miércoles, 11 de noviembre de 2020

TRES (Noticias)

 


Si la escalera de Penrose existiera, seria la puerta perfecta a todas las realidades, aunque no habría forma de controlar el destino ya que todos los espacios serian uno al mismo tiempo.

De esta forma dicha escalera se convertiría en un laberinto de posibilidades en la que su propietario se vería envuelto, afectando así a todos los universos.

Un poder imposible de controlar.

U.S

 

David despertó con la sensación ya tan familiar de haber bebido demasiado el día anterior. Boca pastosa, garganta dolorida y seca, vientre hinchado con ganas de evacuar con urgencia, y un dolor de cabeza y de cuerpo que parecía que le habían pegado una paliza en algún momento de la noche y no se acordara, cosa más que probable.

Se levantó y se fue al baño. Se dio cuenta que aun llevaba puesto el traje que había usado para ir al funeral de Iván. Al menos se había molestado en quitarse los zapatos dejando a la vista unos calcetines desteñidos de color rosa.

Necesitaba una ducha con urgencia, eso y lavarse los dientes, entre retortijón y retortijón logró llegar al baño. Se asearía, desayunaría y una vez se sintiera un hombre nuevo, se plantearía como proceder con el día que le esperaba.

Miró entre sus bolsillos y sacó la tarjeta negra con la escalera dibujada. Le había gustado aquella extraña situación con aquella mujer, el día anterior solo había tenido esa cosa que se salvara.

En el otro bolsillo estaba arrugada la foto que le habían dado en el Yelinas, cinco chavales despreocupados de la vida viviendo el momento sin tener ni idea de lo que se les venía encima. Echaba de menos esos tiempos en los que lo peor que les podía pasar era la bronca de sus padres al llegar borracho a casa. Ya ni siquiera el que había sacado la foto estaba vivo. La dejó en la mesilla de noche, prefería no tenerla encima durante ese día.

 

El desayuno se basó en líquidos, café, colacao, zumo de naranja y por qué no, un traguito de petaca recién rellenada, la cura de una buena resaca siempre había sido continuar bebiendo. Se guardó un bollo para el camino y salió del hotel dispuesto a buscar dónde había dejado el coche la noche anterior. Había decidido que la primera orden del día seria visitar a los padres de Iván, quería quitarse ese mal trago lo antes posible.  Sentía que hacía siglos que no les veía, prácticamente desde que habían empezado a salir con Jaime, siempre se habían comportado bien con él aunque, ¿Eso no es lo que hacen todos los padres con los amigos de sus hijos?

Apenas tardó media hora en encontrar su chatarra con ruedas. Le había cogido cariño a ese trasto, se lo había comprado con los primeros sueldos, que no fueron pocos, que había tenido en Granada. Era de segunda mano y tenía sus problemas, pero le llevaba  allá a donde quisiera ir.

El piso de los padres de Iván, hasta donde él les había conocido, estaba en un barrio a las afueras de la ciudad, una de esas urbanizaciones en las que solo se podían diferenciar las casas por el número que tenían en la puerta.

Se acercó a la puerta rezando para sus adentros que se hubieran mudado de casa en esos años.

Llamó a la puerta y en seguida escuchó a la madre de Iván desde el otro lado. Nada más abrir sus caras se encontraron, los dos se habían reconocido. Ella se puso a llorar en el acto, de alguna manera había estado esperando todos esos años aquella visita.

El momento de silencio que prosiguió a eso se vio solo roto por los sollozos de aquella mujer que tiempo atrás les había preparado alguna que otra merienda.

Las piernas de ella fallaron.

David la cogió entre sus brazos evitando que se callera al suelo. Al otro lado del hall había aparecido corriendo su marido para ayudarle a sujetarla.

Entraron en la casa, David cerró la puerta detrás de él, sus ojos estaban empañados en lagrimas, no había necesitado decir ni una sola palabra y ya estaba todo dicho. No había tenido que hacer nada y aun así, había sido lo más difícil que había hecho en su vida.

La dejaron sentada en el sofá del salón. Estaba igual que la última vez que había estado allí, la mesa de cristal en el centro rodeada de asientos, la librería que ocupaba una pared entera de la estancia, hasta las fotos, allí estaba Iván en todas, le habían abandonado y en cierta forma no se habían olvidado de él.

Era la clara prueba de que habían sido ellos cinco los culpables de su situación y no su entorno. La gente de su alrededor había hecho todo lo posible para que no acabaran tal y como al final acabaron. Justo en ese momento decidió que iría a ver a sus padres después de todo eso.

David esperó de pie en lo que veía como hombre y mujer se abrazaban llorando a pierna suelta. Se sentía completamente fuera de lugar. Finalmente Román, el padre de Iván, habló.

-¿Fue el veneno ese que se metía en las venas? –David asintió. –siempre supimos cómo iba acabar aquello, ¿Es que no aprendió al ver a vuestros otros amigos consumirse? –su tono de voz, pese a ser de enfado, también dejaba salir la desesperación y la impotencia que habían sentido todo ese tiempo. –vivíamos en la misma ciudad y no nos vimos ni una sola vez. No quería saber nada de nosotros, nos echaba la culpa por no aceptarle tal y como era, no entendía como había tirado toda su vida por la borda. No sabíamos que más hacer, simplemente no podíamos seguir dándole dinero para que se colocara, no podíamos ser los responsables de su muerte y sin embargo no dejamos de serlo.

Parecía que trataba de excusarse por algo de lo que no tenía la culpa.

David se limitó a estar callado de pie. No sabía qué decir ni qué hacer.

-Le enterraron en el mismo lugar que su abuelo. El funeral fue ayer, creo que una periodista con la que trabajaba se encargó de todo. –era cierto, se había olvidado hablar sobre eso el día anterior con Alex,  la próxima vez que la viera tendría que preguntárselo.

-¿Una periodista? ¿Qué tenía que ver una periodista con mi hijo? –esta vez fue la madre. –mi pobre niño, ¿Qué hicimos mal? Tratamos de ser unos buenos padres.

-Le viste antes de…

David negó con la cabeza.

-Estaba en Granada cuando me avisaron. Al igual que ustedes llevaba años sin verle, debí haber sido mejor amigo. –sus lagrimas brotaron. –lo siento mucho debí haber sido mejor amigo, debí haber estado allí. -repitió.

