que deben, para el resto no es noticia. –dicho esto se dio media vuelta y empezó a subir los escalones. -¿Continuamos con la visita?

-¿Qué sabes de esta secta?

-No nos corresponde a nosotros decírtelo. Esa información ya te llegará a su debido tiempo supongo, pero no es a lo que venimos. Como ya te he dicho, venimos a una lección de historia.

El hombre que les había abierto les estaba esperando en la planta de arriba justo en frente de la puerta de la biblioteca de la universidad.

-Espera un segundo, ¿Vamos a entrar en el fondo antiguo?

-Aquí se encuentran libros de hasta 800 años de antigüedad, libros que nunca podrán ver la luz debido a sus condiciones, solo personas muy selectas han tenido trato con dichos volúmenes a sí que te ruego que tengas cuidado, no toques nada y haz lo que se te pida.

El hombre les tendió unos guantes de terciopelo para que se los pusieran, Jaime cogió a su vez unos cordones con pesos en los extremos.

-Los libros que vamos a ver son muy delicados. –le explicó. –muchos de ellos no se pueden abrir por completo y tienen las hojas a punto de convertirse en polvo,  cuanto menos las manipulemos mejor. Estos cordones son para sostener las páginas y evitar que las sujetemos con la mano mientras están abiertos.

El hombre les abrió la biblioteca, era una sala rectangular con librerías en sus cuatro lados, llegaban desde el suelo a unas bóvedas de crucería guarnecidas en un color amarillento. Allá donde mirara veía las paredes repletas de volúmenes, no había ni un solo ejemplar que pareciera ser de ese siglo.

Justo en la unión entre las librerías y las bóvedas, se situaban varias ventanas por donde entraba una tenue luz de las farolas del exterior.

En el centro de la sala se encontraban varias mesas y atriles de madera, todos ellos rodeados por sillas antiguas con reposabrazos de madera dejando unos pasillos, entre estos y los atriles, de manera que todo aquel que tuviera trato con los volúmenes, tendría que hacerlo de pie.

El ambiente era cerrado pero no se hacía claustrofóbico, la sensación era de estar respirando un aire seco con el típico olor a libro antiguo.

No había iluminación eléctrica de ningún tipo por lo que entraron prácticamente a oscuras sirviéndose de la poca luz que entraba por las ventanas.

El hombre que les había estado acompañando se adelantó escogiendo varios volúmenes de distintos estantes, el tratamiento era de sumo cuidado, como si portara entre sus manos un elemento que se pudiera romper con solo mirarlo.

Escogió con cuidado para evitar tener contacto innecesario con otros ejemplares, se acercaba a una librería, se quedaba un rato mirándola, cogía un libro y lo llevaba lentamente a uno de los atriles posándolo  completamente cerrado. Posteriormente se daba media vuelta y repetía el mismo proceso hasta haberlo hecho varias veces, uno por uno, con lentitud y tocando lo menos posible los volúmenes.

David y Jaime esperaron en silencio en la puerta. Por un momento David se olvidó de su situación disfrutando el encontrarse en aquel lugar, siempre había querido entrar pero actualmente era imposible por motivos lógicos, miró al personaje que tenía a su lado con sus pintas de drogadicto, tembleques incluido, y se preguntó quién era realmente aquella persona, estaba claro que sabía de todo aquel mundo tan nuevo para él, ¿Sería también un no nacido?

El hombre que les había abierto y les había llevado hasta allí, le había tratado en todo momento con un gran respeto llegando a parecer completamente absurda la situación, pese a todo, ahí estaban ellos, en una sala a la que muy pocos tenían acceso.

Una vez hubo acabado de preparar todo, el hombre les hizo una señal para que se acercaran, Jaime fue primero, se movía como si estuviera habituado a aquella situación, el hombre se dirigió directamente a él.

-Avísenme cuando hayan acabado. –dicho esto, y para sorpresa de David, salió por la puerta dejándoles completamente solos.

Jaime caminó lentamente dando una vuelta por la sala, su voz, pese a ser prácticamente un susurro resonaba pudiéndose entender perfectamente.

-Pese a estar creándose continuamente nuevos universos, extrañamente esta sala siempre es la misma, mismos libros, mismas historias y conocimientos.

David estaba de pie completamente quieto siguiendo a su compañero con la mirada.

-No tenemos la más mínima idea de cuánto es lo que sabes, pero sí sabemos que eres consciente de que esta ciudad no es la tuya pese a serlo. No tenemos mucho tiempo para mostrarte todo pero haremos cuanto podamos, llegado mañana tendrás que haber cruzado de nuevo a tu lugar de origen. –Se fue acercando al primer atril ocupado por un tomo grande, le hizo una señal para que se acercara. –ahora dinos. –le miró por primera vez directamente a los ojos mostrando una seriedad y una consciencia nada común en él. A David no le sorprendió ver que los tenia rojos – ¿Qué sabes realmente de la escalera de Penrose?