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Iglesia de San Martin de Tours (Salamanca) |
La palabra cultura se ha convertido a día de hoy en el comodín para defender cualquier cosa. Ha pasado a ser una palabra con un poder propio inmenso. Una palabra con un significado variable e incoherente que cierra cualquier discusión.
Seamos sinceros. La cultura tiene todo el valor que
los interesados le quieran dar. Interesados que por otra parte tienen motivos
económicos o ideológicos a sus espaldas. Pero en realidad no vale nada.
Ni los idiomas, ni las costumbres, ni el cine, ni el
arte… valen nada. Son herramientas de expresión y como tal tienen un uso que,
si se pierde por el motivo que sea, pasan a convertirse en un arma. Pasan a ser
un medio para hacer daño a personas pertenecientes a determinados colectivos,
regiones, naciones… pasan a ser panfletos de ideologías y control de masas
alienadas que creen tener pensamientos propios.
Si la llamada cultura es usada de tal manera no
debería de existir.
-¡Pero es cultura! –dirán.
-Perdón. Es cierto. Entonces no hay más de qué
hablar.
U.S