La mirada de odio con la que Román la había estado mirando desde que había aparecido por la puerta se tranquilizó en el acto.

-Todos lo hicimos mal.

-Si hubiera sabido que no estabais al corriente les hubiera avisado antes del funeral. –según lo dijo supo que no era cierto. Hasta hacia apenas unas horas había dudado tan siquiera el ir allí a darles las malas noticias.

-No nos quiso en vida, dudo mucho que nos quisiera allí. –El padre de Iván se había calmado un poco, seguía abrazando a su esposa, poco a poco estaba volviendo a parecerse a aquel hombre recto y serio que recordaba.

La media hora que estuvieron así se hizo interminable. Finalmente, cuando se hubieron calmado un poco, David se atrevió a despedirse de ellos.

Lucia, la madre de Iván, le preguntó un poco más sobre su vida, se agarraba a él como si fuera la única cosa que le quedaba de su hijo muerto, y en cierta forma lo era.

Le invitaron a comer al día siguiente, invitación de la que no pudo hacer otra cosa que agradecer y aceptar. Dos besos, un abrazo, un pésame y quedaron para el día siguiente antes de que David volviera al coche.

David se quedó aun media hora delante del volante antes de decidirse a arrancar. Sacó la petaca, la miró y la dejó en la guantera, ahora le tocaba otra visita y no iba a ser menos dura que esta primera.

 

Su barrio seguía las reglas del resto de la ciudad. Había cambiado completamente y aun así, era el mismo que había dejado atrás. Muchos de los locales seguían siendo los de toda la vida, otros simplemente habían cambiado o habían desaparecido. A lo largo del camino se cruzó con algún que otro anciano que hizo por reconocerle aunque se viera que no estaba completamente seguro de ello. El ambiente seguía estando ahí, había nacido en una buena zona.

Miró hacia arriba y no se sorprendió al ver que su balcón seguía siendo el más florido del edificio. A su padre siempre le había gustado la jardinería,  estaba seguro que sus padres no se habían movido de sitio.

Eran casi la una lo que significaba que aun no habrían llegado del trabajo. Decidió buscar el estanco más cercano, con todo lo sucedido en tan corto periodo de tiempo se había quedado sin cigarrillos.

Recordó que su padre siempre iba a uno que estaba en la esquina  de esa misma calle. Recordaba que de pequeño,  hacia todo lo posible por dejar aquel vicio y, en el peor de los casos, se escondía para que él no pudiera verle. Siempre había sabido que fumaba pero las veces que realmente le había visto hacerlo habían sido contadas.

Entró en la tienda. Seguía igual que siempre. Hasta el dependiente seguía siendo el mismo, un viejecito con unas gafas de culo de vaso que demostraban lo increíblemente poco que debía de ver.

Se quedó un rato en la puerta no sabiendo muy bien si le reconocería o no. Finalmente, al ver que ni siquiera le prestaba atención pidió varias cajetillas de la marca más barata y salió a echarse el primer pitillo al parque que había enfrente.

Estaba nervioso, no sabía muy bien cómo iban a responder ante la situación de encontrarse con su hijo desaparecido en la puerta de su casa.  No sabía cómo se los iba a encontrar, ¿La edad se les habría echado encima? Estaba claro que a él sí, esos últimos cuatro años era como si hubieran sido diez. No se podía decir que hubiera llevado una vida saludable, estaba más flaco de lo normal. No hacía deporte pero el curro tampoco le había dejado tiempo para ello. Lo de ocho horas de trabajo diarias cinco días a la semana su jefe se lo había pasado por el forro, ni fines de semana ni vacaciones, y mucho menos se podía decir que hubiera tenido un horario fijo con el que salir a una hora determinada.

David había descubierto de la forma más dura posible, que la crisis de la que hablaban todos los políticos no era real. Trabajo había  por todos lados pero para su desgracia, esa excusa de la crisis permitía a los empresarios explotar a sus trabajadores de una forma indecente. O aceptabas sus condiciones, o te ibas a la calle. Empleo había por todos lados, todos ellos con condiciones de mierda fuera de la legalidad.  Y nadie hacia nada, al fin y al cabo, estaban en “crisis”

Se rascó la barba arrepintiéndose en el acto de no haberse afeitado esa mañana. Las ojeras ya formaban parte de su cara estuviera descansado o no y las mejillas hundidas solo demostraban de nuevo su marcada delgadez.

Por suerte siempre había tenido una complexión grande, su metro noventa y sus amplias espaldas hacían que pese a todo, su presencia no pasara desapercibido.

Vio que su camisa limpia estaba bien abrochada, se la metió por dentro del pantalón, se atusó un poco el pelo, la gabardina estaba un poco vieja, pero había decidido que ese día, si volvía a llover, no le pillaría desprevenido.

Tras finalizar un cigarro se encendió el siguiente con los restos del primero. No recordaba la última vez que había estado tan nervioso, ir a la casa de los padres de su amigo había sido una experiencia tensa, pero nada que ver con volver a ver sus propios padres.

Miró la hora, treinta minutos más en ese banco y se encaminaría hacia la casa donde había vivido la mayor parte de su vida, ¿Habrían dejado intacto su cuarto? No se lo había planteado hasta ese momento. Tampoco es que importara, si algo tenía claro es que no iba a volver a dormir entre esas paredes, pero ¿Seguirían estando sus cosas de la infancia allí o las habrían acabado tirando?

Recordó el salón de los padres de Iván con todas las fotos de su hijo, como si nunca hubiera pasado el tiempo. ¿Sería lo mismo en su caso?

Se levantó, se encendió el tercero, y se dirigió tranquilamente hacia el portal en el que tantas noches se había quedado dormido después de volver de fiesta. Allí había besado a su primera novia, se habría liado el primer piti, se había pasado tardes hablando con sus amigos... Según se acercaba su corazón parecía que se le iba a salir del pecho.

Por suerte se encontró la puerta de la calle abierta por lo que no tuvo que llamar al telefonillo, prefería que se lo encontraran directamente en la puerta de casa.

La subida en el ascensor se le hizo insufriblemente larga. Se olió el aliento dándose cuenta de que no tenía que haber estado fumando segundos antes. Se sentía como un niño pequeño a la espera de una regañina.

