martes, 22 de mayo de 2012

Tiempos mejores

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En el aire, un ambiente que reconocería a un quilómetro de distancia, un olor característico que a ninguna otra persona le hubiera resultado especial,  una gran variedad de sonidos que cargaban con recuerdos y deseos de futuro, los colores, el aire, hasta la luz le eran tan familiares como si no se hubiera ido nunca de aquella casa.
Cierto era que ahora el polvo había invadido cada rincón de aquel lugar, y que cada una de las puertas que abría se quejaban con un chirrido ensordecedor, pero eso no significaba nada para él, si su vista no le permitía ver, el resto de sus sentidos, junto con los recuerdos, la remplazarían.
Los pocos muebles que habían quedado allí abandonados estaban ahora cubiertos con grandes lonas grises debido a la suciedad, y las cortinas no eran más que telas deshilachadas colgando de las paredes.
 Pero para él seguían siendo las mismas butacas donde se solía sentar después de cenar, y el hermoso terciopelo que le quitaba del sol por las tardes.
Dio un paso haciendo crujir el parqué arañado y despegado del suelo. No pudo evitar sonreír pensando en el disgusto que se hubiera llevado su mujer al verlo en esas condiciones. Se fijó más adelante en que la marca de la estufa en la madera no había cambiado durante todos esos años, y su sonrisa aumentó al recordar la regañina que había recibido en esa situación.
Continuó andando a través de la casa fijándose solo en los desperfectos que reconocía de tiempos pasados, y dejando de lado aquellos que se habían producido por el abandono y el paso de los años.
Llegó a la parte trasera donde antes había estado el jardín y donde ahora solo quedaba una selva de matorrales y malas hierbas.  Cerró los ojos y rememoró las largas horas allí pasadas tomando el té mientras sus hijos correteaban y jugaban con el balón, y su mujer, en una esquina, cuidaba de las hortensias.
Sin querer una lágrima se deslizó por su mejilla dando a parar a sus labios. De todo aquello ya solo quedaban esa casa y él, y por lo que parecía, ambos habían envejecido a la misma velocidad a lo largo del tiempo.

1 comentario:

  1. Destaco, por encima de cualquier otra cosa del texto, la capacidad para trasladar al lector a la escena,amigo. No es sencillo, y casi he podido oler el paisaje y la casa.
    Recuerdos, nostalgia...todo ello tiene olor, sonido...color?
    Buen texto, Rendan; un abrazo.

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