viernes, 9 de enero de 2015

Lo que pasa en Las Vegas no se queda en Las Vegas


Dakota había llegado a Las Vegas, casi ni se lo podía creer, era la primera vez que salía de su país y allí estaba, nada menos que en Las Vegas.

Se olvidó de todo lo que le rodeaba en su vida y decidió disfrutar al máximo. Iba a ser una experiencia única en la vida.

Bebió tanto que perdió la cuenta, bailó hasta caer rendida, apostó en los casinos sin demasiada fortuna.

¡Estaba en Las Vegas!

Fue a varias fiestas nunca antes vistas, conoció gente nueva, era ella y aquella ciudad, nadie más existía, era feliz.

También hubo un chico, no podía faltar, la experiencia tenía que ser plena.

Disfrutó como nunca antes, la mejor noche de su vida, el mejor fin de semana de su vida, uno que nunca olvidaría.

Volvió a casa y ya no era lo mismo, su vida había cambiado de golpe.

Su pareja de aquel momento dejó de serlo. Ya lo había dejado de ser aquel fin de semana, había que ser demasiado falso después de esa pausa de la que el chico no había estado enterado. Después de ese fin de semana de soltería en el extranjero.

Sus amigos ya tampoco eran suficiente, su vida ya había dejado de valerle como tal, simplemente quería más.

Esos dos días en Las Vegas le habían valido tanto como para tirar el resto a la basura, como para no pensar en las consecuencias.

Se olvidó de que en el mundo había más gente a parte de ella misma.

Paso a pensar en ella y solo en ella, todo lo malo era culpa del resto, sus actos no tenían nada que ver. Se escudó en antiguos amigos, con los que había tenido alguna historia, y en líos de una o varias noches. Sabía que el género masculino no puede decir que no a un cuerpo bonito y a una chica fácil.

Chicos no le faltaron en ningún momento.

De su antigua pareja no volvió a saber, simplemente la consideró un fracaso más y pasó de largo.

El sexo, lo más importante después de la carrera.

Envejeció y se dio cuenta con los años que el disfrutar no lo era todo. Encontró a alguien con quien quedarse el resto de su vida, se casó, tuvo hijos y un trabajo que se le daba bien.

Recordaba las Vegas y todo lo que esa ciudad había conllevado. ¿Habría sido distinta su vida de haberse comportado aquella noche de otra forma?

Siguió viajando pero esta vez siendo consciente de su marido, sabiendo que esa relación era válida las 24h del día todos los días sin excepción.

¿Qué habría sido de aquel chico del que no había vuelto a saber?

No se arrepentía de nada, su vida había sido plena, sus exnovios numerosos (y olvidados) y sus experiencias “placenteras”.

Había sido feliz, había pisoteado todo cuanto necesitaba pisotear para conseguir sus objetivos, y había asentado la cabeza no dándole importancia a lo ocurrido a su alrededor.

Tenía cuanto quería.

Era feliz.




1 comentario:

  1. Conocer caminos para llegar a un destino.

    Un abrazo, amigo Rendan

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