Se quedó en el rellano unos segundos en silencio antes de decidirse a llamar. Era la segunda vez en el día que se encontraba en esa situación, solo esperaba que todo aquello no durara mucho.

Abrieron la puerta. Su padre seguía igual, no supo que decir, no le salían las palabras, solo sentía su corazón bombear sangre sin parar, casi se había olvidado hasta de respirar.

El silencio se hizo interminable. David padre abrió los brazos para recibir a su hijo que volvía a casa.

miércoles, 4 de noviembre de 2020

DOS (Alex)

 


Seamos realistas, la vida de una persona se compone de tres aspectos, valentía, trabajo y suerte.

Valentía para aceptar todas las oportunidades que van apareciendo por tu camino.

Trabajo y esfuerzo para conseguir aquello que te propones, nada es gratis.

Suerte para tener las capacidades de lograrlo y para que todo lo que te rodea no te  joda y te descuartice en mil trocitos no teniendo en cuenta las dos cualidades anteriores.

U.S

 

El Yelinas seguía tal y como lo recordaba, seguía siendo exactamente el mismo antro sin cumplir seguridad contra incendios,  que había dejado años atrás.

Parecía que había recuperado toda la clientela que no tenía en aquella época ya que apenas quedaban mesas libres. Reconoció la canción que estaba sonando en ese momento, “La caza” de Tahúres zurdos, siempre le había gustado aquel grupo. Se acercó a la barra y le hizo un gesto a la camarera con la mano, ella le guiñó un ojo haciéndole ver que le había visto.

-Yo te conozco. –dijo nada mas acercarse. Viendo la cara de extrañeza que había puesto David ella se rió. –mucho teníais que venir a este sitio para acabar en el muro de los recuerdos. –señaló un corcho con unas pocas fotos que había al otro lado de la barra. –parece que no has tenido un buen día. ¿Qué te pongo?

-Una pinta. –dijo gritando por encima de la música. Se quitó la chaqueta mojada dejándola en un taburete y se revolvió el pelo. Era cierto que había pasado prácticamente toda su infancia en aquel bar. Todas las tardes en las que había vivido allí las había pasado con sus amigos bebiendo cerveza y jugando a los dardos, de hecho, recordaba que se llevaban muy bien con el antiguo dueño, un hombre bajito que les ofrecía pintas gratis los días que tenía poca clientela, que en aquella época eran la mayoría. Hoy en día parecía que aquello había cambiado. Pese a ser las mismas paredes polvorientas y las mismas mesas de madera llenas de mensajes tallados, parecía que aquel lugar no había vivido tiempos mejores, los jóvenes bebían y reían disfrutando de la música y el espacio de ocio que ese lugar proveía.

-Aquí está la cerveza y aquí la foto, se ve que eras más joven pero te he reconocido en el acto. –la chica le había acercado una foto, hecha con polaroid, donde se encontraban cinco jóvenes tras esa misma barra de bar con unas jarras delante. Parecían contentos, ninguno de ellos esperaba que años después, solo uno estuviera vivo viendo esa foto tras haber asistido al funeral del último de ellos. Los ojos se le empañaron en lágrimas, lo cierto es que si que había tenido un día de mierda.

-¿Puedo quedármela? –ella al verle la cara asintió con la cabeza.

-Es toda tuya, poco a poco el muro se va haciendo más pequeño, la gente va recogiendo sus fotos con el tiempo. A mí me gusta verlas cuando nadie me pide nada, son fotos con historia ¿sabes? Por eso te reconocí nada más verte pasar por esa puerta. 

¿Ya no vives por aquí? Me extraña que esta sea la primera vez que te veo, como he dicho antes, mucho teníais que venir si acabasteis en ese corcho.

-A decir verdad veníamos todas las tardes. Me he gastado más en este bar que en todos mis estudios. –no podía parar de mirar a la foto, finalmente se la metió en el bolsillo del pantalón. Se dio cuenta que la tarde en la que fue sacada fue la última vez que habían estado todos juntos ¿Cuándo había sido, nueve, diez años atrás? La chica no debía de tener más de 22 por aquella época, no tendría siquiera edad para beber. –y dime, ¿Qué ha sido de Guti? ¿Sigue por aquí? Recordaba a aquel viejo como si no hubiera pasado el tiempo. Muchas veces se unía a las partidas de cartas no haciendo caso al resto de los clientes. Con ellos siempre se había portado de forma amable, les había cuidado hasta el último momento y hasta les había reprochado que empezaran a salir con Jaime, quien posteriormente se convertiría en su camello y verdugo particular. Estaba claro que habían confiado en quien no debían.

-Guti murió hará tres años. –contestó con completa indiferencia. –un ataque al corazón, le cedió el Yelinas a su hija. No debía de llevarlo muy bien en su momento porque fue ella la que hizo que volviera a tener todo este ambiente.

“Otro más para el hoyo” –pensó dándole un trago a su pinta.

-El muro de los recuerdos se mantuvo en su honor pero, como ya he dicho antes, poco a poco las fotos van volviendo a sus legítimos dueños. Si me disculpa el deber me llama. Si necesita cualquier cosa no dude en avisarme, bienvenido de nuevo al Yelinas. –le volvió a guiñar un ojo y se dirigió a otro cliente que le estaba señalando una copa para que se la llenara.

David cogió su cerveza y su chaqueta y se dirigió a la primera mesa que vio vacía. En ese momento estaba empezando a sonar la canción de “Azul”, parecía que esa noche iba de Tahúres zurdos la cosa.

Estaba cansado, tanto física como psicológicamente se sentía desbordar por todos lados. El viaje del día anterior había sido de ocho horas metido en el coche pensando en tiempos mejores, no había parado de fumar desde aquellas. Estaba mojado, tenia frio, le dolía la cabeza y se sentía algo mareado de todo lo que había bebido, pero en cierta manera sabia que tenía que estar allí en ese momento, su segunda casa, donde habían pasado tantas horas buenas protegidos de un exterior que les acabaría abandonando.

No había comido nada desde el día anterior, pero su barriga no le reprochaba la ausencia de ningún solido y mientras su cerebro no lo pidiera, él se iba a limitar a beber.

