
Tenía amigos, pero cuando estaba con ellos se sentía como un
espía más que como alguien del grupo.
Las mujeres no lo miraban, ninguna de ellas se fijaba en
aquel hombre transparente que no quería más que sentirse realmente apreciado
por alguien.
No entendía su situación, pero sabía que ahí estaba, no veía
nada malo en sí mismo, o mejor dicho, no veía en él nada diferente al resto de
personas pero aun así, algo tenía que pasar.
Si se ponía enfrente
del espejo, la gente no veía más que el reflejo de la habitación en vez de la
carne y huesos de su cuerpo, él en cambio, si se veía tal cual era.
El hombre invisible se sentía solo, y a consecuencia de
esto, no lograba sentirse cómodo dentro de ningún entorno. Si iba con sus
amigos, estos solo le recordaban su estado de transparencia, y si iba a algún
lugar por su cuenta, bueno, eso afirmaba sus sospechas.
Todo parecía oscuro en la vida del hombre invisible, nadie
salvo él valoraba tanto la compañía y poca gente además de él, vivía con ese
desagradable sentimiento de no tenerla realmente. Aun así, ya fuera por su
naturaleza humana o simplemente porque no le quedaba otra, no podía evitar
soñar en que allí, en aquel mundo que compartía con millones de personas, hubiera una mujer que pudiera ver lo invisible, alguien con quien encajar a la
perfección y poderse sentir así, solos, juntos.