Se bajó la corbata más de lo que estaba, no quería quitársela porque sabía que la acabaría perdiendo.

No tenía ningún plan de futuro, en ese mismo momento lo único que quería era pasarse la noche bebiendo y brindando por los que ya no estaban hasta caer rendido. Después ya se preocuparía de cómo ir al hotel  y los problemas del día siguiente. Simplemente había decidido dejarlos para su yo del futuro.

Por el momento solo quería beber.

-¿Le importa si le hago compañía? No quiero beber sola. –la voz de mujer le sacó de su ensimismamiento. Levantó la vista del vaso para encontrarse cara a cara con la desconocida que había estado en el cementerio con ellos. Señaló la silla que había vacía sin decir nada.

-¿Acaso me está siguiendo? –en el momento en el que las palabras le salieron por su boca, se dio cuenta que el tono irónico con el que pretendía decirlas se había transformado en una especie de reproche.

-Créame, para mí ha sido toda una sorpresa encontrarme con usted aquí. –bebió un trago de la cerveza que había traído consigo. –me llamo Alex. –dijo tendiéndole la mano. Aun seguía con el vestido  con el que la había visto en el cementerio, el pelo  rubio sujeto en un alto moño aun se mantenía en perfecto estado, claramente era una mujer que no pegaba en ese ambiente y mucho menos con un litro en la mano.

-David. ¿Era amiga de Iván?

-Conocida más bien, me estaba ayudando con un asunto. No sabía que la heroína le tenía tan cogido.  –al echar otro trago, David se dio cuenta de que en el anular de la mano derecha tenia tatuado un anillo con lo que aparentaban ser dos siglas, una U y una S. –de cuando era niña. –dijo al darse cuenta de lo que estaba mirando. –una nunca puede huir de su pasado. –le sonaba haber visto ese símbolo en algún lado pero no le dio más vueltas.


-Y dígame, ¿De dónde es? No logro situar su acento.

Alex se atragantó, le había hecho gracia el comentario.

-Nunca he sabido responder bien a esa pregunta la verdad, nací en España pero prácticamente desde pequeña me he estado moviendo de un lado a otro. Supongo que después de muchos años sin hablar el idioma, mi español ha quedado un poco oxidado aun siendo mi primera lengua. –silencio. –siento lo de su amigo, ¿Erais muy cercanos?

Le costó responder por un momento a aquella pregunta, la verdad es que ya no lo tenía claro.

-En su día lo fuimos. Luego nuestros caminos se fueron separando prácticamente sin darnos cuenta hasta que, de un día para otro, no volvimos a saber más  del contrario. Si te soy sincero no sabía que había sido de él hasta que me llamó la policía para contarme la noticia. ¿En qué la estaba ayudando si no es meterme donde no me llaman?

-Soy periodista. Estaba siguiendo una noticia en la que su amigo me podía ayudar a recabar información. Aun estoy metida en el asunto por lo que no puedo hablar mucho del tema, pero su amigo fue de gran ayuda. Después de esto me da que me quedaré en esta ciudad más tiempo del debido.

-Yo me quedaré unos días más también. Alguien tendría que avisar a los padres de Iván de lo ocurrido, nunca se preocuparon por él en vida, pero tienen derecho a saberlo. Mañana va a ser un día duro. –se sentía cómodo hablando con esa mujer. Según se terminó su jarra hizo un gesto para pedir otra, la camarera no tardó en llevársela a la mesa.

No tenía ninguna prisa por irse a la habitación de hotel. Era cierto que no sabía cuánto tiempo se quedaría allí, en cierto modo echaba de menos aquella ciudad. Tenía muy malos recuerdos pero todos ellos se veían emborronados por el tiempo y los buenos momentos. Al día siguiente iría a darles la mala noticia a los padres de su amigo. No tenía muy claro como se lo tomarían, por una parte no habían querido saber nada de su hijo en los últimos años, por lo que sabían podía haber muerto mucho tiempo atrás pero por otro lado… eran sus padres, eso no se lo quitaba nadie. Casi sin quererlo también pensó en los suyos propios. Prácticamente hacía el mismo tiempo que no sabía de ellos que su amigo. En este caso había sido él el culpable en desaparecer, simplemente no soportaba sentirse la oveja negra de la familia, el hecho de no haber acabado la carrera podía sonar como algo sin importancia pero la realidad es que había tirado su vida por la borda con esa decisión. Él lo sabía pero también sabía que no podía continuar de esa forma, psicológicamente había acabado destrozado, y eso era lo que sus padres, acostumbrados a animar a su hijo a trabajar y trabajar, no habían entendido.

Aun no tenía claro qué hacer con respecto a ese tema, pero sí que tenia cosas que hacer antes de plantearse tan siquiera esa situación.

Se dio cuenta de que se había quedado en silencio demasiado tiempo. Alex se había limitado a mirarle con curiosidad mientras seguía bebiendo de una nueva jarra, no se había dado cuenta siquiera que la camarera había vuelto a servirles.

Aun así se sorprendió al ver que no sentía que la situación fuera incómoda. Esa mujer tenía algo que infundía tranquilidad, estaba claro que pertenecían a dos mundos distintos. Él era en todos los términos un puto desastre y ella era la típica mujer que se llevaba un paraguas por si acaso llovía en ese día soleado.

-¿Le puedo hacer una pregunta que lo mismo no tiene mucho sentido? –fue ella la que rompió el silencio, obviando todo el ruido que había a su alrededor. David se limitó a asentir. – ¿Le suena el concepto de la escalera de Penrose? –la pregunta iba acompañada con una tarjeta que acababa de sacar de su bolsillo. David la cogió con un interés nuevo en aquella mujer, se había esperado cualquier cosa menos eso.

La tarjeta, completamente negra, tenía dibujada una escalera infinita en blanco ocupando su centro. Al verla se dio cuenta de a qué se refería Alex, aunque no tenía la menor idea de a dónde quería dirigir esa conversación.

-He oído hablar de  ella en algún momento, es la escalera imposible que empieza y termina en el mismo punto ¿No? Ese tal Penrose era un matemático o algo así. ¿Tiene esto algo que ver con el artículo con el que te estaba ayudando Iván? Porque le puedo asegurar que Iván era muchas cosas, pero en lo que se refería a las matemáticas…

Alex se quedó un momento mirando su cara, como si estuviera buscando alguna reacción de algún tipo.

-Algunos dicen que hay un caso en particular en el que esa misma escalera, imposible en el mundo físico que conocemos, podría ser posible. Siempre me ha llamado la atención esta imagen, ¿Cómo puede ser que algo que sabemos que no es real pueda llevarse al dibujo y lo aceptemos tal y como es? –Alex pareció decepcionada, como si hubiera esperado otro tipo de reacción por parte de David.

-¿Es un asunto de perspectiva no? –No podía de dejar de mirar aquella imagen, en cierto modo ella tenía razón a la hora de decir que era algo digno de interés. – ¿Y bien? ¿Cuál sería ese caso? –no sabía por qué había sacado ese tema en particular, pero le gustaba que por un momento pudieran hablar de cosas sin importancia dejando todas las preocupaciones a un lado.

-En el mundo real tal y como lo conocemos sí, es perspectiva. La única manera que pudiera ser posible una escalera así, es que los escalones del principio y el final estuvieran a la vez en esas dos posiciones, es decir, que ese punto de unión ocupara dos espacios y a su vez, solo fuera uno.

En cierta forma, lo que Penrose dibujó aquí fue un puente entre dimensiones, el típico “multiverso” que está hoy en día de moda, ¿No te resulta interesante?

David se dio cuenta en ese momento de que estaba sonriendo, casi le resultaba extraño sentir ese gesto en su cara. Estaba claro que, pese a las apariencias, aquella mujer estaba lo suficientemente loca como para haber andado con su amigo. Alex había pasado de ser una mujer al margen de aquel mundo de bajos fondos, a alguien que parecía más bien obsesionado con un tema tan extraño como aquel. Capaz de sacarlo a colación hasta en los momentos menos indicados.

-Siento mi cara pero me ha sorprendido  este cambio de tema. No me malinterpretes me encanta la ciencia ficción y la fantasía, siempre me han gustado estos temas, pero me llama la atención esto tan de repente y más si esto es en lo que te estaba ayudando mi amigo. Si me disculpa la impertinencia, ¿A cuento de qué saca este tema?

-Sí, lo siento. –su gesto también se había transformado en una sonrisa. –igual he bebido más de la cuenta. No tiene nada que ver con su amigo. Es otro trabajo que llevo a la vez, es una idea que siempre me ha gustado, la propia representación de los universos paralelos, la unión entre todos ellos por medio de una escalera.

-Siguiéndote el juego. –llevaban ya el tiempo suficiente como para empezar a llamarse de tu. – ¿Si esa escalera existiera no habría forma de acceder a ella no?

Alex pareció aliviada por poder continuar con la conversación.

-Sí, ya que precisamente, el acceso ocuparía el mismo lugar que la escalera. No tendría principio ni final, el mismo lugar seria tanto la escalera como la entrada. Precisamente por eso representa la idea de los universos, infinitos, superpuestos entre sí, ocupando el mismo espacio tiempo. Entrarías, subirías la escalera solo para acabar en el mismo sitio, solo que  no sería el mismo sitio técnicamente hablando.

La imagen le resultaba atractiva, digna de un libro de hecho.  Miró  la tarjeta que le había tendido al principio de aquella conversación, le gustaba la idea de los distintos universos conectados entre sí por una escalera, lo mismo en uno de esos universos existía un David que hubiera triunfado, que aun tuviera a sus cuatro amigos de la infancia sanos, con sus mujeres e incluso niños.

Esa idea le alegraba al igual que le apenaba. Por desgracia tenía que vivir con los pies en la tierra, no podía soñar en lo imposible.

-Estaré deseando leer su libro con respecto al tema.

-No, quédesela. –Le dijo rechazando la tarjeta que estaba devolviendo. –Tengo más, no se preocupe. Creo que ya va siendo hora de que me vaya. Ha sido un placer conocerle y disculpe la intromisión. –los dos se levantaron para despedirse. -¿Se va a quedar más días por aquí? –ella seguía llamándole de usted.

-No tengo claro aún cuanto tiempo pero estaré  al menos un día más. Aquí me verá todas las noches. Gracias por la compañía, la verdad es que lo necesitaba en un día como hoy.

Justo al desaparecer por las escaleras de entrada al local se dio cuenta de que podía haberle pedido su número de teléfono, de cualquier forma, si ella quería volver a verle sabia donde encontrarle. Hizo un gesto a la camarera pidiendo otra ronda.

Aun tenía muchas penas que ahogar y valentía que conseguir para el día siguiente.

En los altavoces empezaba justo en ese momento a sonar “Muerte ven”, siempre le había gustado aquella canción aunque nunca la había escuchado en un momento más oportuno. Puto “Tahúres zurdos”.


miércoles, 28 de octubre de 2020

UNO (Regreso)

AVISO: este relato fue el manuscrito en el proceso de creacion del libro "Ubi Sunt" Para ver el resultado final postproducción puede comprar el libro en Amazon.



¿Crees en el destino? ¿Crees que las personas nacen por alguna razón en especial? ¿Que sus vidas tienen un objetivo?

Si crees todo eso es que no eres más que un ingenuo que aun no ha vivido lo suficiente como para ver que las cosas ocurren por el simple “porque si”. Y es que el ser humano es un ser cuyo ego solo es superado por su afán de autodestrucción.

Eso es algo que aprendí hace mucho tiempo, pero esta no es mi historia.

¿Que quien soy? Soy una simple narradora, una observadora de historias, una archivista del tiempo que no se mete en los asuntos humanos.

 ¿Mi nombre? Puedes llamarme Ubi, y como he dicho, esta no es mi historia.

Si eres de los que no creen en un destino predefinido este es tu sitio, si por el contrario, eres de los ingenuos, aun tienes tiempo para cambiar.

U.S

 

No era la primera vez que David se despedía de un amigo en esas mismas circunstancias,  no había ido a la misa pero, viendo las cuatro personas que habían ido al cementerio, podía suponer que no se había perdido nada especialmente emotivo.

Iván había sido siempre un capullo que mantenía a sus conocidos lo más lejos posible.

El suelo había quedado embarrado debido a la lluvia que no paraba de caer, durante toda la mañana no había habido ni una sola nube en el cielo pero, nada más cruzar la verja se había oscurecido todo como si de una película en blanco y negro se tratara.

Entre los presentes, no había nadie preparado para aquel cambio de temporal tan repentino, en vez de gabardinas, sombreros y paraguas, ahí solo había cuatro “donnadies”, cinco si contábamos con el cura, calándose por completo y para nada vestidos para la ocasión.

Ahí estaba él, fumándose un cigarrillo mientras la lluvia le caía encima, el cura en ese momento estaba soltando un sermón que suponía que reutilizaría para todos los actos de ese estilo y al que nadie estaba haciendo caso.

Enfrente, se encontraban la novia y el camello del muerto, ambos habían estado presentes en el momento en el que ocurrió la tragedia, lo increíble es que ellos no estuvieran siendo enterrados a la par ese mismo día.

David la saludó con la mirada.

A la novia la había conocido cuando su amigo había empezado a salir con ella, no lograba recordar su nombre, no podía decir que le callera mal, le había resultado más bien indiferente desde el principio, era prácticamente como le habían gustado siempre a Iván, con mucho pecho y poca cabeza, ella ya estaba metida en la heroína mucho antes de que estuvieran juntos por lo que por lo menos, no se podía decir que uno malmetió al otro en aquel mundillo de mierda.

Viéndolo de otra manera, se habían apoyado mutuamente mientras bajaban por esa escalera de autodestrucción, con la diferencia de que uno había alcanzado el final antes que el otro.

Se la veía destrozada, estaba claro que aun estaba con el subidón del chute que se debía haber metido antes de aquello, las gafas de sol le tapaban los ojos pese a no necesitarlas, pero las lagrimas, negras del maquillaje corrido, caían por su mejilla dejando un rastro.

Se había intentado arreglar para la ocasión poniéndose un vestido negro de mangas largas que debía utilizar para salir de fiesta por las noches y que en estos momentos estaba empapado dejando ver las curvas de su cuerpo, los brazos entrecruzados cubriéndose del frio solo aumentaban la sensación de delgadez debida a un claro principio de anorexia o una falta de alimentación preocupante.

A David le sorprendía que aun hubieran seguido juntos después de tanto tiempo, ¿Cuánto había pasado? ¿Cuatro años? Casi se habían convertido en una entrañable pareja de yonquis, hasta que la muerte les separó. David no pudo evitar pensar que no iba a pasar mucho tiempo hasta que se reencontraran de nuevo.

Su acompañante la consolaba echándole el brazo por encima, de él sí que no podía decir que le fuera indiferente, nunca había soportado a ese tío, la mierda que vendía ya se había llevado a tres de sus amigos antes, e Iván ahora era el cuarto, tenía pensado hablar seriamente con él una vez hubiera terminado todo aquello, y no precisamente iba a utilizar palabras.

Era un tío esmirriado con la cabeza rapada que no paraba de sorber por la nariz como si estuviera siempre constipado, le había conocido tiempo atrás cuando aun eran cinco en la pandilla, ahora ya solo quedaba él vivo.

Le habían abierto las puertas de su casa, le habían dejado entrar y él, se había llevado todo mientras dormían dejando cuatro cadáveres con agujas pinchadas en el brazo en el proceso.

Habían creído que era un amigo, luego pasó a ser el que les pasaba el material a precio cliente vip destrozando sus vidas al cambio.

La camisa arrugada se trasparentaba con el agua mostrando una imagen bastante desagradable para el espectador, los pantalones de chándal de color gris oscuro se hacían pasar sin éxito por unos de traje al igual que sus zapatillas negras desgastadas por el uso trataban de hacerse pasar por unos zapatos de vestir.

David no lo soportó más y metió su mano en el bolsillo interior de su chaqueta para sacar la petaca, le dio un trago calmándose en el proceso, para él este era su vicio, nunca había llegado al nivel de sus viejos hermanos, nunca se le había acercado una jeringa al brazo pero no podía decir que estuviera libre de pecado.

Había dejado que ellos lo hicieran, se había callado mientras veía como poco a poco todos se consumían a velocidades agigantadas. Él se había dado al embriagador sabor de la ginebra, había llegado a aceptar su alcoholismo al igual que la muerte prematura de todos los que le rodeaban, había sido su forma de escapar de aquella realidad, bueno, eso y haberse largado lo más lejos posible de aquella ciudad que le generaba tan malos recuerdos.

A la mujer, que formaba el quinto y último miembro de ese grupo de personas conocidas por el difunto, no terminaba de situarla en ninguno de sus círculos.

Destacaba principalmente por ser la única que no destacaba en una escena de funeral como aquella, bien vestida con un vestido negro y una gabardina cerrada, unos zapatos de tacón que debían costar más que todas sus pertenencias juntas, por no hablar de unos pendiente que aparentaban ser de oro macizo.

Era la única que había llegado con el padre y el cadáver, de la misa de despedida, por lo que era de suponer que era la única que había asistido a la iglesia, Iván no tenía familiares vivos, o mejor dicho, sus familiares le habían enterrado mucho tiempo atrás cuando aun este respiraba y no habían querido volver a saber de él. David había sido la única familia que le quedaba hasta que decidió irse a vivir a Granada y alejarse de todo aquel mundillo.

Los dos señores encargados del cementerio, que habían estado separados para no molestar, se acercaron al gesto del cura una vez este hubo acabado el sermón. Cogieron unas cuerdas y empezaron a bajar el féretro lentamente.

-¿Alguien quiere decir algunas palabras?

Todo el mundo se mantuvo callado, nadie tenía nada que decir, todos querían acabar con eso lo antes posible para poder seguir con sus miserables vidas.

La novia y el camello fueron los primeros en darse media vuelta y largarse hacia los coches no sin antes volverse a cruzar las miradas una última vez con David.

David no se movió, dio un trago mas a la petaca mientras veía como bajaban a su amigo y empezaban a echar tierra encima, no sabía quien había pagado todo aquello pero suponía que la mujer de al lado había sido la responsable, de los presentes, era la única con aspecto de poder permitírselo al menos.

Esperaría hasta que todo el proceso acabara y luego buscaría un bar para seguir con la despedida, al día siguiente ya iría a pedir explicaciones al drogata que se acababa de largar, no había prisa, sabia de sobra donde encontrarle.

La mujer que estaba a su lado tampoco hizo por moverse, el silencio lo gobernaba todo mientras veían el trabajo de aquellos hombres bajo la lluvia.

Una vez hubieron acabado, fue el padre quien se acercó a él.

-Mis condolencias. –dijo dándole la mano antes de despedirse. –señora. –la mujer hizo un gesto con la cabeza a modo de agradecimiento. No dijo nada más y los dos se quedaron solos.

El silencio se había vuelto incómodo, ahí estaban los dos mirando una tumba recién ocupada, bajo la oscuridad de una tarde de tormenta, mojados e incómodos, pero sin atreverse a despedirse definitivamente.

-Me da un trago. –la voz de la mujer le sorprendió rompiendo aquella tranquilidad, hablaba bajo, pero no pudo evitar escuchar el extraño acento. Se giró hacia ella y le pasó la petaca, ella la recibió y bebió sin hacer ningún gesto de disgusto en el proceso, no se la devolvió hasta haber pegado varios tragos antes. –Gracias. –dijo dándose media vuelta y yéndose por donde se habían ido los demás.

David bebió una última vez y derramó lo que le quedaba en la tumba de Iván.

-Adiós cabronazo, nos veremos más pronto que tarde.

Se guardó la petaca y cogió las llaves del coche. Había decidido quedarse en un hotel a las afueras de Salamanca, pese a ser de allí no le quedaba nadie con quien quedarse, llevaba demasiado tiempo sin volver a aquellas tierras.

Volvió a mirar a aquella mujer que en esos momentos estaba cogiendo un coche que claramente había alquilado, no sabía quién era pero tampoco se había atrevido a preguntarle por miedo a que le echara en cara algún aspecto de la vida de su amigo, no había sido la primera vez que le habían hecho responsable de las decisiones tomadas por otros y no quería que también le echaran en cara el ser el único del grupo que actualmente seguía respirando.

Entró en el coche, encendió la radio y se quedó un rato en silencio, el reloj marcaba las 19:00, no quería volver a la habitación tan pronto, se encendió otro cigarrillo y se lo tomó tranquilamente sentado en el asiento del conductor.

Una vez hubo acabado arrancó y se dirigió al centro.

 

 

 

El rato en el coche escuchando la radio le sirvió para reflexionar.

Primero había sido Álvaro, luego Borja, Carlos y ahora le había tocado a Iván. Todos habían nacido y vivido la infancia en aquella ciudad, ninguno había tenido ningún problema de niños, no se podía decir que habían tenido una dura juventud, que habían nacido en un barrio humilde o que habían estado metidos en habientes tóxicos desde su niñez.

No, la dura realidad es que todo lo que les había pasado, tanto a ellos como lo que le estaba pasando a él mismo, se lo habían ganado por la fuerza, nunca les había faltado nada en la vida, todos habían nacido en ambientes familiares que podían considerarse normales, el resultado se había debido, exclusivamente, a sus malas decisiones.

Ninguno había sabido apreciarlo hasta que había sido demasiado tarde. O mejor dicho, ninguno había sabido apreciarlo. No les había dado tiempo a arrepentirse, cosa que envidiaba ahora David.

Él seguía vivo, él era el que quedaba, él y nadie más era el que tenía que aprender a vivir con la ausencia de sus cuatro mejores amigos sabiendo que no había hecho nada para evitarlo, que los había abandonado en el momento que más le habían necesitado.

Las calles de aquella ciudad le resultaban demasiado conocidas y a la vez, no era la misma ciudad que había dejado años atrás, ahora se sentía como un completo desconocido, un simple turista, ya no pertenecía a aquel lugar aunque, para ser sinceros, nunca había pertenecido del todo.

Por algo había decidido desaparecer, huir lo más lejos que había podido y su currículum le habían permitido. Nunca había terminado la carrera, no porque no le gustara estudiar sino porque no consideraba que aprendiera nada, hoy en día las facultades estaban repletas de señores que en vez de enseñar se dedicaban a mostrar lo mucho que sabían ellos y lo poco que sabían sus alumnos.

El sistema de educación había quedado reducido a mafias de personas que se ayudaban entre ellos para mantenerse en puestos que no les pertenecían, los profesores se habían convertido en otro tipo de políticos.

David había empezado a estudiar una carrera, se había pasado nueve años en ella soportando a gilipollas que le hacían sentirse como la ultima mierda, había llegado a aprobar todas las asignaturas pero, llegado el momento de hacer el proyecto de fin de carrera, simplemente había dicho basta, se había topado contra un muro que no estaba dispuesto a saltar, y decidió huir a Granada a trabajar.

Los nueve años que se había pasado estudiando y todo lo que había conseguido hasta entonces se vio reducido a no tener un titulo que secundara sus conocimientos. Aceptó un curro de camarero siendo completamente explotado y había vivido desgraciado repitiendo la misma rutina día tras día hasta que recibió la llamada de la policía con las malas noticias.

Después de años sin hablar con él, Iván seguía teniéndolo como primero en las llamadas de emergencias, la policía le contó lo sucedido, cómo se lo habían encontrado en el piso de mala muerte de su novia boca arriba, se había ahogado con sus propios vómitos tras haberse pinchado una última vez, no habían ni siquiera intentado reanimarle.

En el momento que recibió la llamada dejó el trabajo, ya que su jefe no le daba el día libre para ir al entierro pese haber trabajado para él los últimos cuatro años, y volvió a casa después de tanto tiempo.

Había decidido coger un hotel después de mucho pensárselo, la última vez que habló con alguien de su familia fue justo antes de decidir dejar la carrera. Sus padres siempre le habían apoyado económicamente en sus estudios, para ellos de hecho era lo único que importaba, por eso no se lo tomaron bien cuando decidió tirar a la basura esos nueve años de su vida, a decir verdad nadie había entendido su decisión, simplemente no entendían como había sido incapaz de hacer el supuesto último esfuerzo.

Era hijo único por lo que todo el peso de las expectativas de futuro habían recaído en sus hombros y él no había podido soportarlo.

Sus padres nunca entenderían que, pese a quedarle solo un último esfuerzo para convertirse en aquello por lo que había estudiado, ese trabajo para él se había convertido en escalar el Everest con el extra de soportar a cretinos que no paraban de meterle piedras en la mochila.

Simplemente había ocurrido así, y pese a que se arrepentía de muchas cosas, no habría sabido cómo solucionarlo de otro modo. Además, la ginebra ayudaba a mantener la conciencia separada de la realidad y poder sobrellevar todo.

Siguió conduciendo hasta encontrar un sitio donde aparcar y no le cobraran nada, ya sabía a dónde dirigirse, si es que el sitio después de tanto tiempo seguía en pie.

Dejó finalmente el coche en un solar a la otra orilla del rio, desde allí se podía ver la imagen tan conocida del puente romano con las dos catedrales. La ciudad seguía tan preciosa como la había dejado, pensó que no tenía nada que envidiar con otras más conocidas como Paris o Berlín.

Se dio cuenta que habían arreglado la rivera entre muchos otros cambios, esa ciudad desde que la recordaba siempre había estado en obras. Salamanca, en términos generales, seguía siendo la ciudad dorada con sus edificios de piedra arenisca, sus numerosas iglesias y monasterios y su olor a universidad.

Todo el centro estaba peatonalizado con calles de adoquín ahora brillante por la lluvia, en muchos aspectos le recordaba mucho a Granada, por algo había elegido aquella ciudad entre otras muchas, para quedarse a vivir.

Ahora no tenía claro si volvería o cambiaria de aires huyendo a otro lugar, ya nada le ataba, lo mismo le daba un trabajo de mierda en una esquina del país que en otra.

Cruzó el puente romano y se dirigió por la calle de Tente Necio hacia el centro. Siempre le había gustado esa calle estrecha de edificios viejos y con una pendiente fuera de lo normal. No veía a nadie fuera, había dejado de llover pero estaba claro que nadie saldría con ese frio y humedad. Los bares estaban repletos de gente que calentaba sus cuerpos con alcohol. La cuesta le hizo empezar a respirar fuerte dándose cuenta de lo poco en forma que estaba.

La ciudad siempre había sido una ciudad de borrachos, pero nadie se había parado a pensarlo. Prácticamente lo único que se podía hacer en aquel lugar era trabajar y bajarse al bar a pasar la tarde, hoy en día el trabajo había quedado reducido al de la universidad y a los pequeños negocios que se alimentaban de estudiantes y turismo.

Siguió caminando entre charcos y silencio solo roto cuando alguien de algún local salía a fumar a la puerta, tenía que reconocer que echaba de menos todo aquello, había pasado muy malos momentos entre esos edificios, pero también los mejores años de su vida, siempre acompañado de Álvaro, Carlos, Borja e Iván, la gran pandilla.

Cuando estaba llegando al lugar de destino le alegró ver que este aun seguía existiendo. Se paró enfrente, apuró el cigarro hasta casi quemarse los dedos y pasó a través de la puerta bajando las escaleras de lo que él tiempo atrás había considerado su segunda casa.

Volvía estar en el Yelinas, y le alegraba ver que nada había cambiado.


domingo, 18 de octubre de 2020

Sinsentido 25

 


Dos desconocidos, eso es lo que quedó de aquel tiempo.

Ni rencor, ni odio, ni amor, ni recuerdo, solo dos desconocidos.

Dos vidas separadas no distintas a las de cualquier otra,  no destacables, protagonistas de su propio universo bailando entre los infinitos existentes.

Dos vidas con problemas ajenos, alegrías y miedos, futuros inciertos, sueños.

Desgracias y aciertos, malas decisiones aun por tomar y otro tanto de sorpresas que se lleva el viento.

Dos desconocidos separados por experiencias, distancia e inviernos.

Dos desconocidos viviendo la realidad, cansados de falsos cuentos.

miércoles, 17 de junio de 2020

Sobre supuestos Antifas y Fascistas (Parte 2)

El que antes era acusado de machista, simplificando, aligerando y normalizando una acusación de gran seriedad, ahora puede ser tachado también de homófobo, racista o facha con la misma ligereza, como si fuera algo común y no ocurriera nada.

Hemos llegado a un punto en el que se criminaliza el pensamiento, en el que se juzga a las personas por opiniones y creencias particulares, llevándolas hasta el extremo para poder llamarte poco menos que monstruo.

Hemos llegado a un punto en el que creemos que tenemos la verdad absoluta, en el que creemos que tenemos que cambiar la forma de pensar de las personas por el simple hecho de pensar diferente, en el que, si la persona es fiel a sus ideas, es tratada como paria.

Hemos llegado a una sociedad en la que juzgar, se hace con el corazón, con una ausencia plena de empatía y respeto hacia el prójimo, en la que no se discute lo que no se quiere discutir etiquetándolo como verdad absoluta, en la que personas, por una aceptación y deuda inexistentes, se arrodillan ante otras que claman la igualdad de todos.

Hemos llegado a normalizar lo que es una ausencia completa de respeto por el pensamiento individual.

Y eso, 
por más que se mire, 
no puede ser bueno.

miércoles, 10 de junio de 2020

Sobre supuestos Antifas y Fascistas (Parte 1)



Cuando la falsa moralidad se convierte en un dogma, poco más se puede hacer que tratar de no verte arrastrado por él pese a la facilidad y la falsa lógica que ello conlleva.

Las ideologías apoyadas en obviedades de las que nadie puede estar en contra, ya sea igualdad, racismo u otras cosas que parecen que están a la orden del día, son tan peligrosas como cualquier otro fanatismo o religión.

Impedir el poner en duda algo, o incluso el  no estar de acuerdo con ello, hace que dicha falsa moralidad solo sea eso, una forma de sentirnos bien con nosotros mismos poniéndonos por encima de toda razón y criterio.

La famosa frase, mal utilizada hoy en día por ignorantes amantes de los mantras, de ser intolerante hacia el intolerante, no tiene ningún sentido siempre que no se entienda previamente que “intolerante”, no es aquel que opina lo contrario y trata de demostrar su verdad, por errada que esta sea, mediante el raciocinio y la conversación, sino aquel que no sabe otra cosa que usar la fuerza para imponer sus ideas por encima de las del resto.

En este caso da exactamente lo mismo la calidad del discurso, ya que al convertirse en algo impuesto, rompe con toda libertad del ser humano a pensar diferente.

Y eso no puede ser bueno.